MADROÑOS, PAISAJE Y CABRIOS EN FONTANAREJO

19 12 2016

LAS “MADROÑAS”, DE LAS QUE SE SACABAN ANTAÑO LOS TRADICIONALES CABRIOS PARA LAS TECHUMBRES, PRESENTAN UN SINGULAR COLOR ROJIZO CON SUS INCONFUNDIBLES FRUTOS

 

Los madroños, con su inconfundible color rojo cuando están maduros, son los protagonistas del paisaje fontanarejeño durante estas últimas semanas y estos días otoñales en vísperas, ya, del invierno. Numerosos rincones en barrancos, valles, montes, cuerdas, trochas, morros y veredas de nuestro pueblo presentan un precioso aspecto rojizo que es especialmente intenso en alguno de los parajes donde más abunda este arbusto. Hay que recordar que en nuestro término municipal hay incluso un paraje que se denomina la Madroña.  Pero también se pueden ver zonas salpicadas por esta planta en zonas como las Camachas, los Chapiteles, la Graja, los Barranquillos, Valdeja, los Valles   etc. etc.

El fruto, que se denomina igual que el árbol caracterizado por sus típicas ramas de color verde obscuro, tiene un singular sabor áspero y muy dulce cuando está en sazón. También los pájaros y numerosos animales buscan los madroños caídos al suelo para comérselos.

Por otro lado, de los árboles,  que en Fontanarejo llamamos “madroñas”,  se obtenían antaño los denominados cabrios para cubrir los techos de las casas, de los corrales, de los voladizos etc. La Real Academia define así el cabrio:” En la construcción tradicional, madero colocado paralelamente a los pares de una armadura de tejado para recibir el tablazón”.

Era frecuente que, tiempo atrás, los fontanarejeños acudieran a las zonas donde había más “madroñas” para cortar las ramas que estaban más sanas y presentaban menos curvas. De ellas salían los utilísimos cabrios que se tallaban con el hacha y la azuela para “afilar” con esmero cada una de las puntas para que asentaran mejor sobre la techumbre. No hay nada más que entrar en cualquier casa antigua del pueblo para comprobar cómo, entre viga y viga, los techos están repletos de cabrios alineados y cubiertos de barro sobre los que se colocaban las tejas, que frecuentemente salían de los tejares artesanales que funcionaron, tiempo atrás, en Fontanarejo.

Por último, un dato curioso: algún fontanarejeño, que conoció  aquellos métodos tan tradicionales a la hora de construir, asegura que “el mejor tiempo para cortar las ramas y elaborar los cabrios era cuando estaba la luna en cuarto menguante y la madroña ya había dado sus frutos, de esta forma la madera salía mucho más dura y no se apolillaba”. Es decir, cuando la luna y la madroña  estaban “muertas”. Dicho queda.

Vaya para terminar, y ya que estamos en víspera de las fiestas navideñas, esta letra de un conocido villancico que tiene que ver con el singular fruto del que estamos hablando y que dice así: “Madroños al niño no le demos más/ 
que con los madroños se va a emborrachar”.

 

FELICES PASCUAS Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017.

 

 Justo Muñoz

Madroños en diciembre de 2016

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EL ESCRITOR LUIS LANDERO, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y DE LA CRÍTICA, ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS”

25 11 2016

-En el encuentro, con uno de los grandes autores de la narrativa contemporánea, hablamos de su minucioso trabajo como novelista y de sus orígenes rurales en Extremadura.

-El escritor firmó en el libro de invitados, donde dejó plasmado un singular verso, y recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde simbólico de nuestras  “Luminarias”.

El escritor extremeño Luis Landero, premio Nacional de Narrativa y de la Crítica en 1990 por su obra primera “Juegos de la edad tardía”, asistió a la tertulia fontanarejeña “La Migas” en Madrid. Charlar con uno de los más grandes narradores de la Literatura Española contemporánea es un verdadero placer, un lujo; pero, si además, la conversación fluye después de comer una sartén de migas y al rescoldo de dar cuerda al recuerdo de nuestros orígenes rurales, el momento se convierte en sublime. Y así pasó, pues Luis, nacido en Alburquerque (Badajoz) en una familia campesina que emigró a Madrid en los años sesenta, mantiene muy nítidas esas vivencias que plasma magistralmente, en una narración muy emotiva, en su último libro “El balcón en invierno”. La obra ha sido galardonada con el premio “Libro del Año” por el gremio de libreros de Madrid.

Acompañaba a Luis Landero su amigo de toda la vida el doctor Juan Pedro Vázquez de la Cámara, médico rural en Castilla y León, viajero empedernido y ciudadano solidario. El encuentro gastronómico tuvo lugar en el restaurante “Casa Jacinto”, que regentan nuestra paisana Toni y su esposo Jacinto. Señalar que, nada más sentarnos, y tras colocar la sartén en la mesa, Luís recordó con nostalgia “las exquisitas migas que preparaba mi madre, muy similares a estas”.

Toni, que recibió un aplauso a modo de felicitación de todos los comensales por su maestría culinaria, nos preparó unas migas con abundantes tropezones: pimientos verdes y “chorruznos”, panceta (“mesao” que llamamos en nuestro pueblo), chorizo, boquerones, torreznos, morcilla, uvas, arrope y para rematar…leche fresca para “regar” unas deliciosas migas y convertirlas en “canas”.

Tras la degustación de tan contundente y típico plato llegó el momento de una enriquecedora tertulia en la que escuchamos a Luis Landero por un lado, hablar de su esmerado e intenso trabajo literario; y, por otro, contar numerosas anécdotas y momentos de su niñez en Alburquerque y de su adolescencia en el barrio madrileño de Prosperidad. Recuerdos entrañables de su abuela Francisca, que aparece en la portada de su última novela fotografiada con él; de su primo Paco, de sus padres, de su tío Ignacio y, en definitiva, de un mundo rural y campesino que todos los tertuliamos conocemos bien. De ahí lo emotivo de la tertulia en la que echamos la vista atrás para rememorar aquél ritual del reparto de la leche en polvo que nos ofrecían en la escuela, y que Luís la recuerda como “de muy buen sabor”; pasando por el trozo de “pan con lo que sea” que nos daban nuestras madres de “merendilla” en Fontanarejo. La palabra bocadillo no la conocíamos entonces y, posteriormente, nos sonó bastante rara.

En otro momento hablamos de que, muchos de nosotros, habíamos tenido la suerte de conocer a paisanos que “pesaban a ojo” el ganado y se equivocaban poco en el cálculo. Luis contó que su madre, fallecida el pasado año, había ganado no hace mucho tiempo un premio, una placa,  “que ella conservaba con orgullo y esmero, tras calcular con bastante precisión el peso de un cerdo en una tradicional matanza celebrada en Aranda de Duero”.  En ese contexto de costumbrismo rural hablamos también del simbólico y respetado apretón de manos con el que se cerraban los tratos antaño y del tradicional alboroque, que la Real Academia Española (RAE)  define como “agasajo que hacen el comprador, el vendedor o ambos, a quienes intervienen en una venta”.

Aprovechamos, por otro lado, para que Luis Landero nos dedicara algunos de sus libros. Y mientras el escritor, bolígrafo en ristre, plasmaba sentidos mensajes (algunos con su dibujo incluido que ilustra la portada de “Juegos de la edad tardía”), el doctor Vázquez nos contó algunos de sus viajes solidarios a África, donde suele acudir cada año en rutas humanitarias y de ayuda a gentes necesitadas.

Casi al final de la extraordinaria y animada sobremesa, de la que nos levantamos casi a las seis de la tarde, sacamos a relucir nuestras peculiares “Luminarias”, una tradición muy querida que mantenemos viva los de Fontanarejo. Luís vio con atención  un “ramillete” de fotos que recogen el gran sahumerio que protagonizamos los fontanarejeños cada 30 de abril al atardecer. Un momento que Juan Pedro Vázquez tuvo la oportunidad de disfrutar hace unos años cuando estuvo en nuestro pueblo y recuerda con intensidad las lumbres de romero ardiendo todas al unísono.

Luis Landero firmó en el libro de invitados de la tertulia “Las Migas”, donde nos dejó plasmado, de puño y letra, este verso: Bien se está en Casa Jacinto con migas y con amigos, los torreznos son testigos, de notario, el vino tinto. En mi pueblo nací ayer, y hoy, que ya voy para viejo, renazco en Fontanarejo”.

Entregamos a Luis y a Juan Pedro un pergamino con la historia de nuestro pueblo y el pañuelo verde simbólico de las ancestrales “Luminarias”, que llevaron atado al cuello en la despedida de un encuentro muy gratificante.

Ya anochecido, algunos contertulios fuimos dando un paseo hasta la céntrica Puerta del Sol, que muestra ya adornos navideños, y nos hicimos una foto para el recuerdo de una jornada en la que compartimos mesa, mantel, migas y charla con el autor de obras que ya forman parte del mejor catálogo de la narrativa española: “Juegos de la edad tardía”, “Caballeros de Fortuna”, “El mágico aprendiz”, “Entre líneas: el cuento de la vida”, “El guitarrista”, “Hoy, Júpiter”, “Retrato de un hombre inmaduro”, “Absolución” y “El balcón en invierno”.

Por cierto, Luis Landero, nos reveló que ya tiene terminada su nueva novela que seguramente verá la luz en la próxima primavera. ¡Enhorabuena, Luis!.

Justo Muñoz

Tertulia con Luis Landero
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LA TERTULIA “LAS MIGAS” CUMPLE TRES AÑOS, IMPULSADA POR FONTANAREJEÑOS

9 11 2016

UN TOTAL DE 37 PERSONAS HAN ASISTIDO A LOS ENCUENTROS QUE SE CELEBRARON EN MADRID Y TAMBIÉN EN “CASILLAS” DE CAMPO EN NUESTRO PUEBLO

La tertulia “Las migas”, que nació en el mes de noviembre de 2013, cumple tres años. A lo largo de estos 36 meses han asistido a la misma un total de 37 personas que han degustado un plato tan típico, rural y tradicional como son las migas y, a la vez, han participado en las tertulias de sobremesa. Los “encuentros migueros” se han celebrando en dos restaurantes ubicados en el centro de Madrid y regentados por fontanarejeñ@s, “Casa Jacinto” y “ El Rincón de Sancho”; en la Casa de Castilla La Mancha en la capital de España y también se han celebrado en “casillas” de campo enclavadas en singulares parajes de nuestro querido pueblo como “El Aguilero”, “Valdepajares” o “El Río”.

El primer invitado a la tertulia “Las Migas” en aquel noviembre de 2013 fue el abogado Miguel Muga Madrid, que vivió con su familia en Fontanarejo cuando él era niño y adolescente. El segundo invitado fue el conocido periodista Miguel Ángel Oliver, director del informativo nocturno de la Cadena Cuatro, que es nieto de un fontanarejeño. Después les siguieron paisanos, amigos y conocidos: David García, Angel de la Cuesta, Antonio Sánchez, Javier Ortega, Antonia Guijarro, Angel Alcaide, Conchita Goyanes (Q.E.P.D.), María José Goyanes y el hijo de esta Javier Collado; los hermanos Serafín y Jesús Simón; Daniel Domingo; Felipe Martín, Gregorio García, los hermanos Dolores, Jesús y Antonio Rodríguez; Amado Fernández , Eloy Muñoz, Manuel Domínguez, los hermanos Amelia y Silvio García; María Ángeles Sánchez, Baldomero Arias, Gabino Fernández, Tomás Muñoz, Cándido Arias, Elena Ortiz, Laura Martín,Toni Ochoa, Carmen Manzaneque, Ceferino Muñoz, Eloy Muñoz y José Castillo . La última invitada fue nuestra paisana Isabel Rosa García, que vive desde hace 28 años en el reno Unido.

A lo largo de estos 36 meses, los tertulianos que forman este grupo, han compartido mesa y mantel con paisanos y también con gentes que vivieron o visitaron en algún momento nuestro término municipal. Todos los invitados recibieron un pergamino que recoge la historia de Fontanarejo desde sus orígenes hasta nuestros días. Y también firmaron todos en el libro de honor de la tertulia, cuya portada puede verse en las imágenes que acompañan a este texto, en el que dejaron plasmados sus mensajes.

Por otro lado, el diario LANZA de Ciudad Real, se ha hecho eco en varias ocasiones de la tertulia “Las Migas”, que impulsan un grupo de fontanarejeños en Madrid.

III aniversario Tertulia "Las Migas"

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LA ASOCIACIÓN “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS DE FONTANAREJO” REMEMORA LA VIDA PASTORIL CON UNA EXPOSICIÓN Y UNA TERTULIA

29 08 2016

LA MUESTRA PRESENTÓ VARIOS PANELES EXPLICATIVOS, ASÍ COMO UTENSILIOS USADOS EN LAS MAJADAS; Y TAMBIÉN SE CELEBRÓ UNA TERTULIA CON PASTORES DE NUESTRO PUEBLO

 

El Centro Social Polivalente de nuestro pueblo acogió hace unos días la exposición ‘La cultura y el arte pastoril en los Montes de Toledo’, una muestra promovida por la asociación “Amigos de las Luminarias de Fontanarejo”, dentro del II Encuentro Cultural de Verano 2016.

Los paneles explicativos, que se colgaron en las paredes del citado recinto  municipal, mostraron durante los tres días que estuvo abierta la muestra, una secuencia del oficio de pastor. Además de los cuadros, se colocaron una serie de utensilios pastoriles, aportados por fontanarejeñ@s, tales como el típico capote, los inconfundibles calderos, las tradicionales delantales de cuero, las apreciadas aceiteras, las útiles tijeras de esquiar, las entrañables merenderas de corcho, los sonoros cencerros, los sabrosos saleros etc. El día de la inauguración se llevó a cabo también una interesante tertulia sobre experiencias ganaderas en el mundo del pastoreo en la que intervinieron pastores ya jubilados de Fontanarejo y otros que ejercen esta profesión en la actualidad.

La exposición, organizada en la pasada primavera por la Asociación Cultural Montes de Toledo, estuvo comisariada por Jaime Gallardo Alamillo y en la muestra colaboraron los alumnos del Máster de Patrimonio Histórico de la UCLM. En los paneles se explica desde las tareas que se llevaban a cabo en las majadas, pasando por los chozos donde se dormía y se vivía; hasta los utensilios, herramientas y detalles del trabajo pastoril.

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MIGAS DE ERA, TRILLA Y GALBANA EN MADRID CON UN CALOR SOFOCANTE, SIMILAR AL QUE HACÍA ANTAÑO EN LAS ERAS DE FONTANAREJO

20 07 2016

JOSÉ CASTILLO FERRERA, ASISTE COMO INVITADO A LA TERTULIA “MIGUERA, FIRMÓ EN EL LIBRO DE HONOR Y RECIBIÓ UN PERGAMINO Y EL PAÑUELO VERDE SÍMBOLO DE “LAS LUMINARIAS”

 

La climatología se sumó al guión y ese día hizo un calor sofocante en Madrid. Tan alta temperatura incluso vino bien para rememorar las migas de trilla que, en pleno verano y con calores similares, se comían antaño para almorzar en las eras de Fontanarejo. Al encuentro gastronómico y a la posterior “tertulia  miguera” asistió nuestro paisano José Castillo Ferrera, con quien hablamos de vivencias, recuerdos y experiencias tanto en nuestro pueblo, donde también fue “trillaor”, como en Mallorca y Madrid, los lugares donde posteriormente trabajó hasta su jubilación .

Nos “apretamos” unas riquísimas migas de era, trilla y galbana (“garbana” decíamos en Fontanarejo),  que nos preparó Carlos en su mesón, “El Rincón de Sancho”, en el centro de Madrid muy cerca de la Plaza de España. Unas riquísimas migas salpicadas con abundantes “tropezones”…. Pimientos “chorruznos” y verdes, boquerones, bacalao, chorizo, panceta , uvas, arrope y leche final para las migas “canas”.

Todos los que nos sentamos a la mesa fuimos en su día “trillaores” en las eras de Fontanarejo y buena parte de la tertulia sirvió para recordar aquellos interminables días que pasábamos encima de la trilla o ayudando en otras tareas de la era como volver la parva, amontonar, emparvar o limpiar.

José Castillo refirió numerosas anécdotas vividas a pie de parva y también en las besanas de nuestro pueblo arando con la yunta. Con 18 años se marchó a Palma de Mallorca, donde trabajó durante 7 años, y finalmente vino a Madrid donde ahora vive. A lo largo de este dilatado tiempo y hasta su jubilación, nuestro paisano ha vivido numerosas experiencias laborales que van desde un breve periodo en la construcción nada más emigrar a Mallorca, pasando por la cocina de hostelería, hasta repartir butano. Posteriormente, y ya en Madrid, trabajó en una empresa de artes gráficas, regentó un bar, fue empleado en una fundición y finalmente estuvo 22 años como celador hospitalario.

También dedicamos un tiempo de la sobremesa para ver fotos retrospectivas de las tareas de verano en Fontanarejo que se iniciaban con la siega y concluían encerrando la paja. Vimos también imágenes de las Fiestas de Agosto de antaño con la entrañable verbena, los toros en la plaza de carros etc. y también fotos de los días en los que tocaba ir a bañarse en el charco de la Olla, de la Losa o en Guadiana, y que suponían unas jornadas de gran disfrute y asueto después del duro estío.

Al final de la interesante conversación, en la que José Castillo tuvo un recuerdo especial  para los maestros D. Miguel y D. Antonio por lo que le habían enseñado, nuestro paisano firmó en el libro de honor de la “Tertulia las Migas”, recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde , distintivo de las singulares “Luminarias”.

Finalizamos el encuentro “miguero” pasadas las seis de la tarde, comentando que era “la hora del gazpacho”, pues sobre esa hora llegaba el momento de hacer una parada en la era para comer un refrescante gazpacho que se tomaba a diario, como ocurría con las migas para almorzar o el cocido para comer al medio día. Sin duda una gastronomía tan modesta como potente.

Hartos de migas, fuimos dando un paseo por la Gran Vía para “bajar” un poco los “tropezones” en plena digestión…y aquí surgió la anécdota pues nos abordaron, en al menos dos ocasiones, ofreciéndonos folletos de recintos culinarios… ¡para que entráramos a cenar!. Desconocían, sin duda, cómo llevábamos la andorga. Pasamos después por Callao y terminamos en la céntrica Puerta del Sol con un calor y un bochorno que sirvió, ya en la despedida, para dar de nuevo cuerda al recuerdo de un tiempo pasado cuando fuimos todos “trillaores” en las eras de nuestro pueblo. ¡Qué galbana!.

Justo Muñoz

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INTENSA RUTA POR LA DEHESA BOYAL DE FONTANAREJO PARA REMEMORAR DESDE LOS ANCESTRALES “JOTRILES”, ADOBERAS, “POSTUEROS”, CHOZOS Y CARBONERAS HASTA LOS ANTIGUOS JUEGOS DE LA “BURRIA” Y EL “TRINQUETE”

23 06 2016

NUESTRO PAISANO ÁNGEL ALCAIDE ESPINOSA NOS GUIÓ POR UN MITICO PARAJE QUE ALBERGA  INTERESANTES  RINCONES, INCOMPARABLES PAISAJES, DURAS VIVENCIAS AGROPECUARIAS Y EMOTIVOS RECUERDOS

Justo Muñoz

La Dehesa boyal de Fontanarejo, además de albergar un singular paraje natural y paisajístico, guarda un gran patrimonio etnográfico local que tiene que ver con las viejas tareas agropecuarias, con antiguas costumbres que van desde los míticos chozos y carboneras hasta los ancestrales juegos del “Trinquete” y la “Burria”.

Para conocer de cerca tanta riqueza medioambiental y costumbrista hicimos a mediados del pasado mes de mayo una interesante ruta por la zona norte de la dehesa acompañados y guiados por nuestro paisano Ángel Alcaide Espinosa. Una caminata que completaba el paseo que realizamos hace ahora dos años por la parte sur-oeste.

Ángel ha sido, entre otras muchas cosas, vaquero y cabrero durante más de 40 años en tan apreciado recinto por lo que, sin duda, atesora una gran experiencia que, además, trasmite con precisión, emoción y con una lucidez envidiable a sus 77 años que cumplió hace poco. Nuestro particular guía, que recibió el pasado 30 de abril el galardón “Romero Cencío” por haber sido uno de los últimos cuidadores de los atajos comunales de nuestro pueblo, (el cabrero, concretamente), nos dio una gran lección de sabiduría ganadera y ruralista durante las más de cuatro horas que duró el recorrido. Ello nos permitió por un lado disfrutar de interesantes rincones e incomparables paisajes; y por otro escuchar o recordar acontecimientos e historias que, en algunos casos, impresionan pues tienen que ver con “noches de lobos” o con penurias y calamidades.

Entre los lugares que “pateamos”  cabe citar la “Cañá del Espirotal” Peña Gorda, la “Cañá Quemá”, la Hoya Honda, el Cerrillo Alto, el Soto, la Erilla de Guadiana, el Cerrillo de Cantos Blancos, “la Rinconá”, el Charco de los Muertos, el Chozo de las Tapias, el Barranco Mortecino, el Cerrillo de las Iniestas, la Peña de la Loma, la “Cañá Primera” etc. etc. En esta última pudimos ver las adoberas o zonas donde habitualmente se hacían los adobes con la tierra que se cavaba y a la que posteriormente se echaba paja y se pisaba con agua para lograr el barro antes de ponerlo en el molde de madera. También vimos el brocal del pozo y la antigua pila de granito que, en su día, estuvieron ubicados enfrente de la Fuente Vieja y supusieron, años atrás, una gran infraestructura para dar de beber al ganado.

Y hablando de agua, en alguno de los lugares del recorrido, como es el caso del Cerrillo Alto o de Peña Gorda, pudimos ver los cristalinos aljibes, metidos a veces entre las peñas, que tenían agua durante los meses más lluviosos y en los que los ganaderos llenaban de sus cantimploras, cubas o zaques.

LOS JOTRILES

En otro de estos rincones, como es el caso del Chozo de las Tapias, nos explicó Ángel en qué consistían los denominados “jotriles”, que eran un pequeño y singular chozo que se levantaba para resguardar de los lobos a los becerros recién paridos mientras las madres estaban uncidas al arado. Estos peculiares recintos “blindados” se construían aprovechando varios chaparros que formaban un círculo y que se cubría con espirotes, zarzas y espinos. Una habilidosa protección con medios naturales para los “chotillos” en ausencia de sus madres. Oímos también, en boca de tan experimentado guía, peculiares nombres de animales como los toros “Macareno” y “Jabalín”, el perro “Quimeras”,  las vacas “Carcelera”, “Jabonera” y “Cigarrera”, la “oveja Coronela” etc. que, por lo que refirió, dejaron una recordada huella animalista entre chaparros.

En un largo recorrido marcado por los cerrillos, los “postueros”, las cañadas, las trochas, los recodos, la flora, los “sesteros”, la fauna, las “querencias” del ganado, los charcos, los arroyos etc. etc. Ángel Alcaide dedicó un momento para hablar de los antiguos juegos con los que pasaban el rato los vaqueros y pastores que llevaban su ganado a la Dehesa. Se refirió a la denominada “Burria” y al “Trinquete”. Este último se practicaba lanzando con el impulso del pié las tradicionales “porras” que portaban los vaqueros, hechas con chaparros u otros arbusto. El jugador que perdía en el lanzamiento recibía los denominados “mantazos”  que eran muy celebrados por los ganadores y espectadores de tan ancestral juego.

En el caso de la denominada “Burria” era, según explicó nuestro guía,  un peculiar y juego muy similar al “golf”, pues se jugaba con las  citadas “porras” y consistía en golpear una pequeña bolita, que se hacía con corcha previamente cocida muy estezada, y lanzarla lo más cerca posible de un hoyo lejano o meter la artesana bola de corcho en el gua.

También nos refirió Ángel los juegos más infantiles en los que los “vaquerillos”  se entretenían jugando en plena dehesa boyal con singulares “toros” y “vacas” elaborados con horquillas de jara y con trozos de corcha. Todo un mundo de imaginación y disfrute en tan tierna infancia.

En otro momento nos encontramos en el recorrido con viejas “horneras” o carboneras, testigos de un tiempo en los que se elaboraba en la dehesa de Fontanarejo desde el tradicional “piconcillo” hasta el carbón. Este último combustible fue muy apreciado y demandado, siglos atrás, desde la ciudad de Toledo, en un período histórico en el que se llegó a implantar un impuesto, denominado “humazgo”,  que se pagaba por el “carboneo” de las dehesas boyales en los Montes de Toledo.

Un recorrido muy interesante y didáctico que, por otro lado, sirvió para disfrutar de un paisaje y de una vegetación exultante por las lluvias caídas en el primer tramo del mes de mayo, que fue el momento de nuestro recorrido como puede apreciarse en las fotos. Un paseo salpicado a veces por los charcos,  por las gamonitas, los “espirotes”, los jarales, las “uvas de la zorra”, los tomillares, las «campanitas de cañada», las margaritas, el almaraduz, los juncos, las chaparras etc… Vimos un mesto ( árbol mestizo, producto del alcornoque y la encina, parecido al primero en la corteza y a la segunda en el aspecto), que crece cerca de la “Cañá Primera”. Y terminamos comiéndonos una sartén de migas en el Aguilero con posterior tertulia. Una jornada completa y repleta de paisaje, de paisaje y también de aprendizaje.

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FONTANAREJO, MI PUEBLO

26 05 2016

Luminarias 2016

Desde que terminaron este año de 2016 las Fiestas de San Felipe y Santiago, patronos de Fontanarejo, y que he tenido la suerte de vivir en mi pueblo, me ha rondado por la cabeza la idea de escribir unas letras en donde intentar plasmar, aunque sea torpemente, la cantidad de sentimientos y recuerdos que he vivido en estos días.

Tengo que dirigirme necesariamente a la Asociación Amigos de la Luminarias para darle en primer lugar mi más sincera enhorabuena por la labor que sus miembros desarrollan dando a conocer a las nuevas generaciones nuestras costumbres y tradiciones. Y en segundo lugar, las gracias por darme la oportunidad de pasar unos momentos tan entrañables y emotivos el pasado 30 de Abril en el acto de homenaje a los quintos del 50 y del nombramiento de los romeros cencíos. Los recuerdos afloraron con gran intensidad.

Nací en la calle Parras el 8 de Abril de 1950. Mi padre, Miguel Crespo Baena, llegó a Fontanarejo en 1946 procedente de Fernán Núñez (Córdoba) para ejercer su profesión de maestro. Allí conoció a mi madre, natural de Fontanarejo, Elisa Fernández Sánchez. De este matrimonio nacimos mi hermano Martín Ángel y yo, permaneciendo en el pueblo hasta 1957.

Decía el gran poeta Antonio Machado, “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero …”. Para mí, mi infancia son recuerdos de …

Los paisajes de la dehesa, la Peña Redonda, los Arroyuelos y, como no, el Puerto, donde ir allí en verano era un día de fiesta (mientras los mayores se ocupaban de tareas menos agradables como labrar la huerta y hacer la colada, los niños aprovechábamos para bañarnos en las charcas y pasar un día inolvidable). O ir al Castillejo donde los primos mayores nos hacían vivir grandes aventuras de castillos y moros.

Los aromas del pan recién hecho al horno de la tía Marcelina, o los de los dulces, rosquillas, galletas, canutillos (que seguimos haciendo mi madre y yo, y que tanto gustan a mis amigos de Fernán Núñez), o de la Candelilla …

Las matanzas, cuando la casa se llenaba de bullicio y de trabajo para toda la familia, pero que los niños disfrutábamos de un día sin escuela, del mecedor y sobre todo, de lo más esperado, del testuz, con sus migas a “puñao” y de las pajarillas , que tanto me gustaban y que no he vuelto a comer. Recuerdo que mi último testuz a la tierna edad de 6 años  ¡fue en las tres escalerillas!. Eso hoy sería impensable.

