El fuego de ayer y de hoy

3 05 2014

Leído en La Tribuna de Ciudad Real:

http://www.latribunadeciudadreal.es/noticia/Z3D91865A-E055-7E0E-A2B580D4433B9F3B/20140502/fuego/ayer/hoy

 

Foto de Pablo Lorente

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Cuando el último sol de abril cerró los ojos, Fontanarejo había cubierto ya sus calles y sus cuestas con el velo blanco del humo de romero. A las nueve en punto de la noche, con la tarde cayendo y el mes de mayo tras la esquina, el tañido de la campana de la iglesia desató una niebla provocada que se extendió rápidamente por la pequeña localidad, que multiplica sus voces en la noche en la que todos, vecinos e invitados, residentes y exiliados, se reúnen en torno a las brasas a comer y conversar después de que las piras de romero hayan purificado el aire de un pueblo que hace muchos años huía así de las epidemias y las enfermedades, y que ahora tienen en la última noche de abril un lugar para el encuentro.
La tradición dice que Fontanarejo recurrió al romero que puebla sus montes para evitar que por las ventanas y las rendijas de las casas se colara la peste. Según quien cuente la leyenda, puede variar la enfermedad, pero se trata sobre todo de sustituir el aire viciado de las epidemias por el humo de las hogueras prendidas con romero, dejando que su olor penetre en las casas y limpie todos los rincones. Ahora que las enfermedades se combaten en el centro de salud, Fontanarejo se resiste a enterrar el crepitar de una costumbre que lejos de amainar, crece, y aun con las puertas cerradas las hogueras se siguen prendiendo la última noche de abril.
La tradición la conocen grandes y pequeños, y la transmiten a cualquiera que se acerque en ese día tan señalado a compartir una cita que hace que el municipio, que ronda durante el año los 300 habitantes, multiplique por cuatro o por cinco las presencias en sus calles. «No encontrarás ninguna referencia en los libros», reconoce María del Carmen Arcos, una joven de Fontanarejo que recita de memoria la leyenda minutos antes de que las hogueras empiecen a arder, y aventura lo que va a pasar. «Los mayores siguen a las puertas de las casas para prender el romero, y los pequeños se reúnen en la iglesia a esperar a que las calles se llenen de humo», explica. Y así sucede. Cuando el velo blanco convierte a Fontanarejo en una novia tocada con humo junto al parque de Cabañeros, los pequeños, armados con palos, la emprenden a la carrera calles abajo para tratar de destruir las lumbres.

 


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