Los últimos domadores de yuntas

24 11 2006

* Publicado en Lanza digital del 24 de noviembre de 2006

FONTANAREJO

Los últimos domadores de yuntas

El fontanarejeño Abraham Martín, que tiene una yunta de bueyes recién domados, participa hoy en Brazatortas en el encuentro sobre la raza berrenda

M.F. / fontanarejo
Van quedando cada vez menos. Ellos saben que derrochan la virtud de la paciencia, que son la fuente de una tradición milenaria como la de los yunteros y que atesoran la sabiduría de quien conoce a fondo la técnica para conseguir que un animal cerril y áspero termine dócil y sometido a la voluntad del hombre. Son los últimos domadores, un oficio de románticos y, sobre todo, de supervivientes de una época en la que, con la llegada del motor, los campos de la provincia se poblaron de maquinaria que se llevó por delante las tradicionales yuntas con sus carretas y sus arados.
En Fontanarejo de los Montes, un municipio en el que en los años sesenta había más de cien yuntas de bueyes, vacas y mulas, pervive aún encendida la llama de la entrañable doma merced al tesón y al esfuerzo puesto en marcha por Abrahan Martín Pavón, que apostó por mantener viva esta costumbre en su pueblo en el que ha llevado a cabo la última doma de una yunta de bueyes que unce, de vez en cuando, al carro y al arado. Abraham participa hoy en una jornada, que se celebrará en Brazatortas, a la que ha sido invitado para hablar precisamente de la doma. Se trata de un encuentro en defensa de la denominada berrenda negra, una raza bovina autóctona muy utilizada en los trabajos agrícolas y que, a este paso, pronto estará en peligro de extinción.

No es fácil
Domar una yunta no es una tarea fácil. Nunca lo ha sido y menos ahora en estos tiempos que corren de prisas, motores y rentabilidad. Sin embargo el viejo oficio de yuntero permanece vivo en pueblos de nuestra geografía provincial en los que, aún hoy, podemos ver a alguno de nuestros paisanos dedicados a meter en vereda a un par de añojos o a un par de utreros. Así lo ha hecho Abraham Martín, en Fontanarejo, tras adquirir un par de ejemplares que han acabado dóciles y mansos tirando de una carretera y perpetuando una estampa tan enraizada en los pueblos monteños.
“A mi siempre me ha gustado el ganado vacuno y por ello me decidí a comprar dos añojos con el fin de domarlos y, de esta manera, poderlos uncir al carro y al arado”, comenta Abrahan mientras explica a Lanza los pormenores y técnicas para lograr que, finalmente, los animales acepten de buen grado meter la cabeza bajo el yugo. “La clave está en encontrar lo que en el argot se conoce como una buena ‘madrina”. Se trata de un buey o una vaca ya domado y con mucha experiencia que, por sus aptitudes y docilidad, hace de guía y de contrapeso con el añojo o utrero que se unce, por primera vez, junto a él. En mi caso traje de una finca un toro cárdeno que dio muy buen resultado. Será esa madrina, que obedece perfectamente a la voz de domador, quien ejerza de monitor frente a los arranques en bruto o las salidas broncas del joven animal al que se está domando.
Hay que evitar accidentes y tener en cuenta que, en muchas ocasiones, el añojo trata de salir corriendo despavorido al verse atado por los cuernos al yugo. Y ahí, en ese instante, es cuando el viejo toro, buey o vaca ejercen su oficio tratando de retener al neófito y llevarlo poco a poco por el buen camino a la voz o al grito del yuntero que los dirige”.
Las cercas y campos de Fontanarejo, antaño sembrados de yuntas en sus besanas, fueron testigos de esta última doma llevada a cabo por Abraham, con la inestimable ayuda de Gregorio García Domínguez, un fontanarejeño que aún hoy mantiene una yunta de mulas y que ha logrado a lo largo de su vida numerosas domas de animales.
Gregorio y Abraham madrugaron durante muchos días para lograr, desde primeras horas, que la tarea fuera progresando poco a poco. Primero fue el cercarse a los añojos, acariciarles el testuz, arrascarles la frente e ir, en definitiva, logrando la confianza del animal.

Cogerles por los cuernos
Después vino el momento de cogerles por los cuernos y acercarles a la gamella. Ponerles el yugo y, con mucho tacto, ir unciéndoles pausadamente hasta amarrarles fuertemente al artilugio. “Toda esta tarea hay que realizarla con mucha paciencia y sin prisas porque el animal a domar es joven y, de buenas a primeras, se encuentra raro y, encima, atado. Al cabo de un mes o de un mes y medio, el animal ya estará listo para tirar de un carro o de un arado, aunque la tarea de perfeccionamiento no estará lista hasta pasados dos años o más. “Me refiero -comenta Abraham-, a ese momento en el que la yunta responde a la voz del gañán o del carretero que potencia la movilidad con su voz a la hora de subir una cuesta, del atasco de una rueda o de un giroi. Hay momentos en que los yo diría que los animales se sienten hasta orgullosos y altivos realizar esas maniobras que los enaltece”.
Martín contará hoy en Brazatortas su experiencia en la doma.


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