Agua potable para Fontanarejo y un camionero en apuros

5 07 2007

(Contado por Teobaldo Fernández Arias)

Era un día como otro cualquiera y aún nos quedaba medio pico y cerveza fresca, quizás por eso, Teobaldo se arrancó a contar otro caso. Éste ocurrido en nuestro pueblo y parecido al caso de la avioneta y los bueyes del tío Cristino que en otra ocasión contara.

-Corría el año 1954 y el Ayuntamiento acababa de traer el agua potable a nuestro pueblo. La trajeron en tuberías enterradas desde el paraje El Puerto- comenzó diciendo. –Pues bien, acertó a venir al pueblo un camión, nuevo, flamante, de los pocos camiones que entonces se veían por ningún lado. Este camión entró la calle Empedrada arriba dirección Plaza Constitución donde se recogía el trigo, pues aún no había granero- continuó mientras el resto de la peña tomábamos un pico y un traguillo en espera del relato.

–A la altura de la antigua fragua de Isidoro se hundió la zanja abierta por el tema del agua y el camión quedó embarrancado- todos los reunidos nos quedamos pensando en el problema que suponía para aquel señor y su camión nuevo.

–Pues bien, como solía pasar en estos pueblos cuando ocurría algo nuevo, toda la gente del pueblo andaba por allí viendo el caso y sobre todo, opinando sobre su posible solución- paró su relato para tomar un pincho y beber.

–En primer lugar, intentaron sacar el camión empujando sobre los laterales unas pocas personas al tiempo que otras metían jara debajo de las ruedas-, dijo. A lo que alguien contestó –pues ya tenían suerte porque en aquella época, las paredes de los corrales estaban protegidas por bardas de jara en vez de tejas. Así que tendrían buen corte-.

-En vista de que así no era posible llamaron a Evaristo Miret que tenía una yunta de mulas de bandera. Las mulas sacaban chispas del empedrado de lo bien que tiraban, pero a pesar de todo no pudieron sacar al camión-, se detuvo para tomar aire y volver a su relato. -Dio la casualidad que aquel día había llegado de El Alcornocal el tío Chigalla a vender un carro de trigo. Este señor tenía una yunta de bueyes de primera, de cerca de 1000 kg de peso cada uno, y decidieron llamarlo para que echara una mano- calló por unos momentos para tomar un trago y un pincho de jabalí que nos había servido el camarero.

-Total que entre la yunta de bueyes del tío Chigalla, la gente que empujaba cada vez más y la jara que otros metían debajo de las ruedas, consiguieron sacar al camión del hoyo que el propio camión había producido- eso ya es otra cosa, contestó alguien que estaba pendiente del relato desde el otro extremo de la barra.

-Una vez fuera el camión, quedó poco menos que irreconocible de barro, desde las ruedas hasta la cabina y la caja de carga. Perdió una rueda durante la faena de sacarlo de allí. En fin todo lo que se pueda decir es poco- siguió contando mi primo Teo mientras la gente, presente ya en todo el bar, escuchaba con gran atención.

-Pero, por otro lado, estaba la cara alegre de satisfacción que la gente mostraba, orgullosa y contenta por haber sacado el camión del zanjón y de haber podido ayudar al camionero- en fin aquello era poco menos que una película.

-El camionero expresó su contento a la gente allí presente y les dio las gracias una y otra vez, a lo que la gente respondió que no era nada, que era su obligación, haciendo los papeles al camionero, a lo que este pareció estar conforme y agradecido-. Contaba, al tiempo que llegaba el desenlace.

-Pero la gente no se iba del lugar, quería ver partir al camión completando así el evento. Y el camionero parecía como si tuviera un poco desazón, como si tuviera algo que decir y no supiera como hacerlo- seguía contando Teobaldo mientras todos le mirábamos con atención, esperando el desenlace.

 

-De pronto el camionero levantó la cabeza y miró al camión lleno de mugre y propio de una estampa. Después giró la mirada hacia la gente, que boquiabierta esperaba el desenlace y dijo: muchas gracias por todo, muchas gracias; pero os voy a decir una cosa: cuando llegue a mi casa la voy a decir a mi mujer que si alguna vez me pierdo, que no vengan por aquí a buscarme, que no vengan a Fontanarejo a buscarme. ¡Ja, ja , ja, … jajajaja jaja … reían los allí presentes todos a la vez, como si se hubieran puesto de acuerdo.!- acabó diciendo al tiempo que los allí reunidos en el bar reían también por lo gracioso del caso.

El camión partió la calle Empedrada abajo a tomar la carretera y dicen que jamás se volvió a ver otro parecido.

 

Baldomero Arias Muñoz

(junio de 2007)


Acciones

Information

One response

5 07 2007
sky

qué sorpresa, un paisa!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: