“NEVADA JAREÑA” EN MONTES, SIERRAS, COLLADOS Y MORRAS DE FONTANAREJO

2 06 2016

LA HUMILDE JARA, ADEMÁS DE LUCIR UNA PECULIAR FLORACIÓN PRIMAVERAL, HA SIDO UTILIZADA A LO LARGO DEL TIEMPO EN NUESTRO PUEBLO COMO COMBUSTIBLE EN LUMBRES Y HORNOS, PARA OBTENER EL “TILLO” DE LAS TECHUMBRES, COMO ELEMENTO PRIMORDIAL EN LAS BARDAS DE LOS CORRALES Y PARA ELABORAR LOS BIROS DE LAS COLMENAS DE CORCHA

 

Las jaras, con sus inconfundibles hojas blancas cuando están en plena floración, cubren rincones del término municipal fontanarejeño con una “nevada” muy peculiar. Los tupidos jarales lucen unos atractivos paisajes canos sobre todo en las sierras, lomas, collados y morros que presentan un manto nacarado en muchos de sus parajes, que es especialmente intenso tras los amaneceres.

La jara es un arbusto muy abundante en zonas del centro y mediodía de España en las que, en plena primavera, podemos encontrar una espectacular floración de los delicados pétalos, muchas veces arrugados, que forman una impresionante panorámica blanquecina.

El hecho de que la jara ofrezca un espectáculo visual con sus grandes flores pedunculadas de corola blancuzca y, en alguna especie, con una mancha rojiza en la base de cada uno de sus cinco pétalos, hace que, en ocasiones, sea también motivo de inspiración plástica para pintores, fotógrafos, escritores etc. Tal es el caso, por poner un par de ejemplos ejemplos, del  poema de José Agustín Goytisolo titulado “La flor de la jara” o de nuestra paisana  Eloisa Fernández Romero que pintó, años atrás, un interesante cuadro, con la jara florida en primer término y el casco urbano de nuestro pueblo al fondo, que reproducimos, junto con varias fotos, en este blog.

Por otro lado la humilde jara, además de dar una especial intensidad paisajística nívea a muchos lugares de nuestro pueblo, ha sido, a lo largo del tiempo, muy utilizada por los fontanarejeños. Hablamos de usos que van desde la pura combustión para “alimentar” lumbres y hornos, hasta los que tienen que ver con la construcción de viviendas, corrales y cocheras. La apreciada jara servía, por ejemplo, para hacer el denominado “tillo” que se colocaba en las techumbres de las viviendas para aislar las vigas de las tejas, también se utilizaba como barda para cubrir las tapias y paredes de los corrales de cabras y ovejas. En otras ocasiones fue usada para levantar corrales de monte, chozos, majadas etc por pastores y cabreros  paisanos nuestros.

De las ramas muy secas de tan copioso arbusto se hacen además los biros, que la Real Academia Española (RAE) define como “clavos de jara” y que se utilizaron mucho, sobre todo tiempo atrás, por colmeneros y apicultores del pueblo  como afilados palos para “coser” las tradicionales colmenas de corcho. Las abejas también frecuentan las flores de jara de la que, al parecer, se obtiene una miel muy buena tanto en calidad como en sabor.

Además algunos ganaderos de nuestro pueblo comentan que el fruto o cápsula de la jara, que ellos denominan “ripio” o “trompo”, se lo comen muy bien algunos rumiantes como cabras, ovejas, corzos, etc. sobre todo en el otoño.

Un peculiar mundo natural “jareño” que va desde los paisajes más autóctonos, pasando por el multiuso más secular y práctico, hasta el alimento para algunos animales.

Por último señalar que la jara produce, sobre todo en los meses de agosto septiembre, el denominado ládano, que es un producto resinoso que fluye de las hojas y ramas y que en nuestro pueblo llamamos “mánguila”.

Justo Muñoz

Elo (1) Cuadro pintado por una fonatanrejeña

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FONTANAREJO, MI PUEBLO

26 05 2016

Luminarias 2016

Desde que terminaron este año de 2016 las Fiestas de San Felipe y Santiago, patronos de Fontanarejo, y que he tenido la suerte de vivir en mi pueblo, me ha rondado por la cabeza la idea de escribir unas letras en donde intentar plasmar, aunque sea torpemente, la cantidad de sentimientos y recuerdos que he vivido en estos días.

