LOS GAÑANES: VIDA Y MIES EN LAS ERAS DE ANTAÑO EN FONTANAREJO

19 08 2012

Entre las extenuantes faenas de la era, todas de extrema dureza, sacar la mies aventajaba al resto con diferencia. La realizaban los gañanes, personas fuertes y jóvenes, generalmente los mozos de la familia.

Los gañanes dormían, por norma, en la era para cuidar la yunta. De madrugada, con la aparición de las Cabrillas en el cielo, salían con los carros: de vacas o de mulas camino del corte. Durante el trayecto, que duraba según la lejanía de aquel, el gañan dormitaba subido en su carro. Cuando llegaba al “piazo” (suerte), recogía los haces y cargaba el carro. Cansado y somnoliento volvía a la era guiando con maestría, “injá” (aguijada) al hombro, a su yunta por el polvoriento carril.

Era espectacular ver la llegada de las yuntas comidas de moscas, sudorosas y nobles. A paso lento, deshacían cansadas y anhelantes de rodeo la ruta de vuelta. Se formaban, a veces, hileras de varias decenas de carros, todos bien cargados y con los haces trabados por la llave y la maroma atada al torno del carro. Había, en ocasiones, un mensaje subliminal en los carros mejor cargados y con más vueltas (capas de haces superpuestos). Un escaparate donde exhibían sus capacidades, ante la amada o la familia de de la misma, los mozos en amores. Muchas veces esto salía mal, pues los carros cuanto más vueltas se cargaban más estabilidad perdían y, claro, se corría el riesgo de volcar. Cuando se producía un vuelco el protagonista sufría una pequeña “humillación”. Se decía que fulano había puesto un molino. En estas ocasiones, se mostraba la solidaridad entre la gente de Fontanarejo. El resto de gañanes ayudaban al “molinero” a poner en orden el desaguisado. Entre todos levantaban el carro volcado y le cargaban para sacar al protagonista de la estacada.

Llegado a su era, el gañán descargaba el carro y hacinaba los haces, daba de comer a su yunta y la cuidaba con esmero. Mientras la yunta comía, él almorzaba migas con chorizo, lomo, pimientos y arrope. Luego, se pertrechaba para repetir por la tarde la misma faena. Cumpliendo un ritual cotidiano untaba de sebo el eje del carro, mojaba el cubo de la rueda, ponía el horquillo, la maroma y las coyundas dentro de la caja del carro, y se abastecía de agua. Dejaba preparado todo lo imprescindible para afrontar con garantía la tarea vespertina.

A las doce de la mañana, si podía, dormía un rato a trompicones, como se decía, molestado por el vaivén de los “trillaores”, que en el lamentable estado que se encontraban, no discernían bien si incordiaban con sus visitas permanentes al sombraje. Este descanso no se producía todos los días, pues en ocasiones se tenía que aventar el grano y era necesario el trabajo de todos. Como es de suponer, el gañán participaba como otro más en las diversas faenas. No gozaba de ningún privilegio. Tras un pequeño descanso arrimaba el hombro ayudando a limpiar. Luego uncía la yunta y subía los costales a la casa.

Después de comer, sobre las tres y media de la tarde, con cuarenta grados centígrados o más, el gañán volvía a desplazarse nuevamente al acarreo de mies. Esto se repetía todos los días, mañana y tarde, mientras duraba la época de trilla. A la vuelta, le esperaba un buen gazpacho hecho a la antigua usanza.

Todos los que trabajaban en las tareas de la era esperaban la llegada de las Fiestas de Agosto como agua de mayo. Esto suponía estar cinco o seis días de descanso. Se olvidaban los trabajos. Las yuntas se echaban a la “vacá” (vacada) para tener menos preocupaciones y participar en la fiesta con plenitud. Era un alivio para los esforzados gañanes ¿Quizá podrían descansar? Pero eran mozos. Tenían que divertirse.

Los mozos y chavales iban a bañarse al charco la Olla o al de la Losa el día quince por la mañana, antes de la procesión, para quitarse el tamo.

Con la llegada de las fiestas, se estrenaban vestidos, camisas y pantalones, especialmente, el dieciséis de agosto, San Roque, día grande en Fontanarejo de los Montes. Se vivían las fiestas con entusiasmo y alegría. Los mozos y mozas no descansaban. Había múltiples actividades: baile (a mediodía, antes de cenar y a partir de la una de la madrugada), toros todos los días y otras actividades festivas como carrera de caballos, de burros, pedestres, etc. Los chavales y chavalas iniciaban sus pinitos en el baile verbenero. Participaban en las diversas actividades lúdicas: carreras de sacos, piñatas, etc. Y en ocasiones, pocas, con suerte hasta se cumplía la tan reiterada promesa de enseñarles la mesa del turrón.

Las personas mayores iban a las verbenas. Bailaban pasodobles con gran maestría. Se sentaban a tomar cerveza de barril fresquita, la que existía entonces, y a la que llamábamos “meao de burro” por la espuma que hacía. A los chavales nos daban a beber aquella gaseosa artesana que se hacía en nuestro pueblo, y de la cual tenemos tan grato recuerdo.

Pasadas las fiestas, vuelta al tajo. El gañán seguía con su actividad. Cuando terminaba de sacar la mies encerraba el grano y más tarde la paja, luego retiraba la pajaza de la era y la llevaba a la hoja de labor para quemar las matas de monte. Con esta acción terminaba el ciclo de tareas que llamábamos “hacer el verano”.

Estas estampas, de épocas no tan lejanas, a muchos les parecerán Prehistoria; pero son información para que los que no vivieron aquellos tiempos recuerden sus raíces.

 

ASOCIACIÓN “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS DE FONTANAREJO”


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