¿Vacaciones en Pampa Aceituno?

20 08 2007

* Me comenta Justo, que una de las protagonistas de este reportaje es de Fontanarejo.

http://www.lanzadigital.com/diariolanza/pb/periodico/periodicodetalle.asp?REG=11456&sec=CIUDADREAL

Dos enfermeras de Ciudad Real relatan su experiencia veraniega en una misión trinitaria en la parroquia de El Tejar, a las afueras de Sucre (Bolivia)

[Belén Rodríguez] [Ciudad Real]

Pilar Bejarano e Inmaculada Fernández son dos enfermeras del Hospital General de Ciudad Real que a mediados de julio hicieron las maletas y se marcharon de vacaciones al otro hemisferio, a la hermosa ciudad boliviana de Sucre, capital constitucional de aquel país que pugna con La Paz por conseguir la capitalidad total. Hasta ahí todo normal.
La diferencia es que ni Inmaculada ni Pilar son turistas al uso, sino que pertenecen a ese porcentaje de la población comprometida con los problemas sociales que dedican parte de su tiempo libre a cooperar, a ayudar a otros. Su estancia en Sucre no se puede considerar turismo. Ellas, avaladas por la ONG Tierra Solidaria de Castilla-La Mancha, de Miguelturra, y con dinero de su propio bolsillo han pasado 20 días de este verano 2007 en una misión de religiosos trinitarios en las afueras de Sucre, en la parroquia de El Tejar. En condiciones “lujosas”, asegura Inmaculada, puesto que ellas como el carismático sacerdote peruano Miguel Ángel Jiménez, el corazón de la misión, dormían en una cama blanda, y disponían de luz y agua corriente. Tres elementos de los que carecen la totalidad de los habitantes de la zona que malviven hacinados en casas de adobe en la altiplanicie boliviana. Están a más de 3.000 metros de altitud. Allí no crece casi nada, algunas papas y pastos con los que se alimentan las cabras que poseen algunas familias con una media de seis hijos. Muchos hombres trabajan en las minas o no hacen nada, son las mujeres las que llevan las cargas familiares.

Enriquecida
El panorama no se parece en nada a la pulserita de todo incluido de los destinos caribeños tan de moda y las ha golpeado profundamente. Sobre todo a Pilar quien afirma venir “enriquecida espiritualmente”. Para Inmaculada -socia de varias ONG, como Pilar- la sensación no es nueva. Hace tres años decidió apuntarse al programa de cooperantes de Castilla-La Mancha y estuvo en República Dominicana, en un batey, chozas en las que viven en condiciones de extrema pobreza quienes en su día trabajaron como esclavos en la caña de azúcar. Aquello le impacto tanto, la experiencia fue tan dura y enriquecedora, que confiesa haberse enganchado a la cooperación. Ya no se plantea seguir viviendo de espaldas a esa realidad del Tercer Mundo. En 2006 volvió a viajar así, aunque esa vez fue a El Muyo (Perú), para conocer los proyectos de cooperación en los que colabora la ONG Tierra Solidaria de Castilla-La Mancha. El viaje a Sucre es el tercero y ya se plantea, “esto engancha”, insiste, volver pero para participar en algún proyecto asistencial o trabajar con las mujeres indias en algún programa que les permita mejorar sus terribles condiciones de vida.
Ahora han instalado el botiquín en la escuela del paraje de Pampa Aceituno, un centro financiado al cien por cien por la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación. Se trata de algo más que una escuela, en el paraje ya existe un colegio con techo y paredes muy básico, en el que los niños, además de educación elemental, reciben desayuno y comida. Después regresan a casa, para muchos a kilómetros y kilómetros de camino por la altiplanicie.

Cocinan las madres
Las propias madres se turnan para cocinar unos alimentos que dona una familia. Los profesores reciben un sueldo del Gobierno irrisorio que no les permite ni pagarse el transporte desde el centro de Sucre, por lo que el carismático padre Miguel Ángel les recoge cada mañana y les lleva cada tarde.
La parroquia anda estos días revolucionada por las obras finales de la escuela, casi un palacio con tres módulos de ladrillo, con sus ventanas acristaladas y agua corriente, el objetivo: escolarizar a los niños, muchos tardan varias horas en llegar caminando y si no fuera por la comida no irían. Con 5 o 6 años los niños ya trabajan en Bolivia cuidando cabras, su medio de subsistencia.

“Es tanto lo que hacer por aquellas mujeres”, Inmaculada quiere irse a cooperar por la igualdad
A Inmaculada Fernández le impresiona las condiciones de la mujer en Bolivia. Abrasadas por el sol, cargadas de hijos que prácticamente sacan adelante solas, su vida es terrible. “Me encantaría encontrar financiación para sacar adelante programas que promuevan la igualdad y que se centren en mejorar sus condiciones de vida”.
La cárcel de Sucre -en la imagen- también les ha impactado. Hombres y mujeres malviven en un sitio inmundo pensado para cincuenta personas cuando se construyó, en los sesenta, y poblado ahora por 120 presos y presas separados por un muro. Comen, cuando su familia les visita -el rancho es ínfimo- y las mujeres se encargan de lavar la ropa a cambio de unos bolivianos (moneda local). Gracias a la misión trinitaria estos presos, que no disponen más que del suelo de una capilla para dormir, como perros (es tal el hacinamiento que no hay espacio para más), pueden hacer talleres de confección de chanclas con neumáticos viejos o de textiles.
Pilar e Inmaculada han donado 220 euros con los que los presos harán ‘chompitos’ (jerseys) y chanclas para los niños de la guardería estatal, ‘Kinder’ que les mostró el padre Miguel Ángel.


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One response

16 10 2007
Jose Maria

Emisferio (linea 5ª) es con “H”.
¡Saludos!.

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