Los olores del campo en primavera, cuando cogíamos tomillo, romero, margaritas, rosas ,,, para hacer pequeños altares. Recuerdo perfectamente uno que hice con mi prima Paca en su casa.

Las mañanas de verano jugando en la calle con los demás niños de los vecinos; Justa (amiga íntima de mi niñez y que eché en falta en el acto de los quintos), Florencia, Sofía, Teodora y su hermano Román q.e.p.d. …

Las tardes de verano. Cuando más apretaba el calor acompañaba a Paca, hija de la tía Genara, a llevar el gazpacho a los trilladores con la esperanza y la ilusión que nos dejaran dar una vuelta en el trillo.

Los bautizos y las bodas, tan sencillos y distintos a los de ahora, pero esperados con gran ilusión; con el refresco, la taza de chocolate, las flores, las rosquillas y otros dulces típicos.

Recuerdos más lejanos me traen a mi mente la imagen en la que estoy vestida de angelito acompañando a las niñas de comunión. Una representación teatral en el Salón de las alumnas de Dª Pilar. ¡Lástima que no queden testimonios gráficos!

 

Mis veinte años …

Transcurren por tierras cordobesas, en su campiña, pero no por eso dejamos de visitar Fontanarejo con cierta frecuencia. Tengo la suerte de que a mi marido siempre le ha gustado el pueblo y en especial sus gentes. De hecho, a nuestra vuelta del viaje de novios a Londres, el siguiente destino fue Fontanarejo, ocasión que aprovecharon los quintos para hacerle pagar “la media”, con gran disgusto de mi primo Jaime que hubiese preferido que lo echasen al pilón. Más tarde he vuelto con mis hijas y en una fecha no muy lejana espero poder hacerlo con mis nietos. Mis amigos de Fernán Núñez, me oyen una y otra vez cantar con pasión las maravillas del sitio que me vio nacer, hasta tal punto que en Mayo de 2009 un grupo de ellos se decidieron por fin a comprobar in situ todo lo que ya sabían por mí. Fue estupendo poder compartir con ellos esta vivencia, quedaron realmente satisfechos del paisaje y del paisanaje, y uno de ellos, imbuido sin duda por la belleza del paraje y de la amistosa convivencia, Fernando Serrano, poeta de prestigio, improvisó estos versos:

CANCIÓN DE FONTANAREJO

Vieja ilusión cumplida,
un viejo sueño,
entre jara y tomillo,
Fontanarejo.

Casas de adobe y piedra
bajo azul cielo,
callejuelas estrechas,
menta y romero
y un verde que te ciega
por los senderos.

Hasta Peña Redonda
vamos subiendo
y desde arriba el valle
se pierde inmenso
como una gran alfombra
de verde espliego.

Amigos, siempre amigos,
no compañeros.
La amistad es mirar
siempre derecho,
tomar juntos un vaso
de vino viejo,
saber que tendrás siempre
dándote aliento
un amigo leal, fiel y sincero.

No quiero terminar sin tener un recuerdo muy especial para tres mujeres de la familia que ya no están entre nosotros y que siempre hicieron que mi estancia en el pueblo fuera lo más agradable posible: la tía Marcelina, la tía Aurora y mi prima Isabel. Un beso para ellas allá donde estén.

Carmen Crespo Fernández

1.D. Miguel

2.Elisa 3.Mis padres y yo

4.Con la tia Aurora 5.Con Teodora

6.Mi hermano Martín A. y yo 7.En mi puerta de la calle Empedrá

8.Con mi prima Isabel en la Peña Redonda 9.Escuela en Fernán Núñez

10.En casa de mis tios Emiliano y Pilar. 1976 11.Mi hija Elena en la dehesa. Año 1989

12.En la dehesa. Año 2001 13.La dehesa estaba exhuberante. 2001

14.Con los amigos. Año 2009 15.Luminarias 2016








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