A LAS ESCOPETAS LAS CARGA EL DIABLO

16 01 2007

Escrito por Baldomero Arias Muñoz

A LAS ESCOPETAS LAS CARGA EL DIABLO

-Cuentan que una vez salió un tiro por el rabo de una escoba-decía el tío Pedro (Fidela), hombre sensato y de ideas bastante avanzadas, al menos, en la época que yo tuve la suerte de conocerle.Aún le recuerdo sentado en el umbral del pajar del tío Alejandro, situado enfrente de la puerta de su casa, en la calle Empedrada de Fontanarejo. Creo que la frase explica el peligro que puede encerrar el manejo de las armas, aún en manos del más esperto. Y para que ustedes se convenzan de lo dicho les voy a contar unos pocos de casos de los muchos ocurridos, seguramente, en Fontanarejo yEl Alcornocal donde la suerte, unas veces buena y otras veces mala, fue fundamental en el desenlace de los hechos.

EL CASO DEL COLLADO DE LA BECEA

(caso vivido por Baldomero (Modesta)

-Un día nos encontrábamos los cazadores de Fontanarejo en el collado de la Becea, lugar situado entre El Alcornocal y nuestro pueblo. Era un paraje bastante frecuentado por los cazadores pues desde él organizábamos las batidas tanto al ciervo como al jabalí – me contaba mi padre, mientras tomábamos un café.

-Pasóque los perros se enzarzaron en una sonada gresca unos con otros. Tanto era el lío quetenían formado que el tío Julio (Juliato), se dispuso a separar los perros, en prevención de que pudieran herirse unos a otros –siguió diciendo. –El tío Julio cogió la escopeta, una mano en los cañones a la altura del guardamanos y otra mano en el cuello de la culata y comenzó a culatazos contra los perros-me decía al tiempo que tomaba aire para respirar.

-Pues bien, no había dado a los perros ni lost res primeros culatazos cuando¡buúnnnn!¡buúnnnnn!se había disparado la escopeta, con la suerte de que el tiros alió al aire- acabó diciendo al tiempo que se echaba la mano a la cabeza.

En este caso los tiros, por suerte, salieron hacia arriba por lo que las consecuencias del caso pueden ser resumidas en un gran susto que se llevaron todos los cazadores que allí se encontraban.

EL CASO DE LAS PEÑUELAS

(caso vivido por Baldomero (Modesta)

-Otro día, en término de El Alcornocal,íbamos el tío Quintín, Rufo que después acabaría de guarda en el coto “Las Arripas” y yo a ponernos de espera en el paraje llamado Las Peñuelas, entre El Alcornocal, Las Arripas y el Casarejo- me contaba mientras preparaba unas tapillas de jamón.

–Llegó un momento que entramos en una zona en que se veían algunas reses y comenzamos a subir una trocha arriba. Decidimos cargar las escopetas porque … ¡estaría bueno que fuéramos de caza, nos saliera una res y no la pudiéramos tirar por llevar las escopetas descargadas!-, me dijo sonriendo, mientras cargaba la estufa de leña. –Quintín y Rufo cargaron las escopetas y siguieron andando trocha arriba; yo me reparé para cargar la mía. La metí dos cartuchos de postas y me giré a un lado para cerrarla-,siguió contándome, ahora un tanto nervioso.

–Cualfue mi sorpresa que al cerrar laescopeta¡buuúnnnmmmm!¡buuúnnnnmmmm!salieron los dos tiros a la vez. Todos nos dimos un susto de muerte-,terminó diciéndome.

En este caso, los tiros salieron también al aire, pero no por suerte sino de manera intencionada puesto que elcazador se había girado previamente al cargar la escopeta. A pesar de todo, el susto para los allí presentes debió ser monumental.

EL CASO DE MARTÍN

(caso vivido por Modesta (Baldomero)

-Te voy a contar un caso que yo sé. Ocurrió antes de la guerra. Yo tendría cinco años-, vale, pues adelante contesté. –Cuando los abuelos, Quintín y Celedonia, compraron El Alcornocal, en un primer lugar se establecieron junto a otros vecinos, en el paraje llamado El Roblaillo –contaba mi madre con buena memoria.

