EL PARTO DE UNA BURRA… Y UN “BUCHE” QUE LLAMA LA ATENCIÓN EN FONTANAREJO

29 09 2014

La cabaña ganadera en el año 1.752 fijaba en 50 los ejemplares de asnos que había en nuestro pueblo

Una burra de nuestro paisano Gregorio García Domínguez parió hace unos días en Fontanarejo un pollinito, un “buche” como decimos los de Fontanarejo. El hecho llamó la atención de personas que no habían visto nunca un animalillo recién nacido, un episodio que, años atrás, era habitual pues la cabaña ganadera local era muy abundante en vacas, yeguas, mulos, burros y, por lo tanto, las hembras preñadas y los partos eran frecuentes. No chocaba por lo tanto tanto ni a chavales y menos aún a mayores ver crias de becerros, potros, mulos o “buches”. Igualmente pasaba antaño, y pasa ahora, con las ovejas y cabras que parían y paren corderos y chivos en los campos y sierras de nuestro término municipal.

Valga como ejemplo de referencia que la cabaña ganadera de Fontanarejo en el año 1.752 fijaba en 50 los ejemplares de asnos, entre hembras y machos. Los burros eran por aquel entonces, junto a los mulos y caballos, animales imprescindibles para llevar a cabo las tareas del campo: trillar, sacar a “cargaero”, traer leña, llevar el hato, acarrear el “verde”, ir a la huerta, sacar basura, ir de caza, arar, ir a bañarse, cargar sacos de aceitunas etc. etc. Incluso en los actos lúdicos de las tradicionales Fiestas de Agosto solían celebrarse carreras de burros y, más antiguamente, hasta de competiciones a caballo. Por otro lado, y ya más recientemente, en el año 1.970 la cabaña ganadera en nuestro pueblo tenía 170 cabezas de ganado bovino, 3.000 cabezas de caprino y 154 ejemplares de caballar.

Pero volviendo a nuestros tiempos y tras producirse hace unos días el parto de la burra de Gregorio que fue al amanecer, algunos vecinos bajaron más tarde y a lo largo del día hasta la cerca donde estaba el animal y su cría para presenciar momentos curiosos como el hecho de que el “buche” intentara casi corretear a las pocas horas de haber nacido y mamar calostros de la ubre materna con ansia. La madre, una burra de raza zamorana recientemente adquirida por Gregorio, lamia y “mimaba” a su borriquillo y estaba pendiente de todos y todo lo que se acercaba a ver el curioso “acontecimiento”, con especial atención y recelo a los canes que merodeaban por allí.

Gregorio daba explicaciones a todos los que se acercaron, como es el detalle y la importancia que tiene que el buche mamara los calostros de la madre, pues parece que eso le da vigor y garantía en los primeros días de vida. Un acontecimiento, pues, que algunos pudimos disfrutar viendo como el pollino levantaba las orejas y miraba a su alrededor seguramente sorprendido al ver la “expectación” que habían generado sus primeras horas de vida en pleno campo de Fontanarejo. !Todo un acontecimiento!

J. Muñoz

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