¿Educación para la hipocresía?

26 06 2007

[Rafael González Jiménez]

Lanza digital

http://www.lanzadigital.com/diariolanza/pb/periodico/periodicodetalle.asp?REG=9580&sec=OPINION

No sé. Tal vez las condiciones climatológicas de esta atípica primavera nuestra estén haciendo estragos en la capacidad de raciocinio de algunos. O tal vez sea que yo no entiendo nada, que estoy cada día más tonto y más gagá. Leo y releo el programa de la famosa y conflictiva asignatura (en realidad son dos: “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, a impartir en alguno de los dos niveles del tercer ciclo de Primaria y en alguno de los tres primeros cursos de la ESO; y “Educación Ético-Cívica”, que se daría en 4º de Secundaria) y no soy capaz de encontrar las causas del monumental broncazo que se ha montado al respecto. Si a uno –con un cierto espíritu masoquista, eso sí- le da por escuchar un rato la emisora de los obispos, le parecerá estar en los prolegómenos de un nuevo 36, con todos los cirios pascuales en pie de santa cruzada (¡otra más!).
Repito que he leído los programas -por cierto elaborados en parte por profesores declaradamente cristianos, como José Antonio Marina-, sus objetivos y contenidos para los distintos niveles, sus criterios de evaluación.., y me parecen absolutamente coherentes con los principios de una educación democrática, abierta, plural y respetuosa con cualquier opción ideológica, que no quita nada a nadie sino que, más bien, intenta poner una base firme sobre la que construir “personas”. Estas personas podrán ser además, y dependiendo de sus ambientes concretos, la orientación y el criterio de sus padres o sus líderes religiosos o políticos, etcétera…, de derechas o de izquierdas, cristianos, mahometanos, agnósticos o ateos, célibes, emparejados o casados sacramentalmente, deportistas o sedentarios, del Madrid o del Barça.., en fin, adscribirse a cualquiera de las categorías en que se articula la variopinta tribu nacional, aunque, eso sí, capaces de convivir con cierto respeto, tolerancia y armonía, y no tratarse a dentelladas como, por desgracia, ha sido tan frecuente a lo largo de nuestra historia.

¿Por qué no concretamos?
Se están diciendo cosas absolutamente peregrinas sobre la denostada asignatura: que si conculca el derecho de los padres a educar en los principios morales que ellos deseen; que si algunos de los criterios que guían estas enseñanzas son los propios del “relativismo” y la llamada “ideología de género”..; y algunas aberraciones mayores, como que abre la puerta a relaciones sexuales prematuras entre los adolescentes y no sé cuántas barbaridades por el estilo. Los planteamientos ante este “catastrófico” panorama no pueden ser otros que la llamada a la objeción y a la desobediencia civil por parte de los padres. Yo ofrecería otra salida: el debate abierto y sincero desde las posturas de cada cual, pero, eso sí, basado –no podría ser de otro modo- en lo que “realmente” se fija en los programas. Todavía no he escuchado a ningún detractor decir algo tan concreto y sencillo como: “…el contenido número tal, del bloque equis de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos correspondiente a tercer ciclo de Primaria, dice literalmente que…, lo cual podríamos interpretar como… que para nosotros resulta inaceptable por tales y tales razones”.
Intentando contribuir por mi parte a dicho debate debo decir que en mis 35 años de docencia he venido impartiendo, de un modo u otro, esta asignatura. Porque he creído siempre que mi misión era educar, y no sólo instruir, a mis alumnos, sin que ello implicara merma alguna del derecho de los padres. Y educar implica ser respetuoso con las creencias y posturas de los demás, pero no renunciar, por ello, a inculcar valores de carácter universal, como el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la capacidad de convivir y cooperar con otros, el espíritu crítico que impida en lo posible la manipulación externa, la justicia derivada de la igualdad y dignidad intrínsecas a todo ser humano..; valores que siempre he creído pertenecían, también, a lo troncal del mensaje evangélico de Jesús de Nazareth y, desde luego, a la mayoría de las corrientes filosóficas de carácter humanista y al sentido profundo de la democracia en que se inscribe nuestro sistema, cuestión que legitima a los estados para defender e incluir dichos valores en los programas educativos de carácter oficial.
Si en ese esfuerzo, determinante en mi trayectoria pedagógica, tuve mayor o menor acierto, es algo que, en todo caso, deberán valorar quienes fueron mis alumnos. Porque esa sí que es la madre del cordero: el “cómo” se imparten estas enseñanzas; o, mejor dicho, el cómo se viven y se hacen presentes en el día a día de nuestras aulas; el valor, positivo o negativo, que puede tener nuestro ejemplo como profesores y como adultos; la coherencia básica que debería existir entre familia y escuela ante los retos de un mundo cada vez más materializado, insensible, violento e individualista. En fin, creo que hay en estos retos bastante campo donde construir, aportar, ponerse de acuerdo.., todas aquellas personas e instituciones verdaderamente comprometidas con el progreso ético del mundo y con la educación integral de las nuevas generaciones.

¿Qué quiere la Iglesia?
La Iglesia Católica –o, al menos, la parte más representativa de su jerarquía- quiere, me parece a mí, la exclusividad respecto a la orientación no sólo de las conciencias sino también de las costumbres, de la vida de la gente en todos sus aspectos, de la literalidad y alcance de leyes y normas, de la intervención en el juego político, de la organización y funcionamiento del sistema educativo y, en suma, la posibilidad de decidir y mandar sobre todo lo divino y, más que nada, sobre todo lo humano. Acostumbrada desde Constantino a tener un gran peso en el devenir histórico de Occidente, elevada a lo más alto en nuestro país durante el siglo pasado por la dictadura franquista -a la que pagó los numerosos favores recibidos justificando u ocultando sus crímenes y tropelías- no se resigna a perder el enorme poder que hasta ahora ha tenido, pasando a ser, sin más, lo que siempre debió haber sido: una opción personal entre muchas otras, libremente elegida por los que quieran, sin coacciones, infiernos ni amenazas, sin inquisiciones ni anatemas, sin cruzadas contra los infieles, sin dogmas incontestables, sin la magnificencia, la soberbia y las demostraciones de fuerza y poder mundano que tantas veces ostenta, sin adherencias políticas (en España uno ya no sabe si el partido de la derecha es un apéndice de la Iglesia o viceversa).., sino más bien con un amor grande y generoso hacia los seres humanos y la naturaleza que los cobija, con una misericordia que a nadie debería negarse, con una humildad nunca humilladora, con una voluntad de unir y acoger más que de enfrentar o encizañar…
No sé qué cuentas echan los señores prelados para lanzar un órdago tan insensato ante una asignatura que, repito, deberían aplaudir de forma entusiasta, pues podría contribuir a formar buenas personas y buenos ciudadanos (base imprescindible para poder construir buenos cristianos, ¿o no?); pero si siguen contando como tropa disciplinada a todos los que figuran inscritos en sus libros bautismales…¡van listos! Con otra particularidad: dentro de casa van encontrando no poca oposición a sus pretensiones entre muchos sectores católicos que representan posturas más abiertas y progresistas. Como muestra un botón: Manuel de Castro, secretario general de la FERE-CECA, organismo que agrupa a unos 2.500 colegios católicos, no es en absoluto partidario de la objeción de conciencia de los padres ante la controvertida asignatura; es más, considera perfectamente posible conciliar los programas de la misma con los principios de la moral y la fe cristianas. Y eso es, más o menos, lo que opinan también muchos profesores de Religión católica con los que he tenido la oportunidad de comunicarme. ¿No será que los educadores “de verdad”, los que están día a día en el tajo de las aulas, ven, mucho más que los obispos, la conveniencia de esta asignatura (aunque, digámoslo otra vez, tampoco creamos en ella como la panacea remediadora de toda la problemática escolar, ¡ojalá fuera tan fácil como eso!), conveniencia derivada del evidente deterioro que se advierte en muchos aspectos de nuestra convivencia ciudadana?
Ante la “jornada de reflexión” convocada por el obispo de Ciudad Real sobre este tema sólo se me ocurre pedir una cosa: ¡que Dios les ilumine!


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3 responses

28 06 2007
montesino

Esta bien que se lean los temarios, pero lo que no podemos hacer es permitir que a los padres se les quite el derecho-deber que tienen a educar a sus hijos. YO considero que como padre tengo derecho a educar a mis hijas en los valores morales y ético que considero adecuados, por lo cual no creo que tenga que dejar este derecho en mano de una persona que no conozco ni sé cuales son sus convicciones. Creo que esta asignatura debe ser optativa, pero no podemos imponer a los padres que se eduque a los hijos en un determinado pensamiento más o menos afín a nuestros planteamientos. La filosofía de Marina es equivocada pues parte de considerar que la educación es un derecho del Estado y de los colegios, al contrario, nuestra Constitución es clara y dice, creo que en el art. 27 que la educación es un derecho de los padres y un deber para con sus hijos. No entro en quien intenta adoctrinar a nuestros hijos, creo que es igual de perjudicial que lo haga la izquierda o la derecha. Yo percibo a la familia como el lugar en el cual se debe educar a los hijos, siendo misión del estado el conseguir la forma de que ese derecho se realice. Creo que los padres tenemos el derecho y deber de educar a nuestros hijos, aún a riesgo de equivocarnos. Se pueden dar situaciones contradictorias, como que los valores ensañados en el colegio sean contrarios a los valores enseñados en la familia. Pienso que el tranfondo de esta asignatura es un adoctrinamiento de nuestros hijos que no debemos permitir, y vuelvo a repetir, lo haga quien lo haga. Tenemos un Gobierno que se pasa el día diciendo donde podemos fumar, lo que hay que comer, lo que hay que pensar, lo que es o no criticable, … por lo tanto que nos hagan un favor y nos dejen de educar a nuestros hijos en nuestros valores y tradiciones. Yo al menos voy a objetar , ya que aunque nuestros políticos nos quieran negar esta opción, también es un derecho constitucional que nos asiste como padres y como CIUDADANOS.

28 06 2007
montesino

Podeis encontrar modelos de objeción en páginas web como:
Hazteoir.com
Profesionales por la ética.
Concapa
….

3 07 2007
sin comentarios

La FERE recuerda a los obispos que Educación para la Ciudadanía es obligatoria

La escuela católica, dispuesta a colaborar con el mal

J.M. GARRIDO

La Federación Española de Religiosos de Enseñanza – Centros Católicos (FERE- CECA), ha informado a sus colegios a través de una circular que “el Centro educativo no esta facultado para conceder o denegar la solicitud de exención de una asignatura obligatoria” así como de la no existencia “de una asignatura alternativa” y de los “efectos académicos previstos en la normativa académica” en el caso de optar por la objeción de conciencia ante esta asignatura de carácter obligatorio. Esta asociación que representa a más de 2200 centros católicos, y la Confederación de centros privados, Educación y Gestión, han matizado a los obispos y a otras asociaciones tales como el Foro Español de La Familia y la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) en lo relativo al modo de proceder ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Noticias relacionadasProclama a Madrid “región exenta de Educación para la Ciudadanía” Los obispos aumentan su presión contra Educación para la Ciudadanía Aguirre compara Educación para la Ciudadanía con la franquista Formación del Espíritu Nacional Más ataques de los obispos a Educación para la Ciudadanía Revés a los obispos
Sí bien es cierto que FERE-CECA mantiene posiciones muy críticas ante la creación de esta nueva materia curricular y se opondrán a su creación en el Consejo Escolar del Estado, la postura adoptada por la asociación mayoritaria de colegios concertados supone un duro revés a los planes de los obispos, que pretenden que todo estudiante en un centro católico se convierta en objetor de conciencia de Educación para la Ciudadanía.

“Colaboración con el mal”
En este sentido, Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Toledo advirtió días atrás que posiciones tales como las que plantea la FERE significan “colaborar con el mal”, pues el centro escolar que finalmente decida impartir Educación para la Ciudadanía, estaría contribuyendo a que “el mal de la moral impuesta continúe”, independientemente de si los contenidos de esta asignatura finalmente se adaptan o no al ideario del centro, tal y como plantea la FERE, que actualmente se encuentra en negociaciones con el Ministerio de Educación.

“Llegaremos a donde haga falta”
Bien distinta es la posición adoptada por otras asociaciones ultraconservadoras, que en una mesa redonda realizada por el diario La Razón sobre la implantación de esta nueva asignatura, criticaron duramente al gobierno socialista.

Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, ha asegurado que “vamos a ir hasta el final” afirmando que “llegarán hasta donde haga falta”. En este mismo sentido, Luis Carbonel, presidente de los Padres Católicos, propone “la objeción de conciencia, decir no y tener el derecho a discutir y a disentir del Gobierno”. Isabel Bazo, representante de la CECE (Confederación Española de Centros de Enseñanza) también apoya la objeción de conciencia porque va dirigida “contra una asignatura impuesta” y contra ella van “a seguir peleando”.

Educar en valores democráticos
Por su parte el gobierno asegura que Educación para la Ciudadanía será una asignatura obligatoria que tendrá como fin educar en valores democráticos, siguiendo la recomendación 2012/02 del Comité de Ministros del Consejo de Europa, a raíz del aumento entre los jóvenes europeos del racismo, la xenofobia y la intolerancia ante las minorías, así como de la discriminación y la exclusión social”.

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