Tengo que dirigirme necesariamente a la Asociación Amigos de la Luminarias para darle en primer lugar mi más sincera enhorabuena por la labor que sus miembros desarrollan dando a conocer a las nuevas generaciones nuestras costumbres y tradiciones. Y en segundo lugar, las gracias por darme la oportunidad de pasar unos momentos tan entrañables y emotivos el pasado 30 de Abril en el acto de homenaje a los quintos del 50 y del nombramiento de los romeros cencíos. Los recuerdos afloraron con gran intensidad.

Nací en la calle Parras el 8 de Abril de 1950. Mi padre, Miguel Crespo Baena, llegó a Fontanarejo en 1946 procedente de Fernán Núñez (Córdoba) para ejercer su profesión de maestro. Allí conoció a mi madre, natural de Fontanarejo, Elisa Fernández Sánchez. De este matrimonio nacimos mi hermano Martín Ángel y yo, permaneciendo en el pueblo hasta 1957.

Decía el gran poeta Antonio Machado, “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero …”. Para mí, mi infancia son recuerdos de …

Los paisajes de la dehesa, la Peña Redonda, los Arroyuelos y, como no, el Puerto, donde ir allí en verano era un día de fiesta (mientras los mayores se ocupaban de tareas menos agradables como labrar la huerta y hacer la colada, los niños aprovechábamos para bañarnos en las charcas y pasar un día inolvidable). O ir al Castillejo donde los primos mayores nos hacían vivir grandes aventuras de castillos y moros.

Los aromas del pan recién hecho al horno de la tía Marcelina, o los de los dulces, rosquillas, galletas, canutillos (que seguimos haciendo mi madre y yo, y que tanto gustan a mis amigos de Fernán Núñez), o de la Candelilla …

Las matanzas, cuando la casa se llenaba de bullicio y de trabajo para toda la familia, pero que los niños disfrutábamos de un día sin escuela, del mecedor y sobre todo, de lo más esperado, del testuz, con sus migas a “puñao” y de las pajarillas , que tanto me gustaban y que no he vuelto a comer. Recuerdo que mi último testuz a la tierna edad de 6 años  ¡fue en las tres escalerillas!. Eso hoy sería impensable.

Los olores del campo en primavera, cuando cogíamos tomillo, romero, margaritas, rosas ,,, para hacer pequeños altares. Recuerdo perfectamente uno que hice con mi prima Paca en su casa.

Las mañanas de verano jugando en la calle con los demás niños de los vecinos; Justa (amiga íntima de mi niñez y que eché en falta en el acto de los quintos), Florencia, Sofía, Teodora y su hermano Román q.e.p.d. …

Las tardes de verano. Cuando más apretaba el calor acompañaba a Paca, hija de la tía Genara, a llevar el gazpacho a los trilladores con la esperanza y la ilusión que nos dejaran dar una vuelta en el trillo.

Los bautizos y las bodas, tan sencillos y distintos a los de ahora, pero esperados con gran ilusión; con el refresco, la taza de chocolate, las flores, las rosquillas y otros dulces típicos.

Recuerdos más lejanos me traen a mi mente la imagen en la que estoy vestida de angelito acompañando a las niñas de comunión. Una representación teatral en el Salón de las alumnas de Dª Pilar. ¡Lástima que no queden testimonios gráficos!

 

Mis veinte años …

Transcurren por tierras cordobesas, en su campiña, pero no por eso dejamos de visitar Fontanarejo con cierta frecuencia. Tengo la suerte de que a mi marido siempre le ha gustado el pueblo y en especial sus gentes. De hecho, a nuestra vuelta del viaje de novios a Londres, el siguiente destino fue Fontanarejo, ocasión que aprovecharon los quintos para hacerle pagar “la media”, con gran disgusto de mi primo Jaime que hubiese preferido que lo echasen al pilón. Más tarde he vuelto con mis hijas y en una fecha no muy lejana espero poder hacerlo con mis nietos. Mis amigos de Fernán Núñez, me oyen una y otra vez cantar con pasión las maravillas del sitio que me vio nacer, hasta tal punto que en Mayo de 2009 un grupo de ellos se decidieron por fin a comprobar in situ todo lo que ya sabían por mí. Fue estupendo poder compartir con ellos esta vivencia, quedaron realmente satisfechos del paisaje y del paisanaje, y uno de ellos, imbuido sin duda por la belleza del paraje y de la amistosa convivencia, Fernando Serrano, poeta de prestigio, improvisó estos versos:

CANCIÓN DE FONTANAREJO

Vieja ilusión cumplida,
un viejo sueño,
entre jara y tomillo,
Fontanarejo.

