“LUMINARIAS” DE FONTANAREJO: UN INTENSO SAHUMERIO DE TRADICIÓN Y COSTUMBRISMO”

1 05 2017

Justo Muñoz Fernández

 

Cuando Fontanarejo, mi pueblo, encendió ayer al atardecer sus “Luminarias” de romero verde se cumplió, un año más, una costumbre que viene de lejos. Si una buena parte del éxito y de la garantía de continuidad de las tradiciones se basa en el relevo, los fontanarejeños estamos orgullosos de haber cogido con entusiasmo el testigo que nos pasaron nuestros antepasados y de haberlo entregado a los jóvenes que, cada vez más, se suman a esta celebración ancestral que nos llena de emoción, de paisanaje, de sentimientos y de vivencias en común.

Previamente al encendido de las lumbres, los lugareños reviven puntualmente el hábito de salir al campo a recoger el romero con el que se “alimentan” las hogueras que arden al unísono a las puertas de las casas. Siempre es al anochecer, entre dos luces, cuando repica la campana de la iglesia que sirve de aviso para quemar las “Luminarias”. Dicho y hecho: en unos minutos queda impregnado todo el casco urbano por el inconfundible olor que despide el romero y por el espectacular color blanco del humo que lo envuelve todo. Antaño, -algunas personas lo siguen rememorando ahora simbólicamente-, se abrían las casas, las cámaras, las tenadas, las trojes, los establos etc. en lo que podía considerarse una ancestral práctica en un afán purificador de las dependencias.

El origen de este antiguo rito, que se revive cada 30 de abril a la misma hora, no está datado documentalmente. Por transmisión oral, hemos escuchado a muchos paisanos longevos contar que sus antecesores ya referían que pudo tener un principio epidémico debido a alguna enfermedad que, siglos atrás, asolara el municipio y que se recurriera a este gran sahumerio a modo de desinfección. Otras versiones se inclinan por ver en las “Luminarias” un homenaje a los patronos del pueblo, San Felipe y Santiago, que salen cada día uno de mayo en procesión por las calles del pueblo. Sea por una cuestión, por la otra, o quizá por ambas a la vez, lo cierto es que los de Fontanarejo mantenemos vivo este apreciado hábito cada último día del mes de abril al que hemos dado continuidad a lo largo de tantos años y ha calado de generación en generación. Se trata de un instante sublime que se repite puntualmente en ese siempre esperado atardecer abrileño. Hablamos de un ansiado momento que no sólo se traduce en el encendido de la lumbre sino que, además, en ese prender el romero también afloran los recuerdos a nuestros antepasados que ya no están con nosotros, o a los que no han podido acudir al pueblo por circunstancias y por motivos diversos. Algunos de esos fontanarejeños ausentes en estas “Luminarias 2017” nos sumamos anoche, desde lejos, en la vivencia y en el sentimiento de un patrimonio que compartimos.

Vaya para terminar una reflexión: creo que sería bueno que una calle, una plaza o un rincón del pueblo se dedicara y llevara el nombre de “Las Luminarias” o del “Treinta de abril”. Con ello estaríamos perpetuando un inconfundible e imborrable mensaje a todos los fontanarejeños que, año tras año, encendieron las seculares lumbres de romero verde, las siguen prendiendo y las seguirán quemando. Todos, en definitiva, se calentaron, se calientan y se calentarán al rescoldo de una viejísima tradición que, estoy seguro, seguirá perdurando pues nuestra peculiar costumbre nos infunde un sentimiento común y un valor de identidad.

En la distancia me uno desde este blog al grito que se escucha en mi pueblo durante estos días tan señalados en el calendario festivo local…. ¡Viva las “Luminarias”!, ¡Viva San Felipe y Santiago!

(*) Artículo publicado en el diario LANZA de Ciudad Real el día 1 de mayo de 2017

 

 
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EL SONIDO SECO DE LA CARRACA MARCABA ANTAÑO EL VIERNES SANTO EN FONTANAREJO

13 04 2017

TIEMPO ATRÁS LOS MONAGUILLOS SOLÍAN TOCAR TAN PECULIAR ARTILUGIO DE MADERA. LOS MÁS MAYORES E INCLUSO LOS MOZOS TAMBIÉN HACÍAN SONAR “LA MATRÁCULA” EN LA SEMANA SANTA DE NUESTRO PUEBLO

El sonido inconfundible de la carraca marcaba antaño la tarde del Viernes Santo en Fontanarejo, como en otros pueblos de la comarca y de la provincia. Las campanas de la iglesia “enmudecían” durante esa jornada central de la Semana Santa en la que la protagonista era la singular carraca para anunciar el momento de la celebración de los actos litúrgicos.

Los encargados de hacer sonar tan peculiar artilugio de madera solían ser los monaguillos que, años atrás, recorrían las calles girando la tradicional carraca, que ya no se toca desde hace tiempo en nuestro pueblo.

Uno de los monaguillos que en los años cincuenta manejaron la carraca en Fontanarejo explicó a LANZA como recorrían el casco urbano en la tarde del Viernes Santo mientras  iban gritando un lacónico y repetitivo ..!!”A los oficios”!!, haciendo sonar el curioso sistema de madera en el que los dientes de una rueda producen un ruido muy seco al rozar con las lengüetas. “Recuerdo que los muchachos nos juntábamos con gran entusiasmo e íbamos todos en grupo y muy pendientes del relevo y de que te llegara el turno de coger la carraca para girarla con energía”, señala este fontarejeño, ahora jubilado, que recuerda con especial énfasis aquéllos recorridos tan sonoros.

Otro monaguillo de aquellos años significó que también se tocaba la carraca dentro de la iglesia, en lugar de la campanilla, en un momento de la celebración de los Oficios del Viernes Santo y para llamar a la Vigilia Pascual del Sábado Santo.

MATRACAS

Según algunos testimonios recogidos entre paisanos nuestros que ya saltan de los setenta años de edad, antes de la carraca, y quizá a veces al unísono, se tocaba en la Semana Santa de Fontanarejo una matraca, que los lugareños llamábamos “matrácula”. Se trataba de un característico artilugio compuesto por un tablón y unas aldabas móviles que provocaban un ruido estruendoso al golpear sobre la madera. “La matrácula la solían tocar los más mayores, y muchas veces hasta los mozos del pueblo, pues costaba bastante elevarla y girar con una sola mano la tabla para que golpearan contra la madera una especie de asas de acero que llevaba”, detalló uno de los monaguillos de aquél entonces.

Por otro lado, reseñar que en algunas iglesias e incluso catedrales de España hubo instaladas, siglos atrás, grandes matracas de campanario que se escuchaban sobre todo en el Viernes Santo y en la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Una de las más enormes estuvo instalada en la torre de la catedral primada de Toledo. La histórica carraca, construida en 1680, volvió a sonar el pasado año para anunciar los oficios del Viernes Santo, después de estar un siglo en desuso y “muda”. Aseguran quienes escucharon este sonoro “reestreno” de la espectacular carraca toledana que se oyó en buena parte de la ciudad del Tajo.

CARRACAS RECUPERADAS

Hay algunos pueblos que sí han recuperado o incluso no han perdido la tradición de tocar la típica carraca el Viernes Santo y las fotos que ilustran este reportaje están tomadas en uno de ellos: Fuentenebro (Burgos), que es el pueblo de mi esposa. Fue el pasado año, sin ir más lejos, cuando un grupo de jóvenes iban tocando sendas carracas a eso de las cinco de la tarde del Viernes Santo en el citado municipio burgalés, ubicado en plena Ribera del Duero. La nutrida cuadrilla juvenil gritaba…!”A los Oficios, a los Oficios”!, mientras hacían girar con mucho ímpetu el singular mecanismo de madera. Recuperaban, sin duda, un “leguaje” sonoro que en la Semana Santa de antaño comunicaba las horas para la celebración de los actos litúrgicos.

Justo Muñoz

Carracas y matracas
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MADROÑOS, PAISAJE Y CABRIOS EN FONTANAREJO

19 12 2016

LAS “MADROÑAS”, DE LAS QUE SE SACABAN ANTAÑO LOS TRADICIONALES CABRIOS PARA LAS TECHUMBRES, PRESENTAN UN SINGULAR COLOR ROJIZO CON SUS INCONFUNDIBLES FRUTOS

 

Los madroños, con su inconfundible color rojo cuando están maduros, son los protagonistas del paisaje fontanarejeño durante estas últimas semanas y estos días otoñales en vísperas, ya, del invierno. Numerosos rincones en barrancos, valles, montes, cuerdas, trochas, morros y veredas de nuestro pueblo presentan un precioso aspecto rojizo que es especialmente intenso en alguno de los parajes donde más abunda este arbusto. Hay que recordar que en nuestro término municipal hay incluso un paraje que se denomina la Madroña.  Pero también se pueden ver zonas salpicadas por esta planta en zonas como las Camachas, los Chapiteles, la Graja, los Barranquillos, Valdeja, los Valles   etc. etc.

El fruto, que se denomina igual que el árbol caracterizado por sus típicas ramas de color verde obscuro, tiene un singular sabor áspero y muy dulce cuando está en sazón. También los pájaros y numerosos animales buscan los madroños caídos al suelo para comérselos.

Por otro lado, de los árboles,  que en Fontanarejo llamamos “madroñas”,  se obtenían antaño los denominados cabrios para cubrir los techos de las casas, de los corrales, de los voladizos etc. La Real Academia define así el cabrio:” En la construcción tradicional, madero colocado paralelamente a los pares de una armadura de tejado para recibir el tablazón”.

Era frecuente que, tiempo atrás, los fontanarejeños acudieran a las zonas donde había más “madroñas” para cortar las ramas que estaban más sanas y presentaban menos curvas. De ellas salían los utilísimos cabrios que se tallaban con el hacha y la azuela para “afilar” con esmero cada una de las puntas para que asentaran mejor sobre la techumbre. No hay nada más que entrar en cualquier casa antigua del pueblo para comprobar cómo, entre viga y viga, los techos están repletos de cabrios alineados y cubiertos de barro sobre los que se colocaban las tejas, que frecuentemente salían de los tejares artesanales que funcionaron, tiempo atrás, en Fontanarejo.

Por último, un dato curioso: algún fontanarejeño, que conoció  aquellos métodos tan tradicionales a la hora de construir, asegura que “el mejor tiempo para cortar las ramas y elaborar los cabrios era cuando estaba la luna en cuarto menguante y la madroña ya había dado sus frutos, de esta forma la madera salía mucho más dura y no se apolillaba”. Es decir, cuando la luna y la madroña  estaban “muertas”. Dicho queda.

Vaya para terminar, y ya que estamos en víspera de las fiestas navideñas, esta letra de un conocido villancico que tiene que ver con el singular fruto del que estamos hablando y que dice así: “Madroños al niño no le demos más/ 
que con los madroños se va a emborrachar”.

 

FELICES PASCUAS Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017.

 

 Justo Muñoz

Madroños en diciembre de 2016

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EL ESCRITOR LUIS LANDERO, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y DE LA CRÍTICA, ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS”

25 11 2016

-En el encuentro, con uno de los grandes autores de la narrativa contemporánea, hablamos de su minucioso trabajo como novelista y de sus orígenes rurales en Extremadura.

-El escritor firmó en el libro de invitados, donde dejó plasmado un singular verso, y recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde simbólico de nuestras  “Luminarias”.

El escritor extremeño Luis Landero, premio Nacional de Narrativa y de la Crítica en 1990 por su obra primera “Juegos de la edad tardía”, asistió a la tertulia fontanarejeña “La Migas” en Madrid. Charlar con uno de los más grandes narradores de la Literatura Española contemporánea es un verdadero placer, un lujo; pero, si además, la conversación fluye después de comer una sartén de migas y al rescoldo de dar cuerda al recuerdo de nuestros orígenes rurales, el momento se convierte en sublime. Y así pasó, pues Luis, nacido en Alburquerque (Badajoz) en una familia campesina que emigró a Madrid en los años sesenta, mantiene muy nítidas esas vivencias que plasma magistralmente, en una narración muy emotiva, en su último libro “El balcón en invierno”. La obra ha sido galardonada con el premio “Libro del Año” por el gremio de libreros de Madrid.

Acompañaba a Luis Landero su amigo de toda la vida el doctor Juan Pedro Vázquez de la Cámara, médico rural en Castilla y León, viajero empedernido y ciudadano solidario. El encuentro gastronómico tuvo lugar en el restaurante “Casa Jacinto”, que regentan nuestra paisana Toni y su esposo Jacinto. Señalar que, nada más sentarnos, y tras colocar la sartén en la mesa, Luís recordó con nostalgia “las exquisitas migas que preparaba mi madre, muy similares a estas”.

Toni, que recibió un aplauso a modo de felicitación de todos los comensales por su maestría culinaria, nos preparó unas migas con abundantes tropezones: pimientos verdes y “chorruznos”, panceta (“mesao” que llamamos en nuestro pueblo), chorizo, boquerones, torreznos, morcilla, uvas, arrope y para rematar…leche fresca para “regar” unas deliciosas migas y convertirlas en “canas”.

Tras la degustación de tan contundente y típico plato llegó el momento de una enriquecedora tertulia en la que escuchamos a Luis Landero por un lado, hablar de su esmerado e intenso trabajo literario; y, por otro, contar numerosas anécdotas y momentos de su niñez en Alburquerque y de su adolescencia en el barrio madrileño de Prosperidad. Recuerdos entrañables de su abuela Francisca, que aparece en la portada de su última novela fotografiada con él; de su primo Paco, de sus padres, de su tío Ignacio y, en definitiva, de un mundo rural y campesino que todos los tertuliamos conocemos bien. De ahí lo emotivo de la tertulia en la que echamos la vista atrás para rememorar aquél ritual del reparto de la leche en polvo que nos ofrecían en la escuela, y que Luís la recuerda como “de muy buen sabor”; pasando por el trozo de “pan con lo que sea” que nos daban nuestras madres de “merendilla” en Fontanarejo. La palabra bocadillo no la conocíamos entonces y, posteriormente, nos sonó bastante rara.

En otro momento hablamos de que, muchos de nosotros, habíamos tenido la suerte de conocer a paisanos que “pesaban a ojo” el ganado y se equivocaban poco en el cálculo. Luis contó que su madre, fallecida el pasado año, había ganado no hace mucho tiempo un premio, una placa,  “que ella conservaba con orgullo y esmero, tras calcular con bastante precisión el peso de un cerdo en una tradicional matanza celebrada en Aranda de Duero”.  En ese contexto de costumbrismo rural hablamos también del simbólico y respetado apretón de manos con el que se cerraban los tratos antaño y del tradicional alboroque, que la Real Academia Española (RAE)  define como “agasajo que hacen el comprador, el vendedor o ambos, a quienes intervienen en una venta”.

Aprovechamos, por otro lado, para que Luis Landero nos dedicara algunos de sus libros. Y mientras el escritor, bolígrafo en ristre, plasmaba sentidos mensajes (algunos con su dibujo incluido que ilustra la portada de “Juegos de la edad tardía”), el doctor Vázquez nos contó algunos de sus viajes solidarios a África, donde suele acudir cada año en rutas humanitarias y de ayuda a gentes necesitadas.

Casi al final de la extraordinaria y animada sobremesa, de la que nos levantamos casi a las seis de la tarde, sacamos a relucir nuestras peculiares “Luminarias”, una tradición muy querida que mantenemos viva los de Fontanarejo. Luís vio con atención  un “ramillete” de fotos que recogen el gran sahumerio que protagonizamos los fontanarejeños cada 30 de abril al atardecer. Un momento que Juan Pedro Vázquez tuvo la oportunidad de disfrutar hace unos años cuando estuvo en nuestro pueblo y recuerda con intensidad las lumbres de romero ardiendo todas al unísono.

Luis Landero firmó en el libro de invitados de la tertulia “Las Migas”, donde nos dejó plasmado, de puño y letra, este verso: Bien se está en Casa Jacinto con migas y con amigos, los torreznos son testigos, de notario, el vino tinto. En mi pueblo nací ayer, y hoy, que ya voy para viejo, renazco en Fontanarejo”.

Entregamos a Luis y a Juan Pedro un pergamino con la historia de nuestro pueblo y el pañuelo verde simbólico de las ancestrales “Luminarias”, que llevaron atado al cuello en la despedida de un encuentro muy gratificante.

Ya anochecido, algunos contertulios fuimos dando un paseo hasta la céntrica Puerta del Sol, que muestra ya adornos navideños, y nos hicimos una foto para el recuerdo de una jornada en la que compartimos mesa, mantel, migas y charla con el autor de obras que ya forman parte del mejor catálogo de la narrativa española: “Juegos de la edad tardía”, “Caballeros de Fortuna”, “El mágico aprendiz”, “Entre líneas: el cuento de la vida”, “El guitarrista”, “Hoy, Júpiter”, “Retrato de un hombre inmaduro”, “Absolución” y “El balcón en invierno”.

Por cierto, Luis Landero, nos reveló que ya tiene terminada su nueva novela que seguramente verá la luz en la próxima primavera. ¡Enhorabuena, Luis!.

Justo Muñoz

Tertulia con Luis Landero
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LA TERTULIA “LAS MIGAS” CUMPLE TRES AÑOS, IMPULSADA POR FONTANAREJEÑOS

9 11 2016

UN TOTAL DE 37 PERSONAS HAN ASISTIDO A LOS ENCUENTROS QUE SE CELEBRARON EN MADRID Y TAMBIÉN EN “CASILLAS” DE CAMPO EN NUESTRO PUEBLO

La tertulia “Las migas”, que nació en el mes de noviembre de 2013, cumple tres años. A lo largo de estos 36 meses han asistido a la misma un total de 37 personas que han degustado un plato tan típico, rural y tradicional como son las migas y, a la vez, han participado en las tertulias de sobremesa. Los “encuentros migueros” se han celebrando en dos restaurantes ubicados en el centro de Madrid y regentados por fontanarejeñ@s, “Casa Jacinto” y “ El Rincón de Sancho”; en la Casa de Castilla La Mancha en la capital de España y también se han celebrado en “casillas” de campo enclavadas en singulares parajes de nuestro querido pueblo como “El Aguilero”, “Valdepajares” o “El Río”.

El primer invitado a la tertulia “Las Migas” en aquel noviembre de 2013 fue el abogado Miguel Muga Madrid, que vivió con su familia en Fontanarejo cuando él era niño y adolescente. El segundo invitado fue el conocido periodista Miguel Ángel Oliver, director del informativo nocturno de la Cadena Cuatro, que es nieto de un fontanarejeño. Después les siguieron paisanos, amigos y conocidos: David García, Angel de la Cuesta, Antonio Sánchez, Javier Ortega, Antonia Guijarro, Angel Alcaide, Conchita Goyanes (Q.E.P.D.), María José Goyanes y el hijo de esta Javier Collado; los hermanos Serafín y Jesús Simón; Daniel Domingo; Felipe Martín, Gregorio García, los hermanos Dolores, Jesús y Antonio Rodríguez; Amado Fernández , Eloy Muñoz, Manuel Domínguez, los hermanos Amelia y Silvio García; María Ángeles Sánchez, Baldomero Arias, Gabino Fernández, Tomás Muñoz, Cándido Arias, Elena Ortiz, Laura Martín,Toni Ochoa, Carmen Manzaneque, Ceferino Muñoz, Eloy Muñoz y José Castillo . La última invitada fue nuestra paisana Isabel Rosa García, que vive desde hace 28 años en el reno Unido.

