EL “TESTUZ” Y EL “MECEDOR”: UN RITUAL LÚDICO-GASTRONÓMICO QUE MARCABA ANTAÑO EL DÍA DE LA MATANZA EN FONTANAREJO

19 01 2015

Los muchachos disfrutábamos tiempo atrás con unas “migas matanceras” tostadas al aire libre en las “Tres Escalerillas”, seguidas de un columpio que se montaba con una soga en un olivo o en un chaparro

EL DIARIO LANZA DE CIUDAD REAL SE HA HECHO ECO DE ESTA TRADICIÓN YA DESAPARECIDA

Justo Muñoz

La tradicional matanza familiar del cerdo marcaba una fecha muy importante en el calendario lúdico-gastronómico de muchas familias en la España rural hasta no hace mucho tiempo. El esperado acontecimiento, que se ponía en marcha cada año al llegar el invierno, arrancaba en nuestro pueblo con los intensos preparativos, tenía su jornada grande el día del sacrificio del cochino y se prolongaba durante un tiempo hasta que todo quedaba en su sitio: las artesas limpias, los chorizos colgados, los salchichones en su punto, los jamones salados y el embutido “echado en pringue”.

Para los muchachos de Fontanarejo el denominado “día de la matanza” suponía, años atrás, toda una novedad pues era una jornada de asueto en la que, además de vivir en directo el bullicio familiar que generaba semejante trajín, nos convertía en protagonistas de un ritual costumbrista, único y divertido: el “testuz” y el “mecedor”.

La celebración infantil/adolescente se desarrollaba antaño durante la jornada de la matanza, ya por la tarde. Mientras los adultos se esmeraban en el lavado de las tripas del marrano para el embutido, a la chiquillería, y seguramente para que no interrumpiéramos tan intensas tareas, se nos entregaba la pajarilla, que es el bazo del cerdo; el testuz del animal, de donde se sacaba la ternilla; y un poco de hígado para freir los “tropezones” con los que se acompañaban unas riquísimas “migas matanceras”. Los chavales las elaborábamos en el conocido y entrañable paraje de “Las Tres Escalerillas”, enclavado en la falda montañosa que arropa nuestro pueblo, donde las peculiares migas las tostábamos al rescoldo de una lumbre y, muchas veces, nos las comíamos al “puñao”, sin necesidad de cucharas.

Tras dar buena cuenta de tan tradicional y contundente ágape invernal, a base de migas acompañadas por la ternilla del testuz, la pajarilla y el hígado, los chiquillos montábamos el denominado “mecedor” que consistía en hacer un columpio en una encina/chaparro u olivo cercano utilizando para ello una de las sogas que se usaban nuestros padres, abuelos, hermanos o tíos en las cotidianas labores agrícolas. Los chavales hacíamos turnos para subir al ingenioso artilugio que permitía “mecerse” mientras el resto empujaba el singular columpio mientras se entonaban a coro unas tradicionales y sonoras letrillas. Una de ellas decía…”Amadeo está malo, ¿qué le daremos?”…etc. ; o esta otra….”Al pasar por el puente/ de la Victoria/, tropezó la madrina/, cayó la novia”. Y se cerraba con esta que indicaba que había llegado la hora del relevo y que le tocaba subir al siguiente… “ A la buena planilla/, del buen badil/ déjala escurra, déjala escurrir/”. A ratos se llevaba a cabo la denominada “morcilla, morcilla, morcilla”, que consistía en dar vueltas a la propia soga del columpio y dejar que se desenvolviera a su aire con la consiguiente sensación de “mareo” que producía.

El ritual lúdico del mecedor concluía al atardecer, “entre dos luces”, que es esa hora que va entre el final de la tarde y el inicio de la noche. El divertido y rudimentario columpio ponía fin al disfrute de los “más menudos” de la familia al rescoldo de la tradición.

Por otro lado, antaño el denominado “día de la matanza” muchos escolares incluso tratábamos de no ir a clase, una excusa que se había convertido en costumbre y con la que tuvieron que convivir por un lado y corregir por otro muchas-os de las maestras-os que ejercieron en Fontanarejo en los años, cuarenta, cincuenta, sesenta y hasta en los setenta, para evitar el gran absentismo escolar que se registraba durante la temporada de las matanzas caseras que ya casi han desaparecido.

IMG_0048


Acciones

Information

One response

5 01 2016
Carmen

Me ha encantado el artículo de las matanzas.Aunque salí con siete años de Fontanarejo las recuerdo perfectamente.Desde entonces no he vuelto a comer las pajarillas,que por cierto me encantaban.Enhorabuena por tus artículos,nos hacen revivir nuestra niñez en el pueblo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: