LA ESCRITORA CARMEN MANZANEQUE VISITA CABAÑEROS Y EL MUSEO ETNOGRÁFiCO Y EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE HORCAJO

18 10 2017

LA FINALISTA DEL PREMIO PLANETA EN EL AÑO 2014 ACABA DE PUBLICAR SU PRIMER POEMARIO “CUANDO LAS MUÑECAS ME NEGARON EL SALUDO”

La escritora castellano manchega Carmen Manzaneque, que fue finalista del Premio Planeta 2014 con su novela “Donde brotan las violetas”, visitó el pasado “puente” parte de la zona de Cabañeros y algunos lugares y pueblos de la comarca de la Jara, como Piedraescrita. En este último lugar estuvo en la ermita viendo las interesantes pinturas que alberga el citado recinto eclesiástico. También conoció el museo etnográfico de Horcajo, donde firmó en el libro de visitas y fue atendida por nuestro paisano Rubén Fernández, guía del citado museo, reabierto recientemente. Posteriormente se trasladó hasta el Centro de Interpretación de este municipio para conocer sus instalaciones.

La escritora, según nos comenta, quedó muy satisfecha del recorrido viajero y maravillada de los rincones y paisajes de la zona (las fotos panorámicas que acompañan este texto están hechas por ella misma, como la puesta de sol tomada en la carretera que va desde Retuerta del Bullaque hasta Horcajo). Carmen Manzaneque asegura que tiene previsto volver a finales del próximo mes de noviembre para adentrarse y visitar con detenimiento el Parque Nacional de Cabañeros y otros lugares.

Recordar que la obra de Carmen Manzaneque “Donde brotan las violetas” quedó entre las 10 seleccionadas de los 453 trabajos que se presentaron en aquella edición al citado premio en el año 2014. Un libro que, como ella misma dice, “nace de escuchar. De largas conversaciones con las personas que un día me regalaron sus recuerdos”.

Por otro lado, el pasado mes de abril llegó a las librerías su primer poemario “Cuando las muñecas me negaron el saludo”, un libro que presentó también en la Casa de Castilla La Mancha en Madrid, en la ciudad de Toledo y en cuya portada aparece ella cuando era niña.

Recordar que la escritora, nacida en Campo de Criptana (Ciudad Real) y residente actualmente en Illescas (Toledo), asistió a la tertulia fontanarejeña “Las Migas” celebrada en Madrid el pasado años con motivo del Día del Libro 2016, que coincidió además con el IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. El escenario de la degustación miguera y de la posterior charla con Carmen Manzaneque fue la Casa de Castilla-La Mancha, ubicada junto a la céntrica Puerta del Sol.

J. Muñoz

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EMILIANO MUÑOZ GARCÍA ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS” EN MADRID

23 09 2017

DESPEDIMOS EL TÓRRIDO VERANO 2017 CON UN “ENCUENTRO MIGUERO” EN EL QUE NUESTRO PAISANO FIRMÓ EN EL LIBRO DE INVITADOS, RECIBIÓ UN PERGAMINO CON LA HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO Y EL PAÑUELO VERDE DISTINTIVO DE LAS “LUMINARIAS”

 

HABLAMOS, ENTRE OTRAS COSAS, DE SU AFICIÓN A LA FOTOGRAFÍA CUYA MUESTRA PUDIMOS VER EN UNA EXPOSICIÓN DEL 14 AL 18 DEL PASADO MES DE AGOSTO

 

Emiliano Muñoz García, paisano fontanarejeño asentado en Madrid desde hace años, asistió como invitado a la tertulia “Las Migas” celebrada en el restaurante “El Rincón de Sancho”, un recinto culinario ubicado en el barrio madrileño de Argüelles en el que Carlos, hijo de Celia y Cele, nos preparó una suculenta sartén de migas. Y también se esmeró con abundantes “tropezones” a base de boquerones, pimientos verdes y rojos, panceta (“mesao”), chorizo, bacalao, uvas y arrope. Y para rematar, leche fría con la que empapamos unas riquísimas “migas canas”.

Tras finalizar el “ágape miguero”, con el que también despedíamos un caluroso y tórrido verano 2017,  llegó el rato de la plática y de una amena tertulia en la que hablamos con Emiliano de su trabajo y, sobre todo, de sus aficiones y más concretamente de la fotografía. Nuestro paisano tiene cientos y cientos de fotos captadas a lo largo de los 30 últimos años. Hay que recordar que del 14 al 18 del pasado mes de agosto los fontanarejeños y visitantes pudieron disfrutar de una exposición de fotografías realizadas por Emiliano Muñoz García. La muestra, impulsada por la asociación de “Amigos de las Luminarias” bajo el título “Naturaleza viva”, recogía un seleccionado manojo de instantáneas con la exultante  flora, la peculiar fauna y los impresionantes parajes de nuestro término municipal.

También hubo momentos para hablar de Fontanarejo  y, al echar la vista atrás viendo fotos retrospectivas, recordamos a muchos paisanos, recreamos instantes vividos y “paseamos” por espacios urbanos de antaño.

Emiliano  firmó en el libro de invitados de la tertulia “Las Migas”,  recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo desde sus orígenes hasta nuestros días y  también el pañuelo verde distintivo de nuestras tradicionales “Luminarias”.

Nos levantamos de la mesa bien avanzada la tarde con la satisfacción de haber pasado un buen rato marcado por el paisanaje, la gastronomía más autóctona y los recuerdos del ayer más reciente.

¡Ah!, y ya para concluir…¡bienvenido el otoño 2017!, que se “quedará” hasta el 21 de diciembre.

J. Muñoz

 

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UN INTENSO CHAPARRÓN REGISTRADO EL PASADO 28 DE AGOSTO HIZO RECORDAR LA TREMENDA NUBE QUE, EN ESA MISMA FECHA DEL AÑO 1952, SACUDIÓ FONTANAREJO

8 09 2017

SE CUMPLÍAN 65 AÑOS DE LA FUERTE TORMENTA, ACOMPAÑADA DE VENDAVAL Y PEDRISCO, QUE VOLCÓ CARROS, ROMPIÓ TEJAS, MATÓ AVES, DESTROZÓ HUERTOS Y DAÑÓ OLIVOS

El pasado 28 de agosto amaneció en Fontanarejo con un cielo cerrado que amenazaba lluvia. El chaparrón que cayó a primera hora de la mañana, y el posterior “champlazo” que descargó pasado el medio día, hizo que los fontanarejeños recordaran con más intensidad la estremecedora nube del 28 de agosto del año 1952. Se cumplían 65 años de aquella fecha en la que el miedo y el desconcierto cundió entre el vecindario. La coincidencia de otro fenómeno meteorológico aparatoso en un día tan señalado activó sin duda el recuerdo, sobre todo entre los más mayores, de aquella desconcertante jornada del año 1952 que entre el vecindario se conoce ya como “la nube del 28 de agosto”.

El intenso chaparrón caído hace unos días en nuestro pueblo, que coincidía con la recordada fecha de antaño, hizo correr abundante agua por las calles, regueros y cunetas pero, afortunadamente, no hubo que lamentar daños personales ni materiales, como sí ocurrió antaño. En esta ocasión, según cuentan algunos paisanos, el agua vino bien para la tierra, para el monte y para el arbolado tras un largo periodo de sequía.

Como ya se escribió en este blog tiempo atrás, un 28 de agosto de hace 65 años “un fuerte aguacero, que duró apenas quince minutos, irrumpió acompañado de un virulento pedrisco y de un fuerte viento que arrastró carros cargados de mies, volcó aventadoras/limpiadoras, levantó tejas, mató cientos de aves, destrozó olivos, arrasó huertas, machacó melonares y dañó considerablemente el arbolado y el monte autóctono allá por donde pasó. Un vecino del pueblo, Trinidad Pavón Fernández, quedó atrapado debajo de un carro cargado de haces de trigo y pudo ser rescatado cuando estaba casi asfixiado. Fontanarejeños que vivieron tan fatídica jornada aún recuerdan la renombrada nube del 28 de agosto como “lo nunca visto”. Una inscripción, grabada a mano en uno de los históricos corrales de ganado del municipio recuerda la aciaga fecha:” 28.8.1952”.

El diario LANZA de Ciudad Real recogió un reportaje publicado hace ahora 6 años y que se adjunta con estas líneas, en el que algunos paisanos nuestros narraron sus vivencias en tan sobrecogedora fecha. Contaron, entre otras cosas, que “el día ennegreció de tal manera que se hizo como de noche. Y, de repente, cayó una tromba de agua y pedrisco como nunca se había registrado en el lugar. Con tal fuerza y magnitud arreció la tromba y, sobre todo, el granizo que muchos troncos de olivos quedaron dañados durante aquéllos interminables y angustiosos minutos. Lo nunca visto”.

J. Muñoz

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CULTURA EN LA CANÍCULA DEL ESTÍO AGOSTEÑO

2 09 2017

La Cultura irrumpe  con fuerza en la ociosidad estival. El Tercer Encuentro de Verano confirma el interés de la gente por el conocimiento. La pintura, la escultura, la fotografía y la música han deleitado a  multitud de personas en Fontanarejo de los Montes coincidiendo con nuestras fiestas patronales.

Un calor agobiante no ha impedido la gran afluencia de visitantes: autóctonos y foráneos que se  ha visto sorprendida, positivamente, por el valor técnico y artístico de las obras expuestas.

Varias personas (todas fontanarejeñas: unas nativas, otras con raíces y alguna de adopción) con exquisito desprendimiento han mostrado su arte en nuestro pueblo. Es destacable el altruismo con el que han aportado sus magníficas obras para disfrute de sus paisanos y forasteros.

Participantes en las exposiciones:

Pintoras: Caridad Pizarro Fernández, Eloísa Fernández Romero y  Marina Fernández Ruiz.

Escultores: José Bernardo Giménez Martín y Juan Carlos Rodríguez Almansa.

Fotógrafo: Emiliano Muñoz García.

 

El encuentro cultural culminó con la palabra, siempre la palabra como vínculo de entendimiento entre las personas y los pueblos. Aquella se presentó en el coloquio sobre el Documento “Tal como Hablábamos en Fontanarejo de los Montes”.

En el diálogo  se expusieron diversos ejemplos de palabras cultas que  nosotros hemos usado siempre (utilizadas por nuestros clásicos) y que se contraponen a términos autóctonos. Ambos grupos de palabras están en nuestro acervo lingüístico y cultural permitiendo que nos entendamos.

Otra manifestación de la palabra se produjo en la interesante y entretenida actuación musical protagonizada por el polifacético y gran cantaor Rafael, un buen hombre de Navalpino y amigo de nuestro pueblo, acompañado por el músico Baldomero Arias, un virtuoso de la guitarra.

Entrambos nos deleitaron con un amplio repertorio de composiciones: pasodobles, rumbas, colombianas, fandangos y peteneras. Su elenco de canciones admiró y sorprendió al respetable por la maestría en su ejecución y el mensaje de sentimientos que transmitían.

Este Tercer Encuentro Cultural ha sido una experiencia que nos ha enseñado muchas cosas. La principal que la transversalidad de la cultura une y enriquece a las personas  y a los pueblos. ¡Viva la transversalidad cultural!

Visto el interés despertado, nos obligamos y comprometemos a seguir proponiéndoos actividades de igual calidad para deleite  de todos.

La Asociación Amigos de las Luminarias agradece la magnanimidad de quienes han aportado su obra para que otros la disfrutemos. Igualmente, nuestra gratitud para las personas que nos han visitado participando de las propuestas culturales que os hemos ofrecido. También, manifestamos el reconocimiento a nuestro Ayuntamiento y a nuestra Parroquia, sin su colaboración nuestra actuación hubiera  sido imposible.  Muchas gracias a todos.

Juan Manuel Gómez

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EL SONIDO SECO DE LA CARRACA MARCABA ANTAÑO EL VIERNES SANTO EN FONTANAREJO

13 04 2017

TIEMPO ATRÁS LOS MONAGUILLOS SOLÍAN TOCAR TAN PECULIAR ARTILUGIO DE MADERA. LOS MÁS MAYORES E INCLUSO LOS MOZOS TAMBIÉN HACÍAN SONAR “LA MATRÁCULA” EN LA SEMANA SANTA DE NUESTRO PUEBLO

El sonido inconfundible de la carraca marcaba antaño la tarde del Viernes Santo en Fontanarejo, como en otros pueblos de la comarca y de la provincia. Las campanas de la iglesia “enmudecían” durante esa jornada central de la Semana Santa en la que la protagonista era la singular carraca para anunciar el momento de la celebración de los actos litúrgicos.

Los encargados de hacer sonar tan peculiar artilugio de madera solían ser los monaguillos que, años atrás, recorrían las calles girando la tradicional carraca, que ya no se toca desde hace tiempo en nuestro pueblo.

Uno de los monaguillos que en los años cincuenta manejaron la carraca en Fontanarejo explicó a LANZA como recorrían el casco urbano en la tarde del Viernes Santo mientras  iban gritando un lacónico y repetitivo ..!!”A los oficios”!!, haciendo sonar el curioso sistema de madera en el que los dientes de una rueda producen un ruido muy seco al rozar con las lengüetas. “Recuerdo que los muchachos nos juntábamos con gran entusiasmo e íbamos todos en grupo y muy pendientes del relevo y de que te llegara el turno de coger la carraca para girarla con energía”, señala este fontarejeño, ahora jubilado, que recuerda con especial énfasis aquéllos recorridos tan sonoros.

Otro monaguillo de aquellos años significó que también se tocaba la carraca dentro de la iglesia, en lugar de la campanilla, en un momento de la celebración de los Oficios del Viernes Santo y para llamar a la Vigilia Pascual del Sábado Santo.

MATRACAS

Según algunos testimonios recogidos entre paisanos nuestros que ya saltan de los setenta años de edad, antes de la carraca, y quizá a veces al unísono, se tocaba en la Semana Santa de Fontanarejo una matraca, que los lugareños llamábamos “matrácula”. Se trataba de un característico artilugio compuesto por un tablón y unas aldabas móviles que provocaban un ruido estruendoso al golpear sobre la madera. “La matrácula la solían tocar los más mayores, y muchas veces hasta los mozos del pueblo, pues costaba bastante elevarla y girar con una sola mano la tabla para que golpearan contra la madera una especie de asas de acero que llevaba”, detalló uno de los monaguillos de aquél entonces.

Por otro lado, reseñar que en algunas iglesias e incluso catedrales de España hubo instaladas, siglos atrás, grandes matracas de campanario que se escuchaban sobre todo en el Viernes Santo y en la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Una de las más enormes estuvo instalada en la torre de la catedral primada de Toledo. La histórica carraca, construida en 1680, volvió a sonar el pasado año para anunciar los oficios del Viernes Santo, después de estar un siglo en desuso y “muda”. Aseguran quienes escucharon este sonoro “reestreno” de la espectacular carraca toledana que se oyó en buena parte de la ciudad del Tajo.

CARRACAS RECUPERADAS

Hay algunos pueblos que sí han recuperado o incluso no han perdido la tradición de tocar la típica carraca el Viernes Santo y las fotos que ilustran este reportaje están tomadas en uno de ellos: Fuentenebro (Burgos), que es el pueblo de mi esposa. Fue el pasado año, sin ir más lejos, cuando un grupo de jóvenes iban tocando sendas carracas a eso de las cinco de la tarde del Viernes Santo en el citado municipio burgalés, ubicado en plena Ribera del Duero. La nutrida cuadrilla juvenil gritaba…!”A los Oficios, a los Oficios”!, mientras hacían girar con mucho ímpetu el singular mecanismo de madera. Recuperaban, sin duda, un “leguaje” sonoro que en la Semana Santa de antaño comunicaba las horas para la celebración de los actos litúrgicos.

Justo Muñoz

Carracas y matracas
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MADROÑOS, PAISAJE Y CABRIOS EN FONTANAREJO

19 12 2016

LAS “MADROÑAS”, DE LAS QUE SE SACABAN ANTAÑO LOS TRADICIONALES CABRIOS PARA LAS TECHUMBRES, PRESENTAN UN SINGULAR COLOR ROJIZO CON SUS INCONFUNDIBLES FRUTOS

 

Los madroños, con su inconfundible color rojo cuando están maduros, son los protagonistas del paisaje fontanarejeño durante estas últimas semanas y estos días otoñales en vísperas, ya, del invierno. Numerosos rincones en barrancos, valles, montes, cuerdas, trochas, morros y veredas de nuestro pueblo presentan un precioso aspecto rojizo que es especialmente intenso en alguno de los parajes donde más abunda este arbusto. Hay que recordar que en nuestro término municipal hay incluso un paraje que se denomina la Madroña.  Pero también se pueden ver zonas salpicadas por esta planta en zonas como las Camachas, los Chapiteles, la Graja, los Barranquillos, Valdeja, los Valles   etc. etc.

El fruto, que se denomina igual que el árbol caracterizado por sus típicas ramas de color verde obscuro, tiene un singular sabor áspero y muy dulce cuando está en sazón. También los pájaros y numerosos animales buscan los madroños caídos al suelo para comérselos.

Por otro lado, de los árboles,  que en Fontanarejo llamamos “madroñas”,  se obtenían antaño los denominados cabrios para cubrir los techos de las casas, de los corrales, de los voladizos etc. La Real Academia define así el cabrio:” En la construcción tradicional, madero colocado paralelamente a los pares de una armadura de tejado para recibir el tablazón”.

Era frecuente que, tiempo atrás, los fontanarejeños acudieran a las zonas donde había más “madroñas” para cortar las ramas que estaban más sanas y presentaban menos curvas. De ellas salían los utilísimos cabrios que se tallaban con el hacha y la azuela para “afilar” con esmero cada una de las puntas para que asentaran mejor sobre la techumbre. No hay nada más que entrar en cualquier casa antigua del pueblo para comprobar cómo, entre viga y viga, los techos están repletos de cabrios alineados y cubiertos de barro sobre los que se colocaban las tejas, que frecuentemente salían de los tejares artesanales que funcionaron, tiempo atrás, en Fontanarejo.

Por último, un dato curioso: algún fontanarejeño, que conoció  aquellos métodos tan tradicionales a la hora de construir, asegura que “el mejor tiempo para cortar las ramas y elaborar los cabrios era cuando estaba la luna en cuarto menguante y la madroña ya había dado sus frutos, de esta forma la madera salía mucho más dura y no se apolillaba”. Es decir, cuando la luna y la madroña  estaban “muertas”. Dicho queda.

Vaya para terminar, y ya que estamos en víspera de las fiestas navideñas, esta letra de un conocido villancico que tiene que ver con el singular fruto del que estamos hablando y que dice así: “Madroños al niño no le demos más/ 
que con los madroños se va a emborrachar”.

 

FELICES PASCUAS Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017.

 

 Justo Muñoz

Madroños en diciembre de 2016

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EL ESCRITOR LUIS LANDERO, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y DE LA CRÍTICA, ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS”

25 11 2016

-En el encuentro, con uno de los grandes autores de la narrativa contemporánea, hablamos de su minucioso trabajo como novelista y de sus orígenes rurales en Extremadura.

-El escritor firmó en el libro de invitados, donde dejó plasmado un singular verso, y recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde simbólico de nuestras  “Luminarias”.

El escritor extremeño Luis Landero, premio Nacional de Narrativa y de la Crítica en 1990 por su obra primera “Juegos de la edad tardía”, asistió a la tertulia fontanarejeña “La Migas” en Madrid. Charlar con uno de los más grandes narradores de la Literatura Española contemporánea es un verdadero placer, un lujo; pero, si además, la conversación fluye después de comer una sartén de migas y al rescoldo de dar cuerda al recuerdo de nuestros orígenes rurales, el momento se convierte en sublime. Y así pasó, pues Luis, nacido en Alburquerque (Badajoz) en una familia campesina que emigró a Madrid en los años sesenta, mantiene muy nítidas esas vivencias que plasma magistralmente, en una narración muy emotiva, en su último libro “El balcón en invierno”. La obra ha sido galardonada con el premio “Libro del Año” por el gremio de libreros de Madrid.

Acompañaba a Luis Landero su amigo de toda la vida el doctor Juan Pedro Vázquez de la Cámara, médico rural en Castilla y León, viajero empedernido y ciudadano solidario. El encuentro gastronómico tuvo lugar en el restaurante “Casa Jacinto”, que regentan nuestra paisana Toni y su esposo Jacinto. Señalar que, nada más sentarnos, y tras colocar la sartén en la mesa, Luís recordó con nostalgia “las exquisitas migas que preparaba mi madre, muy similares a estas”.

Toni, que recibió un aplauso a modo de felicitación de todos los comensales por su maestría culinaria, nos preparó unas migas con abundantes tropezones: pimientos verdes y “chorruznos”, panceta (“mesao” que llamamos en nuestro pueblo), chorizo, boquerones, torreznos, morcilla, uvas, arrope y para rematar…leche fresca para “regar” unas deliciosas migas y convertirlas en “canas”.

Tras la degustación de tan contundente y típico plato llegó el momento de una enriquecedora tertulia en la que escuchamos a Luis Landero por un lado, hablar de su esmerado e intenso trabajo literario; y, por otro, contar numerosas anécdotas y momentos de su niñez en Alburquerque y de su adolescencia en el barrio madrileño de Prosperidad. Recuerdos entrañables de su abuela Francisca, que aparece en la portada de su última novela fotografiada con él; de su primo Paco, de sus padres, de su tío Ignacio y, en definitiva, de un mundo rural y campesino que todos los tertuliamos conocemos bien. De ahí lo emotivo de la tertulia en la que echamos la vista atrás para rememorar aquél ritual del reparto de la leche en polvo que nos ofrecían en la escuela, y que Luís la recuerda como “de muy buen sabor”; pasando por el trozo de “pan con lo que sea” que nos daban nuestras madres de “merendilla” en Fontanarejo. La palabra bocadillo no la conocíamos entonces y, posteriormente, nos sonó bastante rara.

En otro momento hablamos de que, muchos de nosotros, habíamos tenido la suerte de conocer a paisanos que “pesaban a ojo” el ganado y se equivocaban poco en el cálculo. Luis contó que su madre, fallecida el pasado año, había ganado no hace mucho tiempo un premio, una placa,  “que ella conservaba con orgullo y esmero, tras calcular con bastante precisión el peso de un cerdo en una tradicional matanza celebrada en Aranda de Duero”.  En ese contexto de costumbrismo rural hablamos también del simbólico y respetado apretón de manos con el que se cerraban los tratos antaño y del tradicional alboroque, que la Real Academia Española (RAE)  define como “agasajo que hacen el comprador, el vendedor o ambos, a quienes intervienen en una venta”.

Aprovechamos, por otro lado, para que Luis Landero nos dedicara algunos de sus libros. Y mientras el escritor, bolígrafo en ristre, plasmaba sentidos mensajes (algunos con su dibujo incluido que ilustra la portada de “Juegos de la edad tardía”), el doctor Vázquez nos contó algunos de sus viajes solidarios a África, donde suele acudir cada año en rutas humanitarias y de ayuda a gentes necesitadas.

Casi al final de la extraordinaria y animada sobremesa, de la que nos levantamos casi a las seis de la tarde, sacamos a relucir nuestras peculiares “Luminarias”, una tradición muy querida que mantenemos viva los de Fontanarejo. Luís vio con atención  un “ramillete” de fotos que recogen el gran sahumerio que protagonizamos los fontanarejeños cada 30 de abril al atardecer. Un momento que Juan Pedro Vázquez tuvo la oportunidad de disfrutar hace unos años cuando estuvo en nuestro pueblo y recuerda con intensidad las lumbres de romero ardiendo todas al unísono.

Luis Landero firmó en el libro de invitados de la tertulia “Las Migas”, donde nos dejó plasmado, de puño y letra, este verso: Bien se está en Casa Jacinto con migas y con amigos, los torreznos son testigos, de notario, el vino tinto. En mi pueblo nací ayer, y hoy, que ya voy para viejo, renazco en Fontanarejo”.

Entregamos a Luis y a Juan Pedro un pergamino con la historia de nuestro pueblo y el pañuelo verde simbólico de las ancestrales “Luminarias”, que llevaron atado al cuello en la despedida de un encuentro muy gratificante.

Ya anochecido, algunos contertulios fuimos dando un paseo hasta la céntrica Puerta del Sol, que muestra ya adornos navideños, y nos hicimos una foto para el recuerdo de una jornada en la que compartimos mesa, mantel, migas y charla con el autor de obras que ya forman parte del mejor catálogo de la narrativa española: “Juegos de la edad tardía”, “Caballeros de Fortuna”, “El mágico aprendiz”, “Entre líneas: el cuento de la vida”, “El guitarrista”, “Hoy, Júpiter”, “Retrato de un hombre inmaduro”, “Absolución” y “El balcón en invierno”.

Por cierto, Luis Landero, nos reveló que ya tiene terminada su nueva novela que seguramente verá la luz en la próxima primavera. ¡Enhorabuena, Luis!.

Justo Muñoz

Tertulia con Luis Landero
***Pincha en la foto para acceder a todo el álbum***








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