A lo largo de estos 36 meses, los tertulianos que forman este grupo, han compartido mesa y mantel con paisanos y también con gentes que vivieron o visitaron en algún momento nuestro término municipal. Todos los invitados recibieron un pergamino que recoge la historia de Fontanarejo desde sus orígenes hasta nuestros días. Y también firmaron todos en el libro de honor de la tertulia, cuya portada puede verse en las imágenes que acompañan a este texto, en el que dejaron plasmados sus mensajes.

Por otro lado, el diario LANZA de Ciudad Real, se ha hecho eco en varias ocasiones de la tertulia “Las Migas”, que impulsan un grupo de fontanarejeños en Madrid.

III aniversario Tertulia "Las Migas"

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LA ASOCIACIÓN “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS DE FONTANAREJO” REMEMORA LA VIDA PASTORIL CON UNA EXPOSICIÓN Y UNA TERTULIA

29 08 2016

LA MUESTRA PRESENTÓ VARIOS PANELES EXPLICATIVOS, ASÍ COMO UTENSILIOS USADOS EN LAS MAJADAS; Y TAMBIÉN SE CELEBRÓ UNA TERTULIA CON PASTORES DE NUESTRO PUEBLO

 

El Centro Social Polivalente de nuestro pueblo acogió hace unos días la exposición ‘La cultura y el arte pastoril en los Montes de Toledo’, una muestra promovida por la asociación “Amigos de las Luminarias de Fontanarejo”, dentro del II Encuentro Cultural de Verano 2016.

Los paneles explicativos, que se colgaron en las paredes del citado recinto  municipal, mostraron durante los tres días que estuvo abierta la muestra, una secuencia del oficio de pastor. Además de los cuadros, se colocaron una serie de utensilios pastoriles, aportados por fontanarejeñ@s, tales como el típico capote, los inconfundibles calderos, las tradicionales delantales de cuero, las apreciadas aceiteras, las útiles tijeras de esquiar, las entrañables merenderas de corcho, los sonoros cencerros, los sabrosos saleros etc. El día de la inauguración se llevó a cabo también una interesante tertulia sobre experiencias ganaderas en el mundo del pastoreo en la que intervinieron pastores ya jubilados de Fontanarejo y otros que ejercen esta profesión en la actualidad.

La exposición, organizada en la pasada primavera por la Asociación Cultural Montes de Toledo, estuvo comisariada por Jaime Gallardo Alamillo y en la muestra colaboraron los alumnos del Máster de Patrimonio Histórico de la UCLM. En los paneles se explica desde las tareas que se llevaban a cabo en las majadas, pasando por los chozos donde se dormía y se vivía; hasta los utensilios, herramientas y detalles del trabajo pastoril.

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MIGAS DE ERA, TRILLA Y GALBANA EN MADRID CON UN CALOR SOFOCANTE, SIMILAR AL QUE HACÍA ANTAÑO EN LAS ERAS DE FONTANAREJO

20 07 2016

JOSÉ CASTILLO FERRERA, ASISTE COMO INVITADO A LA TERTULIA “MIGUERA, FIRMÓ EN EL LIBRO DE HONOR Y RECIBIÓ UN PERGAMINO Y EL PAÑUELO VERDE SÍMBOLO DE “LAS LUMINARIAS”

 

La climatología se sumó al guión y ese día hizo un calor sofocante en Madrid. Tan alta temperatura incluso vino bien para rememorar las migas de trilla que, en pleno verano y con calores similares, se comían antaño para almorzar en las eras de Fontanarejo. Al encuentro gastronómico y a la posterior “tertulia  miguera” asistió nuestro paisano José Castillo Ferrera, con quien hablamos de vivencias, recuerdos y experiencias tanto en nuestro pueblo, donde también fue “trillaor”, como en Mallorca y Madrid, los lugares donde posteriormente trabajó hasta su jubilación .

Nos “apretamos” unas riquísimas migas de era, trilla y galbana (“garbana” decíamos en Fontanarejo),  que nos preparó Carlos en su mesón, “El Rincón de Sancho”, en el centro de Madrid muy cerca de la Plaza de España. Unas riquísimas migas salpicadas con abundantes “tropezones”…. Pimientos “chorruznos” y verdes, boquerones, bacalao, chorizo, panceta , uvas, arrope y leche final para las migas “canas”.

Todos los que nos sentamos a la mesa fuimos en su día “trillaores” en las eras de Fontanarejo y buena parte de la tertulia sirvió para recordar aquellos interminables días que pasábamos encima de la trilla o ayudando en otras tareas de la era como volver la parva, amontonar, emparvar o limpiar.

José Castillo refirió numerosas anécdotas vividas a pie de parva y también en las besanas de nuestro pueblo arando con la yunta. Con 18 años se marchó a Palma de Mallorca, donde trabajó durante 7 años, y finalmente vino a Madrid donde ahora vive. A lo largo de este dilatado tiempo y hasta su jubilación, nuestro paisano ha vivido numerosas experiencias laborales que van desde un breve periodo en la construcción nada más emigrar a Mallorca, pasando por la cocina de hostelería, hasta repartir butano. Posteriormente, y ya en Madrid, trabajó en una empresa de artes gráficas, regentó un bar, fue empleado en una fundición y finalmente estuvo 22 años como celador hospitalario.

También dedicamos un tiempo de la sobremesa para ver fotos retrospectivas de las tareas de verano en Fontanarejo que se iniciaban con la siega y concluían encerrando la paja. Vimos también imágenes de las Fiestas de Agosto de antaño con la entrañable verbena, los toros en la plaza de carros etc. y también fotos de los días en los que tocaba ir a bañarse en el charco de la Olla, de la Losa o en Guadiana, y que suponían unas jornadas de gran disfrute y asueto después del duro estío.

Al final de la interesante conversación, en la que José Castillo tuvo un recuerdo especial  para los maestros D. Miguel y D. Antonio por lo que le habían enseñado, nuestro paisano firmó en el libro de honor de la “Tertulia las Migas”, recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde , distintivo de las singulares “Luminarias”.

Finalizamos el encuentro “miguero” pasadas las seis de la tarde, comentando que era “la hora del gazpacho”, pues sobre esa hora llegaba el momento de hacer una parada en la era para comer un refrescante gazpacho que se tomaba a diario, como ocurría con las migas para almorzar o el cocido para comer al medio día. Sin duda una gastronomía tan modesta como potente.

Hartos de migas, fuimos dando un paseo por la Gran Vía para “bajar” un poco los “tropezones” en plena digestión…y aquí surgió la anécdota pues nos abordaron, en al menos dos ocasiones, ofreciéndonos folletos de recintos culinarios… ¡para que entráramos a cenar!. Desconocían, sin duda, cómo llevábamos la andorga. Pasamos después por Callao y terminamos en la céntrica Puerta del Sol con un calor y un bochorno que sirvió, ya en la despedida, para dar de nuevo cuerda al recuerdo de un tiempo pasado cuando fuimos todos “trillaores” en las eras de nuestro pueblo. ¡Qué galbana!.

Justo Muñoz

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