Otra de Baldomero

28 03 2007

UN VIEJO CARTUCHO Y EL CHOLRITO

Aquel mismo día en que mi primo Antonio y el Angelillo me contaron lo de la Mielra, de seguido, yo les conté un caso que me ocurrió. Y que comienza así ….

-Estaba pasando unos días de vacaciones en Fontanarejo, pues había llegado de Salamanca donde me encontraba haciendo el servicio militar. Habíamos ido mi padre, Gerardo y yo a por un remolque de leña a la finca El Torilejo en el término de Navalpino. No era un remolque grande por lo que decidimos regresar por el camino de Guadiana, la raña de Fontanarejo arriba- comencé diciendo.

-Traíamos el sol de espaldas, pues era por la tarde, y a la altura del paraje Pozo de La Viciosa, dirección Arroba, me pareció ver a lo lejos un pájaro posado en el suelo. A decir por mi padre se trataba de un cholrito- les seguía contando, mientras ellos encendían un cigarrillo.

-Conforme íbamos acercándonos a la altura del animal, observé que estaba bastante largo, por lo menos debía haber setenta u ochenta metros. Pensé que a esa distancia sería una tontería tirar con plomos, sería poco menos que desperdiciar un cartucho- seguía contando mientras ellos fumaban buenas caladas de sus respectivos cigarrillos.

-Así que pregunté a mi padre si tenía por ahí un cartucho viejo que no sirviera mucho. Mi padre sacó uno que estaba como torcido, como machacado, renegro y sin dibujos. Al cartón duro le faltaban algunas capas, vamos que estaba poco menos que en las últimas. Aquel cartucho tenía toda la pinta de haber rodado por las alforjas más de una vez, cuando no de haber estado perdido por ahí en alguna espera y haber sido encontrado de nuevo- Antonio y el Angelillo se echaron a reír y casi al mismo tiempo me dijeron –como va a llevar tu padre ese cartucho, si no le gustan las esperas, ya habrá sido una casualidad-.

-Cogí el cartucho que mi padre me dio y lo mordí: pronto comprendí que se trataba de un cartucho de postas, viejo y reseco. Lo metí en el cañón de la escopeta y pedí a Gerardo que parara el tractor. Encañoné con la escopeta al pájaro. Mientras lo apuntaba pensé que a esa distancia tan grande tenía que apuntar por encima de la cabeza del ave, pues la munición tendería a caer hacia abajo y de esa manera iría a parar al cuerpo del cholrito– les decía mientras ellos prestaban atención.

-Una vez tuve apuntado al cholrito dos cuartas por encima de su cabeza apreté el gatillo de la escopeta, viendo a los pocos segundos que el pájaro se desplomaba al suelo. Nos quedamos de piedra …¡ha caído!- exclamé con alegría mirando a mi padre y a mi hermano. –Ya has tenido suerte- contestó mi padre, todo incrédulo por lo que estaba viendo.

-Bajé del tractor y mientras me dirigía al pájaro que yacía en el suelo muerto, fui contando los pasos que iba dando. Llegado al animal pude sumar ciento cuatro pasos largos, lo que bien puede equivaler a más de cien metros- terminé diciendo a el Angelillo y Antonio.

–Bueno no está mal, pero este caso no es nada comparado con el de la Mielra- me contestaron, a lo que yo respondí -no, no, claro que no, el caso de la Mielra es único-.

Baldomero Arias Muñoz


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: