El olor a romero impregna Fontanarejo

3 05 2007

http://www.eldiadeciudadreal.com/noticia.php/1811– FONTANAREJO –

Las Luminarias ardieron el lunes por la noche según manda la tradición

El intenso olor a romero impregnó el municipio de Fontanarejo con la quema de Las Luminarias, una tradición heredada de padres a hijos que consiste en la quema por parte de los vecinos de cientos de haces de plantas de romero recién cortado a las puertas de su casa.

La quema conjunta del romero que horas antes había sido recogido de los montes cercanos, cuando caía la tarde y la campana de la iglesia tocaba, provocó el lunes, como cada 30 de abril, que este municipio quedara envuelto en una gran nube de humo aromático conformando una estampa única en la comarca de Los Montes.

Las Luminarias, cuyos orígenes no están documentados pero algunos testimonios orales recogidos remontan a la Edad Media, se convierte en una de las tradiciones más ancestrales y singulares de la provincia de Ciudad Real.

Blasa Castillo García, una mujer de 85 años, explicó que el inicio de esta costumbre estaría en un momento en el que los vecinos decidieron hacer frente a una epidemia de peste que afectó al municipio en la Edad Media quemando romero para aprovechar sus efectos purificadores. Esta fontanarejeña comentó, con una espléndida lucidez, que la quema de romero tiene efectos higiénicos y de ahí que decidieran hacerlo arder para “desinfectar el pueblo”.

Así recordó como “cuando vivía mi madre Cándida y mi padre Benito abrían la puerta de la casa para que el humo entrara en ella, algo que, ahora, algunos vecinos lo siguen haciendo como antaño para que sus casas se limpien”. Blasa dijo sobre el origen de esta tradición que otras personas argumentan que Las Luminarias arden en honor a San Felipe y San Santiago, los patrones del pueblo, cuya fiesta se celebró ayer.

Las Luminarias están llenas de detalles singulares como la que protagonizan los más jóvenes del pueblo, quienes armados con largos palos tratan de dispersar las lumbres mientras arden.

Blasa Castillo explicó que “los palos son para desparramar las lumbres”, los jóvenes tienen esa costumbre y, mientras, quien ha hecho una luminaria evita a toda costa que esto ocurra. La tradición está tan arraigada que es hoy en día una de las pocas fiestas populares que existen en la región en que su celebración y organización está en manos de los vecinos y la intervención pública no existe.

La octogenaria era tajante al expresar su deseo de que este rito no se pierda: “En vida de mis padres ya lo hacían ellos, cuando yo me casé lo comenzamos a hacer mi marido y yo, desde que él murió lo hago yo, y, mientras Dios me dé salud, lo seguiré haciendo”.


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