–Era una zona bastante salvaje lleno de conejos, liebres, perdices y también ciervos y jabalíes. En El Roblaillo habitaba también un señor que vivía de la caza, lo llamaban el tío “Faenas”, su nombre verdadero no lo oí nunca-,me dijo, haciendo un alto en su relato como disculpándose por llamar Faenas aquel cazador. –Contaban que tenía la mala costumbre de apoyar el cañón de la escopeta sobre su sobaco mientras liaba el cigarro y le daba igual que estuviera cargada o no-, siguió contándome con la cara un tanto desencajada.

–Puesbien, un día me dijo la abuela Celedonia que íbamos a un recado sin que yo sospechara de lo que se trataba.Cuando llegamos al lugar vi a un señor muerto y arropado de pies a cabeza con un capote, pero no sé por qué motivo tenía destapado el costado y el hombro, zona en la que había recibido un tiro. Era el tío Faenas que se le había disparado la escopeta y había muerto- terminó diciéndome.

Había ocurrido lo peor, este buen hombre y buen cazador se había olvidado de que la escopeta estaba cargada, pero la carga mortífera no se había olvidado de él. La suerte en esta ocasión no estuvo de su parte.

ANTONIO,ANGELILLO Y LA MIELRA

(caso vivido por Antonio Muñoz (melenas)

En otra ocasión me contaban mi primo Antonio y el Angelillo un caso difícil de creer si no fuera porque quien lo cuenta y quien lo pasó son la misma persona.

–Solíamoss alir al campo con las escopetillas de aire comprimido a pasar el rato. Disparábamos a todo lo que se movía- me contaba. –Puesp asó que nos paramos a la sombra de un quejigo el Angelillo y yo, en el paraje llamado la Plata, en El Alcornocal y allí nos sentamos junto al tronco –me decía Antonio, mientras quemaba un cigarrillo.

–Daba la casualidad que íbamos de pájaros y había una Mielra en las ramas del quejigo, sobre nuestras cabezas, sin que por ello la hiciéramos el menor caso-,seguía relatándome.-seguro que estabais pensando en descansar y dormir más que en la Mielra que os rondaba-,le conteste sonriendo.

-Según estábamos sentados medio jugando con las armas, dio la casualidad que se disparó mi escopetilla saliendo el tiro por entre las ramas del quejigo … y casi al instante cayó la Mielra que minutos antes rondaba entre ellas- me decía Antonio como si todavía le extrañara el caso. A lo que yo les contesté –toma,anda, bebe un trago y móntate otra-.–Que nos caigamos aquí de repente y no volvamos a levantarnos –contestaron los dos a la vez.

En este caso se trataba de un pájaro por lo que la importancia está en que la casualidad igual que fue para el pájaro podía haber sido para una persona. Las escopetas las gastan así.

LA BURRA EN HUERTOMALO

(caso vivido por Baldomero (Modesta))

Otro caso es el ocurrido a Baldomero, mi padre, buen agricultor y buen cazador toda su vida.

–Había ido a preparar la huerta, en el paraje de Huertomalo, para después poner la hortaliza- me decía como si aquello hubiera pasado el día anterior. –Total que me llevé la escopeta, como siempre hacía, y cuando terminó el día, ya por la tarde cogí la borrica y me fui al rececho de los conejos –me contaba, mientras se comía una figurita de mazapán.

–La puse la albarda y me subí en ella. Cogí la escopeta, puse los cartuchos en la recámara,cerré el arma y situé la escopeta tumbada sobre mi brazo izquierdo en espera de que se arrancaraalgúnconejo- me decía indicándome con la mano el lugar. Pues, ¡es verdad!, esa era la posición que solía mi padre adoptar con la escopeta: el guardamanos sobre el brazo izquierdo y cogida por el cuello de la culata con la mano derecha.

–Caminaba subido en la burra, a la altura de la charca de arriba que da agua a unas pocas huertas, cuando de repente la borrica resbaló de las cuatro patas y cayó alsuelo todo lo larga que era. Al mismo tiempo, yo salí rodando por un lado y la escopeta salió rodando por otro.Fue tocar la escopeta en el suelo cuando¡buuuúnnnnn!¡buuúnnnmmm!salieron los dos tiros – terminó diciendo mi padre.

En estos casos,casi siempre el cazador tiende a tirar la escopeta hacia arriba y lejos, pero no por eso la escopeta cae como se quiere. Es la suerte, o probablemente el destino, el que determinal as consecuencias posteriores.

EL CASO DE LA MIMBRERA

(caso vivido por Baldomero (junior)

Corría el año 1979 y había llegado al pueblo con permiso, pues me encontraba haciendo el servicio militar. Era un domingo de otoño, de estos domingos tranquilos y con poca gente en los bares de Fontanarejo. Mi hermano Gerardo y yo habíamos salido de copas.

–Parece que hoy tenemos poco ambiente- dije a Gerardo mientras miraba la televisión del salón de Cele. –Bueno, qué podemos esperar en un día como hoy; pero si te parece podemos ir a dar una vuelta por ahí, puede que veamos alguna liebre –contestó. Decidimos coger el tractor, que lo teníamos preparado sin cabina, y lo llevaría Gerardo, y la escopeta de perrillos, que el tío Trinis había regalado a mi hermano, que la llevaría yo. Me pasé por mi casa, cogí la escopeta y cuatro cartuchos que había por ahí.

Subimos al tractor y fuimos camino de las Pilas abajo, hacia el Puente. Lo pasamos dirección a Cañá Mojá, sin que viéramos liebre alguna. Cruzamos, también, los Carrascos y llegamos al corral del tío Justino, junto al arroyo de la Mimbrera.–Tengo ganas de hacer algún disparo y, sin embargo, no se ven ni Gachápagos-dije a mi hermano. –Pues como no cambie la cosa no te estrenas –me contestó él en voz baja.

Nada más cruzar el arroyo de la Mimbrera, ya en el llano, vi a lo lejos algo que brillaba y se apagaba,… brillaba y se apagaba, digamos intermitentemente, y pensé que aquello era una pieza a abatir. –Mira,parece que allí tenemos una liebre, o un zorro, o un perro quizás, pues veo bulto…, no sé que es, pero allí hay un animal –dije a Gerardo indicando con mi dedo la dirección donde se encontraba. A lo que él mecontestó, -todavía está bastante lejos-. Preparé la escopeta, comprobé que los cartuchos estaban en su sitio y, sin quitar el seguro, puse mi mano sobre los perrillos de la escopeta. –Bueno, ya estoy preparado –dije, mientras que poco a poco el tractor avanzaba hacía el trofeo.

Cada vez nos encontrábamos más cerca y el animal no se levantaba. –Veo como un bulto pero no se mueve nada, no se mueve nada…-le decía yo a mi hermano, como pidiendo una explicación al raro comportamiento de aquella cosa. Pero…yo lo tenía muy claro, siempre lo he tenido súper claro, -si no se mueve no tiro al animal hasta que no le vea las orejas-pensé yo para mis adentros.

Cuando nos faltaba a penas veinte metros y cuando el disparo era ya inminente, se levanta, de repente,una persona, tirando el capote por los aires y diciendo ¡¡no dispares que soy yo!!!,¡¡¡no dispares que soy yo!!!al tiempo que agitaba por el aire las manos.Me quedé anegado y sin palabras para explicar a mi hermano lo que en aquellos momentos pasó por mi cabeza.

Se trataba de un cabrero de Fontanarejo, cuyo nombre no recuerdo, que se había sentado al lado del camino en espera de que llegaran las primeras luces del día. Estaba arropado con uncapote para abrigarse del frío, de ahí el bulto extraño y con un cigarrillo al que daba caladas de vez en cuando, de ahí que pareciera los ojos de un animal cuando se abren y se cierran en la noche.

Hoy día, aún se me ruboriza la piel cuando pienso en aquel caso. Creo que aquello fue una trampa que el destino me tenía preparada, sólo faltó que mi dedo apretara el gatillo de la escopeta para que el desenlace se consumara. Pero esto no llegó a pasar gracias a la precaución que tuve. No había hecho más que aplicar lo aprendido de los viejos cazadores de Fontanarejo y muy en especial de mi padre.

Como ven ustedes por estos casos y los muchos que pueden haber ocurrido, al tío Pedro(Fidela) no le faltaba la razón cuando decía aquello de “cuentan que una vez salió un tiro por el rabo de una escoba” y es que todos los cazadores mayores de nuestro pueblo, el tío Constante (cuatrojos), el tío Magdaleno, el tío Trinis, el tío Eusebio (costuras), el tío Paco (monedas), el tío Alejandro, el tío Baldomero(cañones), y otros, sabían que a las escopetas las cargaba el diablo y actuaban en consecuencia.

Yo mismo puedo asegurar que durante los años que cacé con ellos, desde los ocho hasta los quince, jamás tuve ocasión de ver una mala postura de la escopeta en sus manos, ni que ninguno de ellos bajara la guardia ante el peligro que supone el manejo de las armas.

Baldomero AriasMuñoz

(enero 2007)


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