POTAJE CON “PELLUELAS” Y COLLEJAS, TORTILLA DE ESPÁRRAGOS SILVESTRES, ESCABECHE Y “SAPILLOS” MARCAN LA GASTRONOMÍA EN LA SEMANA SANTA DE FONTANAREJO

25 03 2016

El pueblo mantiene viva una ancestral costumbre que llena las mesas de una abundante y singular tradición culinaria el Jueves y el Viernes Santos

 

Antaño se llevaba a las majadas estos platos típicos para que los pastores y cabreros también cumplieran con la costumbre

 

La Semana Santa en Fontanarejo, además de los actos litúrgicos, trae cada año a las mesas una rica y tradicional gastronomía que aún hoy se conserva viva, aunque con menos intensidad que antaño. Las cocinas del pueblo registraban un gran trajín, que aún perdura, para elaborar platos y repostería típicos en estas señaladas fechas del calendario festivo: el potaje de garbanzos, que se acompaña con collejas y “pelluelas”; la tortilla de espárragos silvestres, el escabeche de bacalao, las natillas, los “sapillos”, el arroz con leche, los “canutillos” y las rosquillas marcan un peculiar costumbrismo culinario . Desde tiempo inmemorial, los de Fontanarejo han disfrutado durante el Jueves y el Viernes Santos de una abundante y peculiar comida que los lugareños han sabido conservar y trasmitir de generación en generación.

Años atrás, cuando había una gran actividad agrícola y ganadera con decenas de yuntas en las besanas y numerosos rebaños de cabras y ovejas en los montes, muchos gañanes, pastores y cabreros solían hacer un alto en el tajo para acudir al pueblo al medio día y cumplir con la costumbre de comer de vigilia (ausencia total de carne), pero con gran abundancia. Y los que, por circunstancias, no podían venir a sus casas, solían llenar también sus “merenderas” con tan singular comida para degustarla en el campo. En ocasiones era la familia quien se desplazaba hasta la majada para llevar el “hato” con el típico menú que era y es siempre el mismo esas dos jornadas: potaje, tortilla, escabeche de bacalao, seguidos de exquisitos postres a base de arroz con leche, natillas y “sapillos”.

También se suelen preparar durante la Semana de Pasión dulces típicos como los “canutillos” y las rosquillas fritas y recubiertas con azucar. Antiguamente se solían freir con el primer aceite del año, obtenido o bien de las viejas almazaras que funcionaban en la zona, o el que se elaboraba artesanalmente en cada casa.

POTAJE CON COLLEJAS

Al potaje “semanasantero” de Fontanarejo, que muchos lugareños llevan grabado en su memoria gustativa, se le suele echar collejas, una hierba de la familia de las cariofiláceas muy común en algunos parajes del término municipal, y que es una exquisita verdura. Al puchero, además de los correspondientes garbanzos y espinacas, se le acompaña también con “pelluelas”, una masa que se une y comprime regularmente en forma redonda u ovalada y que se elabora con pan rallado, huevo, perejil y ajo. Por último, al peculiar potaje se le adereza con un sabroso preparado a base de tomate empapado en vinagre, clavo y azafrán.

De segundo plato, lo típico es tomar tortilla de espárragos cogidos en los campos y llamados “hilacheros” o de esparraguera  silvestre;  y después se toma el escabeche. Este último plato se elabora con bacalao que, una vez troceado, desalado, frito y enfriado, se  reboza con huevo y, a continuación, los trozos del pescado se depositan en un caldo  amarillento que se elabora a base de sal, vinagre, agua, ajo, perejil, laurel, clavillos y azafrán.

Y la suculenta mesa del Jueves y Viernes Santos se remata con variados postres a base de arroz con leche, natillas o “sapillos”. Estos últimos se preparan, según el testimonio/receta que hemos escuchado en el pueblo, con huevo batido, harina o pan rallado de donde, una vez espesado, se elabora una especie de “pelotitas” que después se cuecen en leche aderezada con canela en rama y cáscaras de limón y naranja . Los “sapillos” se sirven fríos.

Tal es el arraigo de esta tradición muchas personas de Fontanarejo, que viven lejos del pueblo y en otras comunidades autónomas,  siguen manteniendo vivos estos típicos platos cuando llega la Semana Santa.  Se trata, sin duda, de una asumida, trasmitida y revivida gastronomía entendida como una genuina tradición y como una auténtica expresión cultural culinaria.

No está datado documentalmente de donde arranca y el porqué de esta rica costumbre gastronómica. Los más viejos del lugar ya cuentan que sus antepasados cumplían rigurosamente con este costumbrismo culinario tan variado y tan abundante que hasta había un antiguo dicho local que lo definía muy bien:” Tres días hay en el año que se llena bien la panza, Jueves Santo, Viernes Santo y el día de la matanza“. Eran, sin duda, otros tiempos en los que la ya casi desaparecida matanza casera del cerdo suponía también una jornada de gran disfrute y alegría para el estómago.

Justo Muñoz

Espárragos-bis Potaje

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S.Santa1 Ani2

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gastronomia


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