Dios tira a los montes

8 07 2007

http://www.diariolatribuna.com/CiudadReal/secciones.cfm?secc=Ciudad%20Real&id=488723

Luis representa la figura del cura ‘itinerante’ que en las zonas rurales de Ciudad Real se hace cargo de varias parroquias

El párroco Luis Molina en la iglesia de Santa Quiteria donde tiene que tocar la campana. Foto Rueda Villaverde

ROBERTO CHÁVARRI / ALCOBA

Once y media en punto de la mañana. En la parroquia de San Felipe y Santiago de Fontanarejo, Luis Eduardo comienza un domingo cualquiera en el que en apenas un par de horas tendrá que oficiar dos misas, dar la comunión a aquellas personas que no pueden acercarse hasta la parroquia y, además, atender siempre con una sonrisa en la cara a todos los fieles.

La peculiaridad es que el sacerdote Luis Molina hará todo esto en dos pueblos distintos separados por unos ocho kilómetros de una carretera repleta de curvas que recorre a toda velocidad y sorteando los baches que conoce casi como la palma de su mano. «La verdad es que en mi vida no tiene cabida el aburrimiento», confiesa Luis, párroco de Fontanarejo, Alcoba de los Montes, la pedanía de Santa Quiteria y El Alcornocal, y que además entre semana, imparte clases de religión en las dos primeras localidades así como en Horcajo de los Montes.

En la zona de Montes Norte de Ciudad Real es donde comienzan su carrera eclesiástica muchos de los curas de la provincia, un escenario, el de la montaña, ligado a la tradición cristiana de revelaciones de Dios, como la de Moisés en el Sinaí, o la propia muerte de Jesús, en el Gólgota.

La llamada crisis de vocación ha provocado que sean varios los pueblos de la provincia de Ciudad Real que tienen que compartir su cura con el pueblo más cercano. Como Luis Eduardo Molina existe una decena de curas que están en la misa o peor situación. Es el caso de las zonas del Valle de Alcudia, la zona de Almadén y la propia de los Montes Nortes. «Mejor compartir que no tener a ninguno», dicen dos de las mujeres que asisten a misa en Fontanarejo junto a otros cuarenta fieles.

Después de tocar las campanas con la ayuda de un timbre, «creo que incluso hay algunas parroquias en las que se puede hacer incluso desde un teléfono móvil», inicia una ceremonia en la que hace especial referencia al nacimiento de San Juan y la celebración de la fiesta del precursor de Jesús. Antes, le ha dado tiempo a recibir una carta del nuevo alcalde socialista de la localidad, de terminar de vestirse con los hábitos y de apagar la música que suena en los altavoces de la parroquia, «una costumbre que tenían aquí en el pueblo y que hemos recuperado».

Falta de vocación.

 

Luis asegura que entiende la falta de vocación entre los jóvenes, porque «el nuestro es un trabajo continuo de estar pendiente de la gente. Estamos entregados a los demás y a eso, no todo el mundo se atreve. No todos quieren llevar un tipo de vida en el que se priorizan algunos principios, como el de la pobreza o la disponibilidad que no están valorados a día de hoy y menos entre los jóvenes». «Faltan curas y horas», dice cuando reconoce también que «sin ser estresante, sí estás siempre con los demás». Y ese siempre no respeta en ocasiones ni las comidas familiares con sus padres o con sus hermanos, a veces interrumpidas por una llamada telefónica de algún vecino que le cuenta algún problema.

Una tarea de confesor las 24 horas del día, que en determinados pueblos, le lleva a hacer labores de intermediario entre los vecinos y a tratar de poner paz en conflictos, «porque lo más curioso es que te enteras de los problemas según te cuentan cada uno, y así te vas haciendo más o menos una idea de lo que le pasa a la gente».

Con su casa separada por apenas una decena de metros de la sacristía de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Consolación, en su vivienda no hay una televisión, pero sí hay espacio para recibir a sus vecinos.

Lo que sí reconoce es un gran contraste con otros jóvenes de su edad, pero se reafirma en su vocación: «Estoy encantado de estar siempre a disposición de la gente que lo necesita», a pesar de que esa disposición le lleva también a pasar horas y horas en la carretera. En un domingo normal, Luis puede llegar a hacerse cerca de 40 kilómetros para oficiar las misas, «aunque entre semana es peor. Antes también iba a Ciudad Real para dar clases en el Seminario, con lo que fácilmente podía llegar a hacer unos 140 kilómetros».

Contra los elementos.

 

Muchas horas al volante que dejan también multitud de historias. Así, por ejemplo, durante las nevadas que llegaron a colapsar las carreteras de la provincia a principios de año, Luis apenas pudo recorrer 10 kilómetros de los que tenía previsto realizar para impartir clase en un instituto. La intensidad de la nieve le obligó a desistir en su voluntad de cumplir con su labor.

Un largo transcurrir en las carreteras en el que, por cierto, el Obispado de Ciudad Real paga el kilometraje y facilita el acceso a un vehículo, para aquellos curas que tengan más dificultades económicas al lograr uno. Sin embargo, ese dinero termina unido a un fondo al que también se suma el suelo que ganan la mayoría de los sacerdotes que imparten clases de religión en los institutos y que suelen destinar a un fondo en común para ayudar a los religiosos que pasan por mayores dificultades económicas o a los más veteranos.

Luis cumplirá en septiembre dos años como sacerdote en esta comarca de la provincia, después de completar Patrística en Madrid y haber estudiado durante trece años en el Seminario, donde actualmente se preparan unas 20 personas para ser curas. Una condición de ‘novato’ que le ha valido en alguna ocasión a que le confundan con un monaguillo, ya que como el mismo reconoce «no tengo entre mis virtudes el don de la altura».

Aunque ninguno de los feligreses que acude a misa tiene ninguna queja, es más, todos alaban la labor de don Luis como le llaman con una mezcla de cariño y de respeto, sí que existe una pequeña demanda para que los párrocos que les llegan, pasen más tiempo con ellos. Luis reconoce que «aquí dicen, aunque a mí no me gusta mucho, que les traen a los curas novatillos y que les tienen que domar y que cuando les doman, se terminan marchando a otro sitio».

En principio, este sacerdote cumplirá con un periodo de seis años en esta zona en la que se encuentra ya plenamente integrado. Cuesta trabajo que dé dos pasos por la calle de cualquiera de los pueblos en los que imparte los oficios sin que nadie se para a saludarle. Un rastro de cercanía que imprime también en sus misas, ya que al finalizar el oficio religioso, se despide uno a uno a todos los fieles que acudieron dándoles la mano y deseándoles un feliz domingo.


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3 responses

9 07 2007
Baldomeros Arias Muñoz

enhorabuena, Luis. Compañero a la guitarra junto a Celedonio, cada primero de mayo, durante el canto de los mayos de Fontanarejo, nuestro pueblo, por el grupo de mujeres y hombres de la Asociación Raíces. Un saludo.

11 07 2007
montesino

Gracias Luis por tu labor comprometida y sincera con los pueblos de los montes.

20 08 2007
Miguel

Luis, me alegro mucho de ver el trabajo tan sincero y comprometido que ya realizas. Estoy seguro que tu labor es y sera ejemplar.
Mucho animo y fuerza desde Inglaterra
Miguel

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