TIEMPOS DE BELLOTAS, PIARA Y PORQUERO EN EL FONTANAREJO DE ANTAÑO

3 01 2016

El fruto de los chaparros suponía, tiempo atrás, un alimento básico para engordar los cerdos de cara a la tradicional y ya desaparecida matanza casera que se hacía en la mayoría de las casas de nuestro pueblo.

 

Las bellotas fueron, en su día, un alimento muy importante a la hora de “engordar” los cerdos de cara a la tradicional y ya casi desaparecida matanza casera que se hacía antaño en Fontanarejo. Los cochinos se alimentaban, durante una buena parte del otoño-invierno, del fruto de las encinas que se les suministraban en los corrales de cada casa o bien de las bellotas que comían directamente en el campo. La piara de guarros salía cada mañana por los diversos parajes nuestro término municipal donde había muchísimos chaparros que ofrecían gran abundancia de comida en los meses finales del año. El encinar era un soporte fundamental y gratuito para alimentar a los cerdos.
El ritual se repetía a diario. El inconfundible “porquero” hacía sonar cada mañana una caracola avisando de que había llegado la hora de soltar los cochinos de la zahúrda para que salieran al campo. Y allí estaban los puercos todo el día, al aire libre, comiendo, entre otras cosas, muchas bellotas. El piarero, un oficio tradicional y presente en Fontanarejo hasta los años sesenta, se encargaba de vigilar durante toda la jornada a los animales y de llevar a los marranos por las zonas donde hubiera abundante comida y agua. La manada de gorrinos regresaba al atardecer y entraba en el casco urbano casi siempre a la carrera. Resultaba curioso ver cómo cada cerdo se dirigía con absoluta precisión hasta la casa de su dueño donde, si no estaba la puerta abierta, se encargaba de hociquearla para “avisar” de su presencia. La ruidosa piara de marranos entraba puntualmente cada tarde en el casco urbano e irrumpía la primera “inundando” las calles de animales, seguida de las yeguas, a continuación entraban las vacas y, finalmente, lo hacían las cabras. Precisa y preciosa secuencia lugareña que impregnaba los atardeceres de un auténtico sabor rural y de un singular costumbrismo ganadero.

“NO QUIERO BELLOTAS ROTAS”
Las bellotas protagonizaron también dichos y cantares populares en nuestro pueblo. Vaya este ejemplo de un cántico que se refería a las bellotas y que, a modo de villancico, se entonaba antaño en Fontanarejo cuando los chavales acudían hasta las casas de familiares y vecinos pidiendo el aguinaldo. La bulliciosa chiquillería hacía el recorrido cada 24 de diciembre al anochecer provista de zambombas artesanales y de panderetas. Llamaban a las puertas al grito de ..”¿Se canta o se reza?”, y tras entrar a la cocina cantaban villancicos o, si se había registrado algún óbito reciente en la familia, rezaban un Padrenuestro o un Avemaría. Muchas veces tras entonar el cántico navideño, se le daba a la “chiquillada” un puñado de bellotas o de castañas. En otras ocasiones se les obsequiaba con unos mantecados y, a veces, con chorizos o un poco de lomo. Pocas veces, o casi nunca, recibían dinero porque, entre otras cosas, escaseaba. Decía así el añejo villancico, un tanto exigente….. “No quiero bellotas rotas/ ni castañas con ventanas/quiero lomo y longaniza/ para almorzar por la mañana”.
Eran, sin duda, tiempos pretéritos en los que las bellotas formaban parte de un ancestral costumbrismo campesino en Fontanarejo que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo.

Justo Muñoz

 
21-12-2015 235-R//embedr.flickr.com/assets/client-code.js

21-12-2015 243//embedr.flickr.com/assets/client-code.js

21-12-2015 228//embedr.flickr.com/assets/client-code.js

21-12-2015 250//embedr.flickr.com/assets/client-code.js





LOS GAÑANES: VIDA Y MIES EN LAS ERAS DE ANTAÑO EN FONTANAREJO

19 08 2012

Entre las extenuantes faenas de la era, todas de extrema dureza, sacar la mies aventajaba al resto con diferencia. La realizaban los gañanes, personas fuertes y jóvenes, generalmente los mozos de la familia.

