LA AVIONETA, EL CURA Y LOS BUEYES DEL TÍO CRISTINO

16 12 2006

Contado por Teobaldo Fernández Arias

Texto de Baldomero Arias Muñoz

Diciembre de 2006

No sabes ningún caso, de esos que se recuerdan-, le dije a Teobaldo un día en la “Peña”. -Seguro que algo sabrá, pues no es de los que tienen mala memoria- contestó Florisio al tiempo que partía unas chuletas adobadas, especialmente preparadas para la peña. Bueno, mirar a ver que os parece esto contestó.

-En una ocasión cayó una avioneta en el campo de Alcoba, en las rañas, y como era de esperar fue por allí a verla todo el pueblo y el cura el primero-, paró su relato para tomar un pico y un trago de cerveza. -En aquellos años cualquier cosa que pasara servía para romper la monotonía de la tranquila vida que, día a día, había por estos pueblos-, siguió relatando … a lo que Florisio contestó –pincha y bebe que te quedas a verlas venir-.
Teobaldo volvió a pinchar y a tomar otro trago. –Tener en cuenta que tanto en Alcoba como en todos estos pueblos no se veía más que cabras y mulas, vacas y borricos, yuntas de labranza, campo y más campo, por eso no es de extrañar la expectación que tuvo la caída de la avioneta, ni tampoco que el cura no se quisiera perder el caso-, dijo Teobaldo, al tiempo que el resto de la peña asentaba con la cabeza en indicación de conformidad con lo que escuchaban.

-Pues bien, pasado un tiempo, la Guardia Civil ya había identificado tanto a la avioneta como al piloto y éste ya recuperado del susto, hubo que pensar en sacar al aparato de
donde se encontraba-,
siguió contando ahora bajo la atención de toda la peña. –La gente no se movía de allí, ¡cualquiera se perdía lo que pudiera pasar!. El alcalde puso en marcha al gentío para que empujaran al aparato, pero que si quieres-, paró de nuevo su relato para tomar un pincho.

-Viendo que la gente no podía, decidieron llamar al tío Cristino que tenía buena yunta de bueyes para a ver si entre todos se podía sacar a la avioneta-, siguió contando ahora sonriendo como si ya tuviera en mente el desenlace.
–Llegó el tío Cristino, muy decidido, y enganchó la yunta de bueyes a la avioneta y comenzó a expoliar a los bueyes para que tiraran: ¡vamos, vamos, tirad, tirad!. ¡Pero bueno que os pasa hoy!, … será posible! Si no lo veo, no lo creo!-
paró su relato para atender al camarero que nos ofrecía otra cerveza.

-Ya viendo que esta forma de dirigirse a los bueyes tampoco daba resultado, el tío Cristino decidió decir a la gente, entre los que se encontraba el cura, que se retiraran un poco, que los bueyes estaban como asustados de ver tantas personas y no podían trabajar adecuadamente-, prosiguió Teobaldo.

–Una vez la gente, incluido el cura, estaban a distancia y aprovechando el murmullo para que el párroco no oyera, el tío Cristino colocó a los bueyes y enganchó una maroma desde el ubio hasta la avioneta, se puso detrás del buey más tranquilote y sacando una voz fuerte y ruda cargó contra los bueyes .. ¡¡ me cago en dióóóssssssss!!, les decía, ¡¡¡¡me cago en la hostiáááááááá!!!!, y otros muchos tacos más de aquellos de la época. El resultado es que la avioneta comenzó a moverse como por arte de magia, salió de donde se encontraba de un fuerte tirón que dieron lo bueyes y todos los que allí se encontraban se quedaron admirados, sin que pareciera que se hubieran enterado, digamos, de las consignas que el tío Cristino había lanzado a su yunta de bueyes-, já, já, sonreía Teobaldo, al tiempo que también la peña se reía en señal de que había comprendido y escuchado el caso, de pe a pa.


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