Aproximación lingüística a la flora de los Montes de Toledo

17 07 2007

Extraído de la Revista de Estudios Monteños. Nº 106 (Archivo PDF)

Montes de Toledo. Boletín de régimen interior de la Asociación Cultural Montes de Toledo.
2º Trimestre de 2004. Nº. 106.

MARÍA MILAGROS LÓPEZ FERNÁNDEZ
El tamiz del tiempo ha sido un potente aliado que nos ha
llevado a valorar el pasado cercano en todas sus facetas, lo que en otro
momento u otra generación llegó a considerarse vulgar y tosco, ha
pasado a ser reconocido y estimado como digno de conservación.
Descubrir nuestro patrimonio etnográfico se ha convertido en un
objetivo irremplazable y dentro de él ha de englobarse la parcela
concreta del patrimonio lingüístico, un monumento frágil y perecedero,
difícil de acotar pues las palabras surgen y desaparecen en función
de las necesidades vitales y resulta complicado mantenerlas cuando la
exigencia desaparece.
En torno a este frágil patrimonio quise indagar en una dirección
concreta, los fitónimos, aquellas palabras que eran usuales para
designar las plantas en nuestro entorno, ya que, aparte del nombre
oficial, el lenguaje común suele asignar a algunas especies otros
nombres particulares, especialmente cuando aluden a ejemplares de
poco uso, poco conocidas por la generalidad de la sociedad o por ser
un endemismo.
En esta prospección arqueológico-lingüística, realizada mediante
entrevistas en la zona de los Montes de Toledo, de clima
mediterráneo, que ocupan Orgaz, Sonseca, Menasalbas, San Pablo de
los Montes, Navas de Estena, Marjaliza y Los Yébenes, comprobé que
existen plantas silvestres que muestran pocas alteraciones nominativas
junto a aquellas que ostentan una amplia baraja de nombres
propios. En primer lugar me ocuparé de las mencionadas primeramente
para descubrir de cada una de ellas un pequeño secreto, el origen
o razón de su nombre.
Entre las plantas venidas de más al sur cabe mencionar el
acebuche (Olea oleaster silvestris, L.), destacado desde antiguo como
‘acibuche’, procedente del árabe hispánico zebbûg o az-zanbuy, que
parece ser de origen beréber y que alude al nombre del fruto en este
idioma, la layerna (Rhamnus alaternus, L.) cuya denominación se
deriva de ‘alaternus‘ que quiere decir ‘de tres en tres‘, y, tradicionalmente
utilizadas sus ramas construir la urdimbre de los chozos de los
pastores mientras estaban en el monte (Navas de Estena), el hermoso
brezo (Erica calluna, L.), cuyo vocablo procede de la reducción del
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*bruezo del hispanolatino *broccius, y éste del celta *vroicos. Nuestros
mayores le llaman ‘berezo’, de tal manera que mediante la inclusión de
esta vocal (metátesis vocálica) entre el grupo –rz- se conseguía facilitar
la pronunciación.
Entre los árboles que pueblan nuestros montes mediterráneos
encontramos el acebo (Ilex aquifolium, L), nombre evolucionado de
una variante latina, ’aquifolium’, el enebro (Junniperus communis, L.),
palabra derivada de ’juniperus’, la encina (Quercus ilex, L.), cuya voz
procede del latín vulgar ’ilicina’, el madroño (Arbutus unedo, L.), que
cuyo nombre se considera de origen incierto, quizá prerromano) o el
zumaque (Rhus coriaria, L.), arbusto tomentoso cuya corteza ha sido
utilizada para curtir tafilete y otras pieles debe su nombre a la voz
procedente del árabe summâq, que parece tomado del arameo su(m)maqa
’encarnado ’, por el color del fruto de esta planta (tradicionalmente se
ha conocido con el nombre de “zumaque de tinerías”).
Existen otras muchas especies de plantas, llamadas vulgares,
abundantes y poco consideradas entre las que encontramos las simples
collejas (Silene vulgaris, Moench, Garcke), cuyo nombre viene a
significar ‘col pequeña’, la roja amapola (Papaver rhoeas, L.) que recibe
su nombre de la voz del mozárabe ‘habapáura’, que viene a significar
“grano de cereal”, “semilla de verdura o de barbecho”. Por su parte, el
cambrón o cambronera, según los sitios, planta espinosa donde las
haya procede del vocablo latino crabo-onis, o lo que es lo mismo,
“abejorro”, por comparación de las espinas y el ramaje enmarañado
del cambrón con el aguijón de este insecto al que no tienen nada que
envidiar la zarza (Rubis fructicosus, L.) en cuya descripción más
antigua conocida se dice ‘la planta cuyas espinas son pequeñas y muchas,
hasta el punto de que apenas hay alguien que las toque por esta causa 1 ’;
tampoco hemos de perder de vista en este grupo a la aulaga (Genista
hirsuta, L.), conocida en todos sitios como ‘abulaga’, étimo de origen
incierto aunque se piensa que procede del hispanoárabe yelâqa.
Muchas de las plantas que encontramos resultan agradablemente
olorosas, así el cantueso (Lavandula stoechas, L.), cuyo nombre
de origen griego nos muestra que propiamente su nombre significa
“incienso de la tierra, del suelo”, o el hinojo, nombre derivado del
diminutivo latino ‘feniculum’ > fenum, heno, por lo que querría
significar ‘heno minúsculo o pequeño, la manzanilla (Matricaria
chamomilla, L.) toma su nombre del diminutivo de ‘manzana’, proce-
1 Asín Palacios, Miguel: Glosario de Voces romances. Registradas por un botánico
hispanomusulmán (Siglo XI/XII), Madrid/Granada, Imprenta Viuda de Estanislao
Maestre, 1943.
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dente de ‘mattiana’ (especie de manzana mala), el romero (Rosmarinus
officinalis, L.) cuyo nombre castellano quiere decir ‘rocío marino’ o la
mejorana (Thymus mastichina, L.) nombre común a los varios romances
occidentales, del latín tardío maezurana, que a su vez es de origen
incierto.
Entre las matas útiles al hombre aparece la juncia (Cyperus
longus, L), cuyo étimo latino ‘iuncea’ determina que su significado es
‘semejante al junco’. Ha sido usada para hacer esteras, asientos de sillas
y otros elementos, trenzando las ramas secas de la planta. También era
manejada para atar las lechugas y otros varios usos en la huerta, así
como para hacer los “vencejos” y a mantener colgados los racimos de
uva después de su recolección para que se hagan pasas. Por su parte
el berceo, ‘breceo’ para los habitantes de esta zona y considerado de
inferior calidad, procede de barceo, donde la “a” ha pasado a “e”, por
razones desconocidas y ha sufrido una metátesis regresiva del sonido ‘r’.
De algunos otros nombres hoy sigue siendo transparente su
significado, la cornicabra (Pistacia terebinthus, L.), probablemente
lleva este nombre por la forma de sus frutos, en primavera, la
correhuela (Convulvus arvensis, L.), mejor conocida por todos por
‘corregüela’, cuyas ramas se extienden por el suelo como si quisieran
ganar una carrera, o el chupamieles (Anchusa azurea, Miller), probablemente
proceda del mozárabe supamele, de sentido evidente.
Todas ellas sirven como ejemplo de aquellas cuya denominación
no varía del nombre genérico más extendido, pero coexisten otras
muchas que se conocen por vocablos distintos según las localidades.
El nombre de los abrojos (Tribulus terrestre, L.) procede de la
frase latina ‘aperi oculos’ o lo que es lo mismo ’abre los ojos’, primitivamente
advertencia a quien segaba en un terreno cubierto de abrojos
para que se guardara de los mismos, y luego nombre de la planta,
aunque, según las localidades se dice de forma diferente, ambrojos,
abriojos o abreojos.
Si preguntamos por la acedera (Rumex acetosa, L.) la respuesta
alude al sabor ácido de sus hojas, por lo que se le nombra ‘acedera’, por
ello mismo, también se les llama ‘vinagreras’, derivado de ‘vinagre’,
palabra de procedencia catalana. Pero no únicamente se identifica por
su sabor, ‘cordoncillos’ alude a la forma de sus rojizas flores, similares
a cordones. La riqueza léxica en torno a esta planta no acaba con estos
nombres, existen todos los derivados de ‘romaza’ (romanza, arromanza
o arrumanza), es decir, tomados directamente del nombre oficial,
rumex.
En esta zona, aparecen tanto ajo puerro o ajo porro (con o sin
diptongación, según la zona) para designar a la especie Allium
ampeloprasum, L., pero las denominaciones se amplían con ‘ajos de
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cigüeña’ o ‘ajos silvestres’ que aluden al carácter salvaje en contra de
la variedad cultivada.
Para los alfileritos de la virgen (Trachelium caeruleum, L.)