Los gañanes dormían, por norma, en la era para cuidar la yunta. De madrugada, con la aparición de las Cabrillas en el cielo, salían con los carros: de vacas o de mulas camino del corte. Durante el trayecto, que duraba según la lejanía de aquel, el gañan dormitaba subido en su carro. Cuando llegaba al “piazo” (suerte), recogía los haces y cargaba el carro. Cansado y somnoliento volvía a la era guiando con maestría, “injá” (aguijada) al hombro, a su yunta por el polvoriento carril.

Era espectacular ver la llegada de las yuntas comidas de moscas, sudorosas y nobles. A paso lento, deshacían cansadas y anhelantes de rodeo la ruta de vuelta. Se formaban, a veces, hileras de varias decenas de carros, todos bien cargados y con los haces trabados por la llave y la maroma atada al torno del carro. Había, en ocasiones, un mensaje subliminal en los carros mejor cargados y con más vueltas (capas de haces superpuestos). Un escaparate donde exhibían sus capacidades, ante la amada o la familia de de la misma, los mozos en amores. Muchas veces esto salía mal, pues los carros cuanto más vueltas se cargaban más estabilidad perdían y, claro, se corría el riesgo de volcar. Cuando se producía un vuelco el protagonista sufría una pequeña “humillación”. Se decía que fulano había puesto un molino. En estas ocasiones, se mostraba la solidaridad entre la gente de Fontanarejo. El resto de gañanes ayudaban al “molinero” a poner en orden el desaguisado. Entre todos levantaban el carro volcado y le cargaban para sacar al protagonista de la estacada.

Llegado a su era, el gañán descargaba el carro y hacinaba los haces, daba de comer a su yunta y la cuidaba con esmero. Mientras la yunta comía, él almorzaba migas con chorizo, lomo, pimientos y arrope. Luego, se pertrechaba para repetir por la tarde la misma faena. Cumpliendo un ritual cotidiano untaba de sebo el eje del carro, mojaba el cubo de la rueda, ponía el horquillo, la maroma y las coyundas dentro de la caja del carro, y se abastecía de agua. Dejaba preparado todo lo imprescindible para afrontar con garantía la tarea vespertina.

A las doce de la mañana, si podía, dormía un rato a trompicones, como se decía, molestado por el vaivén de los “trillaores”, que en el lamentable estado que se encontraban, no discernían bien si incordiaban con sus visitas permanentes al sombraje. Este descanso no se producía todos los días, pues en ocasiones se tenía que aventar el grano y era necesario el trabajo de todos. Como es de suponer, el gañán participaba como otro más en las diversas faenas. No gozaba de ningún privilegio. Tras un pequeño descanso arrimaba el hombro ayudando a limpiar. Luego uncía la yunta y subía los costales a la casa.

Después de comer, sobre las tres y media de la tarde, con cuarenta grados centígrados o más, el gañán volvía a desplazarse nuevamente al acarreo de mies. Esto se repetía todos los días, mañana y tarde, mientras duraba la época de trilla. A la vuelta, le esperaba un buen gazpacho hecho a la antigua usanza.

Todos los que trabajaban en las tareas de la era esperaban la llegada de las Fiestas de Agosto como agua de mayo. Esto suponía estar cinco o seis días de descanso. Se olvidaban los trabajos. Las yuntas se echaban a la “vacá” (vacada) para tener menos preocupaciones y participar en la fiesta con plenitud. Era un alivio para los esforzados gañanes ¿Quizá podrían descansar? Pero eran mozos. Tenían que divertirse.

Los mozos y chavales iban a bañarse al charco la Olla o al de la Losa el día quince por la mañana, antes de la procesión, para quitarse el tamo.

Con la llegada de las fiestas, se estrenaban vestidos, camisas y pantalones, especialmente, el dieciséis de agosto, San Roque, día grande en Fontanarejo de los Montes. Se vivían las fiestas con entusiasmo y alegría. Los mozos y mozas no descansaban. Había múltiples actividades: baile (a mediodía, antes de cenar y a partir de la una de la madrugada), toros todos los días y otras actividades festivas como carrera de caballos, de burros, pedestres, etc. Los chavales y chavalas iniciaban sus pinitos en el baile verbenero. Participaban en las diversas actividades lúdicas: carreras de sacos, piñatas, etc. Y en ocasiones, pocas, con suerte hasta se cumplía la tan reiterada promesa de enseñarles la mesa del turrón.

Las personas mayores iban a las verbenas. Bailaban pasodobles con gran maestría. Se sentaban a tomar cerveza de barril fresquita, la que existía entonces, y a la que llamábamos “meao de burro” por la espuma que hacía. A los chavales nos daban a beber aquella gaseosa artesana que se hacía en nuestro pueblo, y de la cual tenemos tan grato recuerdo.

Pasadas las fiestas, vuelta al tajo. El gañán seguía con su actividad. Cuando terminaba de sacar la mies encerraba el grano y más tarde la paja, luego retiraba la pajaza de la era y la llevaba a la hoja de labor para quemar las matas de monte. Con esta acción terminaba el ciclo de tareas que llamábamos “hacer el verano”.

Estas estampas, de épocas no tan lejanas, a muchos les parecerán Prehistoria; pero son información para que los que no vivieron aquellos tiempos recuerden sus raíces.

 

ASOCIACIÓN “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS DE FONTANAREJO”





ANTONIO SÁNCHEZ CENCERRADO ASISTE A LA TERTULIA «LA CARROLA»

15 06 2010

Antonio Sánchez Cencerrado, que fue maestro en Fontanarejo durante unos meses en el año 1960 y posteriormente entre los años 1964 a 1968 , asistió como invitado al último encuentro gastronómico «La Carrola» y a la posterior tertulia que cada año organiza al final de la primavera la Asociación Amigos de las Luminarias. Tras degustar una deliciosa caldereta acompañada por el  típico «revientalobos», elaborados con gran maestría culinaria por Ceferino Muñoz y Enrique Muñoz, se inició una interesante tertulia centrada, fundamentalmente, en aquellos años de escuelas unitarias en las que las ratios, los medios y las normas eran tan distintas a las actuales. La charla, salpicada de anécdotas y momentos imborrables, dio paso a la firma en el libro de honor de la tertulia «La Carrola» en el que Antonio Sánchez Cencerrado dejó escrito su mensaje cargado de recuerdos y de amistad.

Con estos encuentros, la Asociación Amigos de las Luminarias trata de impulsar jornadas en las que se comparta mesa y tertulia y que sirvan por un lado para el disfrute de la gastronomía más autóctona y por otro para fomentar la cultura del diálogo, el debate, la charla y la amistad con invitados que, en su mayoría, estuvieron en nuestro pueblo por circunstancias profesionales, laborales o personales.

La tertulia se levantó pasadas las seis de la tarde para poder asistir al III encuentro Regional de Yuntas y Carreteros que se celebraba ese día en la dehesa boyal de Fontanarejo.

Por la tertulia «La Carrola» han pasado, entre otros invitados, el historiador e investigador José Ignacio Tellechea Idígoras, autor de numerosos libros y amigo personal del Papa Juan XXIII; Ernesto de Nova Sánchez, jefe de Urología del Hospital General de Elche y médico en Fontanarejo en los años setenta; Vicente Gómez Zamora, que fue sacerdote en Fontanarejo en los años sesenta; Carlos Corella Anaya, alcalde de Fontanarejo desde el año 1991 hasta 1995, Tomás Villar, actual Vicario General de la Diócesis y sacerdote en Fontanarejo en los años setenta; Jesús Sánchez Valiente, que fuera cura en Fontanarejo entre los años 1967-1971 y actual profesor en Sevilla.





COMIDA-ENCUENTRO CON DON ANTONIO PASCUAL AL CUMPLIRSE MEDIO SIGLO DE SU LLEGADA A FONTANAREJO

7 04 2010

UNA EXPOSICIÓN CON FOTOS DE ÉPOCA Y VARIAS LECTURAS  SIRVIERON PARA RECORDAR EL TRABAJO DE ESTE GRAN MAESTRO

COMIDA-ENCUENTRO CON DON ANTONIO PASCUAL AL  CUMPLIRSE MEDIO SIGLO DE SU LLEGADA A FONTANAREJO

Alumnos-as y amigos de Don Antonio Pascual Colás, maestro jubilado que dedicó 17 de sus años de docencia a enseñar en nuestro pueblo, se acaban de reunir con él en una comida que tuvo como escenario el Centro Cultural Polivalente, unas instalaciones municipales levantadas en el mismo lugar que ocuparon las viejas escuelas, inauguradas en 1955, en las que impartió tantas horas de clase y desvelos.

El encuentro, organizado con motivo de los 50 años de la llegada de Don Antonio a Fontanarejo que se cumplen ahora, sirvió, además de para el reconocimiento público de una gran labor escolar, para dar cuerda al recuerdo de una época en la que asistían más de 70 alumnos a la escuela de niños que estaba a su cargo y otras tantas alumnas a la escuela de niñas al frente de la cual estaba Doña Pilar Gómez Quinzaños (q.e.p.d). Un tiempo sin duda fructífero en lo educativo y enriquecedor en el ejercicio de los valores humanos.

Una exposición con antiguas fotografías escolares colgadas en las paredes reflejaba algunos instantes de aquélla etapa educativa marcada por los pupitres de madera, los tinteros, la estufa de leña, la enciclopedia Álvarez, la esfera con la “bola del mundo” o los viejos mapas de los que también hubo una pequeña muestra en el escenario.

A los postres, con el típico escabeche y las natillas que pusieron el broche de oro gastronómico tras la degustación de un exquisito cocido, algunos alumnos-as (Tomás, Francisca, Juanma, Elisa, Anselmo, Antonia)  leyeron poemas de creación propia (“Mi baluarte”), de  Federico García Lorca (Romance Sonánbulo”…), de Miguel Hernández (“Las abarcas vacías”…) ; y pasajes del Quijote como el de “Los Molinos de viento”, los mismos que resonaron años atrás en los singulares “dictados” y lecturas que impartía D. Antonio a sus escolares en las viejas aulas. Otros alumnos (Enrique, Baldomero, Eli) recordaron momentos vividos en aquéllos intensos años de escuela, de representaciones de obras de teatro, (“Bodas de Sangre”, “La casa de Bernarda Alba” “Melocotón en almíbar”…), de excursiones a Salamanca, Alicante, Granada etc.

En nombre de los amigos habló el periodista Jesús Prado Sánchez quien contó, de manera distendida, un manojo de anécdotas vividas con D. Antonio por los campos y rincones de Fontanarejo y reveló que ambos se habían salvado de recibir el tradicional “maculillo”, que se encargaban de dar las fontanarejeñas a los forasteros, merced a la intervención del sacerdote D.Vicente Gómez Zamora, destinado por aquéllos años en nuestro pueblo.

Dos alumnos, Felipe y Gabino, entregaron a su maestro D. Antonio, en nombre de todos los asistentes, sendos cuadros del pintor José Azorín que reflejan momentos de la trayectoria de un maestro considerado ejemplar por todos los que compartimos el pasado sábado mesa, mantel y vivencias. Don Antonio Pascual Colás agradeció los elogios y los reconocimientos que había recibido en un encuentro que se cerró con una foto de grupo que servirá para mantener aún más vivo el recuerdo de un tiempo pasado que, a nuestro parecer, fue muy positivo.

Intervinieron

Entrega de los cuadros del pintor José Azorín

Foto de los asistentes

Ver todas las fotos en una presentación:

http://www.flickr.com/photos/rnavar1952/sets/72157623649374905/show/

Todas las fotos en este álbum, puedes verlas en distintos tamaños y descargarlas:

http://www.flickr.com/photos/rnavar1952/sets/72157623649374905/





LA VÍA ROMANA DE FONTANAREJO

17 02 2010

Isidro ha publicado un nuevo artículo en su blog. En esta ocasión dedicado a los “Empedrados del Puerto”.

Podéis leerlo en:

http://isidro-fontanarejocronologiahistorica.blogspot.com/2010/02/la-via-romana-de-fontanarejo.html

Un saludo,

Juan Ramón





Fontanarejo. Un pueblo con historia

29 01 2010

Con el ánimo de dar la máxima difusión a nuestra historia, la historia de nuestro pueblo, se ha empezado a realizar una serie de publicaciones a partir de manuscritos recogidos en el Archivo Histórico de la Diputación, que dan cuenta del paso del tiempo desde la creación de nuestro pueblo.

Ya tenemos la primera publicación de la que podéis solicitar un ejemplar gratuito en el Ayuntamiento y en la Biblioteca del pueblo.

La traducción de estos manuscritos y la maquetación del libreto ha sido realizada por David Fernández Infante.

Próximamente podréis descargaros el documento desde este blog.

Un saludo,

Eva García





Chocolatada y teatro para celebrar el fin del trimestre

9 01 2010

Fotos enviadas por Eva García

Ver todas las fotos de Eva:

http://www.flickr.com/photos/rnavar1952/sets/72157607091481958/








A %d blogueros les gusta esto: