LA HISTORIA HECHA ‘ÁRBOL’

19 06 2014

Ya sabéis de la labor que viene realizando David Fernández Infante en la realización del “árbol genealógico” de todo el pueblo.

Recientemente, en el dominical de La Tribuna del domingo 15 de junio, salió publicado un artículo en el que se comenta su trabajo en la realización de dicho árbol genealógico.

Os lo traslado integramente, así como un enlace al artículo original.

 

Leído en La tribuna:

http://www.latribunadeciudadreal.es/noticia/Z14D80DB2-C35D-3BE2-8ADD6584287ECC6B/20140615/historia/hecha/arbol

 

Patricia Veradomingo, 15 de junio de 2014

El árbol genealógico de los fontanarejeños, con más de 7.000 referencias y datos del siglo XIV, está a punto de culminarse • David Fernández Infante lleva investigando su ascendencia desde 1998

Profundizar en la «pequeña historia de España» puede llevar a servirse de las más diversas herramientas: desde la cooperación a gran velocidad de un medio como internet al trabajo lento, minucioso y preciso sobre miles de legajos de letra indescifrable. Esta es la tarea que lleva desarrollando más de 15 años David Fernández Infante, un valenciano casado con una fontanarejeña que no dudó en proponer la creación de todo el árbol genealógico de Fontanarejo para confeccionar el suyo propio.

En este tiempo, los 287 habitantes de la localidad se han convertido en una base de datos con más de 7.000 nombres con sus fechas, que se remontan hasta «aproximadamente 1350» en el caso de «una familia de hidalgos venida a menos», gracias a la profusión de textos legales en los que demandaban esta condición y su correspondiente exención de impuestos. Más difícil es remontarse tan atrás en el resto de familias, pero Fernández Infante ha llegado, en casi todos los casos, hasta el siglo XVIII y en muchos, hasta el XVI.

En su investigación ha confirmado una corazonada inicial: la endogamia de los fontanarejeños. El 80 por ciento de la población tiene ascendencia común, lo cual califica de «lógico» porque no era un núcleo suficientemente prominente para que hubiera una significativa mezcla. Por tanto, se casaban y tenían hijos entre ellos o con vecinos de las localidades de alrededor (Alcoba, Arroba de los Montes y Navalpino) cuyos árboles genealógicos, por cierto, también está confeccionando.

Para evitar problemas legales con la normativa sobre protección de datos, comenzó a investigar sobre todo tipo de documentación (registro civil, parroquia, distintos archivos…) desde principios del siglo XX, «para no encontrarse con datos de personas vivas». Para el resto, ha sido esencial la colaboración de los vecinos. En 2008, presentó su proyecto en el salón de actos de Fontanarejo y puso en marcha la web http://fontanarejo.hispagen.eu, con un formulario a través del cual entre 70 y 80 personas (no residentes en la localidad, sino de segunda o tercera generación) han colaborado en su investigación. Tras el arduo trabajo, los datos «van llegando ya con cuentagotas » y «podría darse por finalizada la investigación en cualquier momento».

Internet también le ha allanado el camino en otros aspectos. Si se tiene en cuenta que hay datos sobre ciudadanos de Fontanarejo en Valladolid, Granada o Toledo, por citar sólo algunos lugares, la colaboración en red se convierte en fundamental. Fernández Infante es socio de Hispagen (Asociación de Genealogía Hispana) y comparte afición con otros cientos de personas. «Cuando alguien lleva muchos años investigando en una zona, recopila mucha información, así que si puedes ponerte en contacto, evita muchos viajes y tiempo», señala.

En algún momento, este ingente trabajo se recopilará en un libro. Aunque hay muchas formas de representar la ascendencia, sólo este formato podría recoger no sólo nombres y fechas, sino la «historia de cada pueblo, del día a día, del labrador, de las poblaciones pequeñas, cómo vivían, etcétera». Entre ellas, Fernández Infante destaca la vida «distendida de un cura del siglo XVI que mantenía relaciones con varias señoras de la población» y, cuando los vecinos amenazaron con denunciarle al obispo en Toledo, aprovechó su cargo dentro de la Inquisición para «abrir procesos contra ellos» e incluso «intentó asesinar a uno apostándose en un camino». En total, 500 folios de letra antigua desgranan sus aventuras. Solo unas más de todas aquellas con las que se ha topado en este tiempo y que componen la microhistoria de Fontanarejo.


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