encontramos diferentes nombres para designarla, alfileritos, alfiletera,
alfiletero, aunque todos ellos son derivados de alfiler que procede de
’alfilel’ cuyo origen es la voz árabe ’al-jilal’ (lo que se entremete). Recibe
el nombre por las grandes púas que tiene la planta y que parecen
agujas.
Las distintas voces que aluden a la anea (Typha angustifolia,
L.) acusan la inestabilidad vocal que suele sufrir el castellano, especialmente
en vocales iniciales no acentuadas; por ello aparecen anea, inea,
enea o nea, aunque todas ellas proceden de la voz árabe an-êya “la
caña”, “la flauta”, aludiendo al tallo en forma de caña que tiene esta
planta.
Esta planta cría una espiga que al fructificar se vuelve parda.
Dicho vástago recibe gran cantidad de nombres, atendiendo a su
altura (espadaña o cobetes), si nos fijamos en su forma (puros o puros
de enea, banderillas) o en su tamaño, pitusas, que deriva del adjetivo
‘pituso’ con significado de pequeño, gracioso o lindo.
Las voces gamón, gamoneta o gamonas, aludiendo a la planta
llamada Asphodelus albus, L., surgen de un vocablo común a las tres
lenguas hisparromances, de origen incierto, quizás, evolucionado de
‘agamon’ que en hebreo designa las cañas, juncos o plantas semejantes.
Pero la riqueza nominativa de nuestra zona no se conforma con estas
voces sino que también les llama, espárragos locos, para diferenciarse
de los comestibles o perigallos, voz que procede de una voz portuguesa
similar.
El predicado nominal ‘loco‘ aparece con relativa frecuencia en
castellano popular para referirse a diferentes especies de plantas
silvestres que timen otra variedad cultivada y a través del mismo se
consigue diferenciarlas. En este caso, la avena loca (Avena sterilis, L.)
se conoce, además del nombre ya mencionado con otros distintos
como son ‘pendolaza’ por sus espigas colgantes (derivado de pender
> del latín ‘pendere’, estar colgado) y ‘sacanovios’, por ser utilizada
en un juego de niñas en el que las espigas se arrojan a la ropa de otra
chica y tantas piezas como queden prendidas, tantos novios se tendrán.
Ballico (Agrostis castellana, L.), así se designa a esta mata en
la mayoría de las localidades, nombre de origen desconocido, seguramente
ibérico, evolucionado de la raíz ’ball-’, quizás con el significado
de “cizaña”, aunque se le llama también ‘banderilla’ en honor a sus
tallos enhiestos.
Barbas de viejo (Evernia prunasti, L.), este liquen que aparece
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en los árboles en zonas umbrías recibe varios nombres, barbas o babas
de viejo, denominaciones que pueden proceder de la similitud con
ambas características del ser humano, las barbas canosas y las babas.
Además nos encontramos con ‘musgo blanco’, cromónimo utilizado
para distinguirlo del ‘musgo verde’.
Cañaheja, cañameja, cañaleja (Ferula communis, L.), denominaciones
que tienen un origen común, quizá sea una alteración no bien
explicada de ´canna fistula o ferula´, o “planta de tallo largo, varita”.
Cenizo (Chenopodium album, L.), ceniglo, ceñiglo (rojo o
blanco) Diminutivo derivado del vocablo del latín vulgar *cinisia
(cenizas mezcladas con brasas)” a causa del color grisáceo que poseen
sus hojas por el envés.
Cohombro amargo (Ecballium elaterium, L.) Antiguamente
´cogombro´, con el significado de “especie de pepino”, vocablo evolucionado
de la palabra latina ’cucumis-eris’. En Los Yébenes se denomina
“combrio” al trozo de churro cortado de una rosca grande que
se elabora. Es probable que esta denominación proceda o esté derivada
de la similitud del producto con el fruto que tiene esta planta.
Además puede ser llamado ’combrillos’, ’meloncillos’, ’meloncillos
locos’ o ’melones locos’.
Sus frutos han sido utilizados como juego pues, pisados,
estallan con gran facilidad y expulsan su contenido a gran velocidad.
De nombre genérico fumaria (Fumaria officinalis, L.), pero en
nuestra zona es conocida como ‘conejitos‘, derivado del vocablo
latino ’cuniculus’ (conejito), ’sangre o flor de cristo’, a causa del color
rojo de sus flores que parecen estar manchadas de sangre, ’perejilones’
por el parecido de sus hojas con el perejil, ‘sombreritos´, quizá porque
las flores sobresalen del resto de la planta y ’pajitos ’.
Escaramujo, escarambujo o cancaramujo (Rosa canina, L.) La
procedencia de su nombre resulta un enigma aunque se considera que
está relacionado con la voz ’cambrón’ (quizá del diminutivo latino
*scrambumculus) dado que, también, es un arbusto espinoso por lo
que recibe asimismo el nombre de espino, pero si aludimos a la virtud
astringente de los frutos poseen para curar las diarreas, entonces se le
conoce con el nombre de ´tapaculos´ o ´espino tapaculos´. Con todo
ello no termina la nómina de voces que lo designan, nos queda la
última, ´rosal loco´, pues sus flores rosáceas nos recuerdan las del
rosal.
En contraposición al anterior, el espino blanco o majuelo
(Crataegus monogyma, Jacq.) posee una gran cantidad de flores
blancas y olorosas aunque sigue manteniendo su carácter espinoso. El
origen de la denominación ’majuelo’ resulta confusa, es probable que
sea procedente del latín «myxa», ciruelo, o del céltico ’margitetum’.
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Por todo esto se conoce asimismo a este arbusto como espino majoleto,
espino majuelo o majoleto, en honor al nombre que recibe su fruto:
majueleta, majoleta o manzanita.
Gatuña (Ononis spinosa, L.), derivado propiamente de “uña
de gato” (uñagato en mozárabe durante el siglo X), aludiendo nuevamente
a su tallo fuertemente espinoso. Gatuña, gatas o uñagato, según
los lugares, todos los nombres recogen la peculiaridad más propia del
arbolillo.
Gordolobo (Verbascum thapsum, L.) Nombre curioso que
procede del latín ’coda lupi’ que significa propiamente “cola de lobo”,
así llamado por su tallo erguido de seis a ocho decímetros de altura.
Sin embargo, en otras localidades recibe el nombre de verbasco
(tomado del nombre oficial) del que se considera que significa “barba”,
aludiendo a la gran cantidad de pelillos que cubren la planta, los cuales
la defienden de los ataques de los insectos. Mezcla de ambos vocablos
resulta la voz ’verbolobo’ donde se unen ambas significaciones.
El nombre de hiniesta (Genista florida, L.) procede del étimo
latino ’genesta’, en la que se ha generado un diptongo en la e breve
tónica y desaparece el sonido velar inicial. Podemos encontrarla
blanca o amarilla, según sea el color de la flor que tenga o citarla como
’retama’, pues resultan parecidas, pero aún existe otro nombre interesante
para denominarla ’marihuela, marigüela’: denominación2 procedente
del latín masculino ’maris ’ (macho) y el sufijo ’–olu’ con
desarrollo de la velar epentética g (fenómeno que suele aparecer
habitualmente, en castellano, ante el diptongo –ue-.
La especie ’jara pringosa’ (Cistus ladanifer, L.) recibe su
nombre del árabe vulgar sa râ “matorral, mata”, propiamente “bosque,
bosquecillo”, también, según otros autores, significa ‘hornija o leña
menuda para los hornos’. El calificativo ’pringosa’ evoca sus viscosas y
lampiñas hojas. También se alude a ella por la utilización que se hacía
de ella ’jara cocer’ (cocer el pan en los hornos de leña), ’jara verdá’ para
diferenciarla de la jara estepa, o ’jara negra’ en alusión al color de sus
ramas.
Las “perinelas” o frutos secos de la jara, adoptados como
juguete infantil al hacerlas girar sobre sí mismos, como si fuera un
trompo, con los dedos pulgar y corazón, reciben diversas denominaciones,
según las localidades, distinguiendo en cada sitio una peculia-
2 Sánchez Miguel, Juan Manuel: DICCIONARIO DE HABLA TOLEDANA, Instituto
Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, publicado por la Diputación
de Toledo, Toledo 1998.
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ridad: pirinelas, perindolas, pirindolas, pirinolas, bailarinas, trompillos
o trompos de la jara.
Jara estepa (Cistus albidus, L.) Esta variedad posee hojas de
color gris pálido y se diferencia de la anterior, también, en su reducida
altura. La denominación más extendida es ’estepa’ o ’jara estepa’,
nombre que deriva del latín hispánico ’stippa’, aunque sus raíces
anteriores se estiman inciertas. Emanado de su tamaño recibe el
nombre de ’jara aparraíta’, o del color de sus hojas ’jara blanca’.
En Orgaz recuerdan que en otros tiempos, menos prósperos,
las hojas de jara estepa secas se liaban y se fumaban, llamándolos
“petardas”.
La denominación que recibe el liquen de los muros (Xanthoria
parietina, L.) cuyo talo varía desde el amarillo hasta el anaranjado
confiriéndole un aspecto llamativo se deriva del latín ’lichen-enis’,
tomado, anteriormente, del griego donde significa propiamente “herpes”,
“lepra”. Los nombres aluden al lugar donde aparece: ’liquen de
los muros o las paeres, de los árboles o de las peñas’, además se le
conoce también como ’camisa de culebra’ por la costra que forma
donde surge, liquines, lanilla o musgo.
Llantén, lantén o lanté (Plantado mayor, L.) Tanto el nombre
oficial como el popular aluden al parecido que tienen sus hojas con la
planta del pie, en latín ’plantago-inis’, palatalizando el grupo inicial
’pl-’, se ha perdido la –g- intervocálica, así como la terminación –is,
quedando como recuerdo la –n final.
Su uso ha desaparecido por estos lugares a causa de la evolución
de la perfumería, ya que las semillas cocidas se utilizaban como
fijador para el pelo (bandolina)
Margarita (Bellis perennis, L.), nombre evolucionado del
vocablo latino similar, tomado del griego y que significa “perla”. Su
característico color blanco y centro amarillo propicia la generación de
designaciones distintivas: ’pajitos’ (quizá por aparecer entre las mieses),
’saltaojos’ pues parece ’un ojo saltao’ o ’garmaza’, nombre de
procedencia incierta, derivado de *maqarice (felizmente) o de la voz
árabe ’alharma’ con un sufijo despectivo –aza > harmagaza que sufriría
una metátesis regresiva de –r.
El nombre genérico que recibe el marrubio (Marrubium vulgaris,
L.) se origina en la voz latina ’marrubium’, que, a su vez, puede
proceder de las voces hebreas ’mar’ (amargo) y ’rob’(mucho), es decir,
’muy amargo’. En nuestro entorno se conoce como ’manrubio o
manrubia’ y ’yerbabuena pastores’ (este nombre alude al olor mentolado
que tienen sus hojas)
Mielga (Medicago sativa, L.), voz y nombre de origen curioso
pues procedente del latín vulgar ’melica’, evolución del vocablo del
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latín clásico ’medica’, así llamada la planta por ser procedente de
Media, antigua región de Irán. Entre nosotros es más conocida por
’mielgas’ o ’amielgas ’.
Nazareno (Muscari commosum, L. Miller), esta denominación
tiene su origen en el vocablo latino ’nazarenus’ (habitante de Nazaret).
Metafóricamente alude al color morado de su penacho de flores y de
la tradicional vestimenta pascual. Sin embargo, la riqueza léxica
existente en torno a esta la flor resulta llamativa: ’amores’ (igual que
éstos, surgen al comienzo de la primavera), ’chiribas o chiribitas’,
nombre evolucionado desde ´chibit´, onomatopeya del chisporroteo,
’campanillos’ y ’uvitas’, ambos aluden a la forma de la flor y
’penitentes ’, de nuevo se nombra la planta identificándola con el color
de los sayales que portan los contritos asistentes a las procesiones
pascuales.
Ombligo de Venus (Umbulicus rupestris, Salis. Dandy). La
voz alude a las hojas arriñonadas que la componen, evolucionando el
nombre del latín ’umbiliculus’. En nuestra zona es conocida como
’ombligo de la pared’, ’embudillo o embudillo de las paeres’ (por su
parecido con un embudo), así como ’sombreritos’ aludiendo también
a su forma.
Pedo de lobo (Lycoperdum perlatum, L.) La etimología de la
voz pedo nos remite, quizá, al étimo latino ’peditum’. Como complemento
se añade ’de lobo’, ’de zorra’ que aluden directamente a su
hábitat que comparten con dichos animales. Sin embargo no acaba aquí
la variedad sino que encontramos también: ’cuesco de lobo’ (kosk-,
onomatopeya de golpe, pedo ruidoso) o ’zullón de lobo’, cuyo étimo
se remonta al latín tardío ’sylla’, de origen desconocido, todas ellas
apuntan a la explosión que sufre al madurar con el fin de esparcir sus
esporas. Completan la enumeración, ’peolobo’ o ’pedo de monja’. Los
complementos que aparecen en la denominación del hongo implican
connotaciones negativas, poco agradables que nos llevan a considerarla
especie ’poco apreciada’.
Peonía (Paeonia officinalis, L.) El nombre genérico que recibe
esta robusta herbácea de vistosas y grandes flores proviene de una voz
latina similar, tomada del griego y que significa “salutífero, curativo”.
También es conocida esta especie exclusiva de nuestro país, como ’flor de
pedolobo’ (por el hediondo olor de sus flores), ’flor de lagarto’ o ’lirio’.
Regaliz o paloduz (Glycirrhiza glabra, l.) Primitivamente
regaliza, nombre que viene, por metátesis, del latín tardío ’liquiritia’
que resulta deformación del griego compuesto de glukÝrriza, “dulce
raíz”. Regaliza se cambió en regaliz por influjo de su sinónimo orozuz,
vocablo árabeandalusí de idéntico significado, ’çirq assús’. Aún hoy
mantiene clara su significación original en sus denominaciones: palo26
duz, palodús, alezú o arrezú (ésta voz, propia de Los Yébenes se
documenta en Corominas 3 bajo la entrada orozuz 4 a través de la
siguiente frase: “[…] alteración diferente de urûq sûs es el judeoespañol de
Marruecos ’arrepsús’ […]”, de donde parece posible que proceda las
denominaciones mencionadas”.
Roble (Quercus robur, L.) Este árbol robusto y grande recibe
su nombre del latín ’robur- roboris’ que significaba “roble” y
figuradamente “fuerza, robustez”. También es conocido por el nombre
de ’rebollo’, voz de origen incierto, probablemente de un derivado del
latín ’pullus’, “retoño”, seguramente un latín vulgar *repullus.
Tamujo, tamujas o tamujos (Securinega tinctoria, L.) Esta
mata euforbiácea recibe su nombre derivándolo de tamo, o paja
menuda, voz de origen prerromano.
Tártago (Euphorbia lathyris, L.) El nombre que recibe esta
planta bienal, quizá sea alteración vulgar de la voz latina tartarus,
«tártaro», por sus propiedades cáusticas comunes con esta sustancia.
Además es conocida asimismo como ’lecheras’, de la familia etimológica
de «leche», pero, posiblemente, procedente del griego lathyris, sería
primero «latrezna», como consecuencia del látex que segregan sus
tallos. Este producto ha sido utilizado para secar las verrugas cutáneas
en algunas localidades de la zona.
Torvisco (Daphne gnidium, L.) Arbusto erecto de frutos rojos
y carnosos cuyo nombre se deriva del latín hispánico ’turbiscus’, quizá
evolución de ’turbiscare’ que expresa la acción de “envenenar el agua
de los ríos con bayas de torvisco para emborrachar los peces y
pescarlos”, y éste del latín ’turbare’, “perturbar”, “enturbiar”. Para
este uso se combinaba con raíz de cañaleja. Se trituran las raíces de
ambas plantas y se extienden por el trampal, con ello los peces mueren
y se pueden pescar con facilidad. Al ser preguntado por el carácter
venenoso hacia el ser humano me responde que el veneno queda en el
aparato digestivo del pez; dado que esta parte se elimina antes de ser
cocinado, no existe peligro para el ser humano. Conocida en nuestro
entorno con epéntesis vocálica, ’torovisco o ’torovisca’.
Uvas de gato (Sedum album, L.), ugüas de gato, uguitas de
gato se remontan a la voz latina ’uva’ (“uva”, “racimo”) El apelativo
3 V4, p. 308: OROZUZ: del árabe “urûq sûs” (raíces de regaliz), del plural de “irq”
(raíz) y “sûs”, nombre de dicha planta. Se documenta por vez primera en 1475,
oroçuz.
4 En la primera eedición del Diccionario latino-español de Nebrija (1495?) figura
por errata OROSUM en el lugar alfabético, pero OROSUS, s.v. regaliza.
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“de gato” se añade por el lugar donde suele aparecer esta planta, los
tejados, lugares generalmente habitados por estos felinos. También es
conocida como ’platanitos’.
El nombre de zapatitos de la virgen (Sarcocapnos enneaphylla,
L.DC.), utilizado en diminutivo, se origina en el vocablo de origen
incierto, el mismo que en portugués sapato, catalán sabata en el siglo XII
“zapato”, vasco zapata y árabe vulgar sabbât. Se reconoce también en
nuestro entorno como ’conejitos´, por parecerse su flor al hocico de
dicho animal. Como en el caso anterior de los ’alfileritos de la virgen’,
ambas expresiones generan connotaciones positivas en torno de ellas,
es decir, se pueden considerar como ’plantas estimadas’.
Como muestra final de la pluralidad de nombres dedicados a
una sola planta señalo la lista que tienen los calaminos, esa mata
redondeada que recorre nuestros campos a merced del aire: trotamundos
o corremundos, garabatos (por su forma redondeada pero
indefinida), malos vecinos, guraballos, salicones, churumiscos. En
su mayoría el significado es evidente y las connotaciones negativas
que manifiestan las voces, resultan palpables.
Tanto las connotaciones positivas como las negativas son
rasgos que se vinculan a las denominaciones de cualquier objeto, en
general, y las plantas no son una excepción ya que, entre ellas, existen
las que son útiles y las superfluas, las agradables y las desagradables,
las bellas y las denostadas, categorías valorativas que se generan a
través de los sentidos por lo que han de estar cargadas de subjetividad
y de ella brotan los nombres populares.
Este acercamiento no pretende ser ni formar ninguna taxonomía
en torno a la nomenclatura de las plantas, ni resultan las más
significativas, sencillamente es una muestra de la riqueza lingüística
que se halla en nuestro entorno.
Como puede observarse la nomenclatura que reciben las
plantas en el ámbito popular se basan en rasgos y peculiaridades muy
dispares y que las caracterizan. Así nos encontramos con denominaciones
basadas en las características morfológicas: color (malvas), su
tacto (espiguilla de seda), similitud con objetos (relojitos), similitud
con animales (piejitos) o con el ser humano; pueden ser catalogadas
por su porte: hierbas (hierbarrabia), matas (chaparro), espinos (espino
majoleto), ajos (ajos de cigüeña), cebollas (ceborranchas) o plantas
locas (espigas locas), también, según sus usos: medicinal (manzanilla),
artesanía (anea), combustible (jara cocer, gordolobo o yesca),
forrajera (pamplina, ballico), conforme a la presencia o ausencia de
aromas (ruda, cantueso) o sabores (acedera, chupamieles), látex o
resinas (tártagos, lechas, jara pringosa); pueden denominarse por su
hábitat o lugar de aparición (tabaco de monte, té de monte), el
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momento de floración (tomillo del día del Señor, hierba de San
Juan), o la dispersión de las semillas (combrillos, calaminos), e incluso
mediante la alusión y diferenciación de plantas macho o hembra
(brecea, la planta, breceo, la rama para tejer, madroña, el árbol o la
madera y madroño, el fruto)
Derivado de todo ello y dado que nos encontramos en una
sociedad íntimamente vinculada con la naturaleza merced al trabajo
agrícola, el uso y provecho de los montes o la caza, no es de extrañar
que en su vocabulario aparezcan expresiones metafóricas relacionadas
con las plantas tanto silvestres como cultivadas. Con ellas se aluden
a diferentes acciones o cualidades humanas mostradas a través de las
propiedades o características de algunas plantas. A modo de ejemplo
aquí quiero recoger algunas de ellas con el fin de mostrar la riqueza de
nuestra lengua, allí donde se hable:
-Estar “aceuchá” (acebuchá): se refiere a las olivas que no crecen como
se espera o que no dan el fruto debido.
-Ser un alcornoque: expresión más extendida que significa “ser tonto o
zote”.
-Estar (ser) “achaparrao” (achaparrado): ser más ancho que alto.
-Estar más delgado que un espárrago: sirve para señalar a las personas
especialmente delgadas.
-Estar más tieso que un espárrago: sirve para describir a la persona que es
muy alto y estirado.
-Tener un aspecto mimbreño: tener complexión flexible, dúctil y elástica.
-A fuerza (de) yesca: significa lo mismo que “a base de dinero”.
-Parecer (ser) una “abulaga”: se refiere al carácter agrio o desconsiderado
que puede tener alguna persona.
-Extenderse como la grama: alude a cualquier evento que se difunde con
facilidad y prontitud, un cotilleo, una epidemia…
-Más alto que un chopo: alude a la altura que suelen alcanzar estos
árboles.
-Tener peor leche que los tártagos: se utiliza cuando alguien tiene mal
genio o condición.
-Oler peor que la ruda: el olor de esta planta resulta pesado y poco
agradable.
-Pedir árnica: se utiliza cuando alguien requiere o solicita un favor o la
ayuda de otro.
-Importar un bledo: no importar absolutamente nada.
-Parecer (ser) un cardo borriquero: el significado es similar al de “parecer
una abulaga”.
-Ser un cenizo: ser alguien que tiene o lleva la mala suerte a cuanto hace.
-Tener cenizo: tener mala suerte.
-Tener agallas: ser alguien que tiene valor o fuerza suficiente para
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enfrentarse a cualquier evento.
-Ser más conocido que la ruda: ser muy conocida.
-Armar o levantar un caramillo: levantar un falso testimonio o formar una
riña o pendencia sin justificación.
-Mascar retama: estar amargado, colérico y descontento.
-Quedarse en agua de borrajas: quedarse en nada lo que parecía sorprendente
o grandioso.
-Importar un comino, no dársele un comino a alguien, no montar o no valer:
alude a cualquier cosa o persona de poco o ningún valor.
-Ser un comino: por metáfora cariñosa o despectiva, persona de
pequeño tamaño; dicho más comúnmente de los niños.
-Criar malvas: estar muerto y enterrado.
-Haber nacido en las malvas: alude a haber tenido humilde nacimiento.
Ser como una malva, o una malva, también a ser dócil, bondadoso,
apacible.
-Acabársele a uno el tabaco: quedarse sin recursos.
De la misma forma que se utilizan las expresiones anteriormente
señaladas, aparecen los refranes, informando sobre cosechas, tiempos,
trabajos, cultivos, acciones aconsejables o inadecuados en su
entorno, como los que a continuación detallo:
-Febrero verano, ni paja ni grano.
-Si en enero canta el grillo, en agosto poco triguillo.
-En septiembre quien tenga trigo que lo siembre.
-En octubre, tu trigo cubre.
-Si no llueve en febrero, ni buen prado, ni buen centeno.
-Nunca es mal año por mucho trigo.
-En marzo ni migas ni esparto.
-Quién siembre una higuera, al año calavera.
-Año de brevas, nunca lo veas.
-Año de brevas, mal año esperas.
-Año de nueces, vengan mil veces.
-Cuando el erizo se carga de madroños, al revolcarse sobre ellos entrando está
el otoño.
-Cuando bisiesto el año es, las hojas del olivo se vuelven del revés.
-Por Santa Catalina, todo su aceite tiene la oliva.
-En febrero ya tiene flor el almendro.
-Noviembre, mes de patatas, castañas, bellotas y nueces..
-Por septiembre, calabazas.
-Por San Miguel, los higos son miel.
-Sólo de San Germán a San Miguel, el melón sabe a miel.
-El espíritu noble, fuerte como un roble.
-Mezcladas andan las cosas, junto a las ortigas nacen las rosas.
-El que ve romero y no lo coge, del mal que le venga que no se enoje.
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-La que va al campo y mejorana no coge del mal que ´la´ sobrevenga que no se
enoje.
-La que va al campo y no coge mejorana, no quiere a su amor de buena gana.
Simplemente esto ha sido un apunte de todo el saber popular
que se recoge entre nuestros mayores; el inventario de especies
silvestres está ligeramente esbozado aún podíamos continuar con
plantas como: los collejones, el cardo borriquero, la ortiga, la cardencha,
la salvia, la achicoria, el alcornoque o el chopo y simplemente
estaríamos arañando la extensa variedad vegetal y aproximándonos
a la increíble riqueza lingüística que conllevan, palabras populares y
localismos que se perderán por ser capital del lenguaje oral de nuestros
progenitores y su incomparable modo de vida.

MARÍA MILAGROS LÓPEZ FERNÁNDEZ


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3 responses

14 03 2008
laura

me parese q deberian chatiar conmigo laurita123-1@hotmail.com

10 06 2008
Rebeca

Me gustaría mucho entrar en contacto con la autora de este artículo. Me interesaría saber si ha trabajado en otras áreas del lenguaje tradicional de esta zona.
Muchas gracias
Rebeca Díaz

10 06 2008
Juan Ramón Navarro

Hola Rebeca:

Como se indica en el artículo ha sido sacado de la Revista de Estudios Monteños.

Yo no tengo ningún dato de la autora, pero te puedes dirigir a la Asociación Cultural Montes de Toledo, que es de donde copié el texto:

http://montesdetoledo.org/

Un saludo,
Juan Ramón

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