Casas de adobe y piedra
bajo azul cielo,
callejuelas estrechas,
menta y romero
y un verde que te ciega
por los senderos.

Hasta Peña Redonda
vamos subiendo
y desde arriba el valle
se pierde inmenso
como una gran alfombra
de verde espliego.

Amigos, siempre amigos,
no compañeros.
La amistad es mirar
siempre derecho,
tomar juntos un vaso
de vino viejo,
saber que tendrás siempre
dándote aliento
un amigo leal, fiel y sincero.

No quiero terminar sin tener un recuerdo muy especial para tres mujeres de la familia que ya no están entre nosotros y que siempre hicieron que mi estancia en el pueblo fuera lo más agradable posible: la tía Marcelina, la tía Aurora y mi prima Isabel. Un beso para ellas allá donde estén.

Carmen Crespo Fernández

1.D. Miguel

2.Elisa 3.Mis padres y yo

4.Con la tia Aurora 5.Con Teodora

6.Mi hermano Martín A. y yo 7.En mi puerta de la calle Empedrá

8.Con mi prima Isabel en la Peña Redonda 9.Escuela en Fernán Núñez

10.En casa de mis tios Emiliano y Pilar. 1976 11.Mi hija Elena en la dehesa. Año 1989

12.En la dehesa. Año 2001 13.La dehesa estaba exhuberante. 2001

14.Con los amigos. Año 2009 15.Luminarias 2016





LOS “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS” DE FONTANAREJO ELIGEN “ROMEROS CENCÍOS 2016” A LOS CUIDADORES DE LOS ÚLTIMOS ATAJOS DE GANADO COMUNALES DE NUESTRO PUEBLO

25 04 2016

cartel rectificado

13_Un Nuevo Amigo

Foto ganadora del VIII concurso de fotografía “Román Fernández Martín”

Título: Un nuevo amigo
Autor: Roberto García García

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Los galardones se entregarán el próximo día 30, fecha señalada en el calendario festivo fontanarejeño, en la que se encienden las tradicionales lumbres de romero al atardecer

 

La asociación “Amigos de las Luminarias de Fontanarejo” entregará sus galardones anuales “Romeros Cencíos 2016 ” a los cuatro últimos fontanarejeños que cuidaron de los atajos de ganados comunales de nuestro pueblo: Ángel Alcaide Espinosa, Silvio García García, Mariano Arias Gutiérrez y Julio Martín Pérez. Estos cuatro paisanos nuestros fueron los últimos responsables de mantener viva una histórica tradición ganadera, la dula: conjunto de las cabezas de ganado de los vecinos de un pueblo, que pastan juntas en un terreno comunal; y también de llevar a cabo un trabajo que, tiempo atrás, era una tarea muy importante en los municipios ganaderos y cerealistas. Hay que recordar como en nuestro pueblo, años atrás, cada mañana salían al campo los atajos comunales de cabras, cerdos, yeguas y vacas. Cada atardecer se repetía la inolvidable imagen cuando regresaban los ganados y entraban al pueblo guardando siempre este riguroso orden: primero los cerdos de la piara, después las yeguas, a continuación la “vacá” y, finalmente, las cabras.

La entrega de las distinciones, que consisten en una cerámica con el nombre de los distinguidos y su viejo oficio ya desaparecido, tendrá lugar el próximo día 30, una fecha muy señalada en nuestro calendario festivo local pues, al atardecer, quemaremos de nuevo las singulares “Luminarias” de romeo verde a las puertas de las casas.

El escenario del acto de entrega de los “Romeros Cencíos 2016”, que se iniciará a las doce del medio día, será el Centro Social Polivalente y en el mismo se hará también un reconocimiento a  los quintos del año 1950, paisanos nuestros que se acaban de jubilar y a los que se entregará un diploma y el pañuelo verde distintivos de la “Asociación Amigos de las Luminarias”. Servirá también el encuentro para entregar el VIII premio de fotografía “Román Fernández Martín”, sobre “Las Luminarias” que este año ha ganado Roberto García García con una instantánea que sirvió para ilustrar el calendario de bolsillo 2016 que edita cada año la asociación. Por último, los asistentes al acto podrán disfrutar de una artística composición mural sobre la entrañable fiesta de “Las Luminarias”, elaborada por todos los alumnos de la escuela pública de nuestro pueblo.

Recordar que la “Asociación Amigos de las Luminarias” de Fontanarejo instituyó, hace ya once años, este galardón denominado “Romeros Cencíos” con la que reconocen anualmente a personas, colectivos, entidades e instituciones.

 





POTAJE CON “PELLUELAS” Y COLLEJAS, TORTILLA DE ESPÁRRAGOS SILVESTRES, ESCABECHE Y “SAPILLOS” MARCAN LA GASTRONOMÍA EN LA SEMANA SANTA DE FONTANAREJO

25 03 2016

El pueblo mantiene viva una ancestral costumbre que llena las mesas de una abundante y singular tradición culinaria el Jueves y el Viernes Santos

 

Antaño se llevaba a las majadas estos platos típicos para que los pastores y cabreros también cumplieran con la costumbre

 

La Semana Santa en Fontanarejo, además de los actos litúrgicos, trae cada año a las mesas una rica y tradicional gastronomía que aún hoy se conserva viva, aunque con menos intensidad que antaño. Las cocinas del pueblo registraban un gran trajín, que aún perdura, para elaborar platos y repostería típicos en estas señaladas fechas del calendario festivo: el potaje de garbanzos, que se acompaña con collejas y “pelluelas”; la tortilla de espárragos silvestres, el escabeche de bacalao, las natillas, los “sapillos”, el arroz con leche, los “canutillos” y las rosquillas marcan un peculiar costumbrismo culinario . Desde tiempo inmemorial, los de Fontanarejo han disfrutado durante el Jueves y el Viernes Santos de una abundante y peculiar comida que los lugareños han sabido conservar y trasmitir de generación en generación.

Años atrás, cuando había una gran actividad agrícola y ganadera con decenas de yuntas en las besanas y numerosos rebaños de cabras y ovejas en los montes, muchos gañanes, pastores y cabreros solían hacer un alto en el tajo para acudir al pueblo al medio día y cumplir con la costumbre de comer de vigilia (ausencia total de carne), pero con gran abundancia. Y los que, por circunstancias, no podían venir a sus casas, solían llenar también sus “merenderas” con tan singular comida para degustarla en el campo. En ocasiones era la familia quien se desplazaba hasta la majada para llevar el “hato” con el típico menú que era y es siempre el mismo esas dos jornadas: potaje, tortilla, escabeche de bacalao, seguidos de exquisitos postres a base de arroz con leche, natillas y “sapillos”.

También se suelen preparar durante la Semana de Pasión dulces típicos como los “canutillos” y las rosquillas fritas y recubiertas con azucar. Antiguamente se solían freir con el primer aceite del año, obtenido o bien de las viejas almazaras que funcionaban en la zona, o el que se elaboraba artesanalmente en cada casa.

POTAJE CON COLLEJAS

Al potaje “semanasantero” de Fontanarejo, que muchos lugareños llevan grabado en su memoria gustativa, se le suele echar collejas, una hierba de la familia de las cariofiláceas muy común en algunos parajes del término municipal, y que es una exquisita verdura. Al puchero, además de los correspondientes garbanzos y espinacas, se le acompaña también con “pelluelas”, una masa que se une y comprime regularmente en forma redonda u ovalada y que se elabora con pan rallado, huevo, perejil y ajo. Por último, al peculiar potaje se le adereza con un sabroso preparado a base de tomate empapado en vinagre, clavo y azafrán.

De segundo plato, lo típico es tomar tortilla de espárragos cogidos en los campos y llamados “hilacheros” o de esparraguera  silvestre;  y después se toma el escabeche. Este último plato se elabora con bacalao que, una vez troceado, desalado, frito y enfriado, se  reboza con huevo y, a continuación, los trozos del pescado se depositan en un caldo  amarillento que se elabora a base de sal, vinagre, agua, ajo, perejil, laurel, clavillos y azafrán.

Y la suculenta mesa del Jueves y Viernes Santos se remata con variados postres a base de arroz con leche, natillas o “sapillos”. Estos últimos se preparan, según el testimonio/receta que hemos escuchado en el pueblo, con huevo batido, harina o pan rallado de donde, una vez espesado, se elabora una especie de “pelotitas” que después se cuecen en leche aderezada con canela en rama y cáscaras de limón y naranja . Los “sapillos” se sirven fríos.

Tal es el arraigo de esta tradición muchas personas de Fontanarejo, que viven lejos del pueblo y en otras comunidades autónomas,  siguen manteniendo vivos estos típicos platos cuando llega la Semana Santa.  Se trata, sin duda, de una asumida, trasmitida y revivida gastronomía entendida como una genuina tradición y como una auténtica expresión cultural culinaria.

No está datado documentalmente de donde arranca y el porqué de esta rica costumbre gastronómica. Los más viejos del lugar ya cuentan que sus antepasados cumplían rigurosamente con este costumbrismo culinario tan variado y tan abundante que hasta había un antiguo dicho local que lo definía muy bien:” Tres días hay en el año que se llena bien la panza, Jueves Santo, Viernes Santo y el día de la matanza“. Eran, sin duda, otros tiempos en los que la ya casi desaparecida matanza casera del cerdo suponía también una jornada de gran disfrute y alegría para el estómago.

Justo Muñoz

Espárragos-bis Potaje

Tortilla2 ESCABECHE

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gastronomia





TONI OCHOA FIZ ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS” CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2016

15 03 2016

EL ENCUENTRO TUVO COMO ESCENARIO LA CASA DE CASTILLA LA MANCHA EN MADRID Y NUESTRA PAISANA, JUNTO CON SU MARIDO JACINTO SÁNCHEZ, FIRMARON EN EL LIBRO DE HONOR. TONI RECIBIÓ UNA FOTO PANORÁMICA DE FONTANAREJO DEDICADA.

 

“La Tertulia Las Migas”, que impulsa un grupo de fontanarejeños en Madrid, celebró el Día Internacional de la Mujer 2016, invitando a Toni Ochoa Fiz, una paisana nuestra trabajadora desde su juventud hasta hoy. Toni regenta desde hace 27 años, junto con su marido Jacinto Sánchez Fernández, que también asistió al encuentro; el restaurante “Casa Jacinto”, ubicado cerca de la Plaza de España. En esta Ocasión, Toni y Jacinto dejaron los fogones y el comedor pues el ágape, y la posterior tertulia, tuvieron como escenario el bar-restaurante de la Casa de Castilla La Mancha en Madrid, que se ubica muy cerca de la madrileña Puerta del Sol. Nos sirvieron unas muy buenas migas y, ya que estamos en vísperas de Semana Santa, también probamos unas riquísimas torrijas.

Tras dar cuenta de las migas con sus tropezones, mantuvimos una interesante tertulia con el matrimonio Toni/Jacinto. Hablamos de sus inicios laborales en Madrid cuando eran muy jóvenes. Y, sobre todo, resultó muy interesante conocer sus diversas experiencias culinarias con los diversos negocios que han regentado en la capital, siempre relacionados con la hostelería. Desde aquél bar que tuvieron, años atrás, en Leganés, hasta el que regentaron en la Plaza de Olavide. Posteriormente, en el mes de junio del año 1989, abrieron su actual establecimiento gastronómico, “Casa Jacinto”, un conocido restaurante ubicado en la calle del Reloj número 20, en el Madrid de los Austrias. En el recinto, que atiende Jacinto y Toni está al frente de los fogones, sirven platos basados, fundamentalmente, en la cocina tradicional española. El restaurante “Casa Jacinto” va a cumplir dentro de tres meses 27 años, un dilatado periodo de tiempo de una intensa, extensa y rica actividad gastronómica en la que su cocido madrileño es uno de los platos muy demandado y valorado por la clientela.

Tras la charla, en la que visionamos numerosas fotos del Fontanarejo del ayer con la trilla, las fiestas de Agosto, los quintos, las rondas, las viejas escuelas etc, Toni y Jacinto firmaron en el libro de honor de “La Tertulia Las Migas” donde dejaron plasmados mensajes de agradecimiento y paisanaje. Y Toni, con motivo del Día Internacional de Mujer, recibió un clavel y una foto dedicada con una preciosa panorámica de Fontanarejo, su pueblo, que Toni recuerda muchísimo y en el que ella y su familia (Ana, su madre, (q.e.p.d.); Antonino su padre y su hermano Francisco), vivieron durante muchos años en la calle Empedrada.

Como ya conocen los seguidores del blog, precisamente en “Casa Jacinto” se celebran muchos de los encuentros gastronómicos convocados por la “Tertulia Las Migas”, que nació en octubre del año 2013 promocionada por un grupo de fontanarejeños.

J. Muñoz

 

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EL DIARIO LANZA DE CIUDAD REAL SE HACE ECO DE LA ANTIGUA CAMPANA DEL TIN-TI-RULAO”

30 01 2016

El periódico LANZA publicó el pasado lunes día 25 un artículo, escrito por nuestro paisano Justo Muñoz, titulado “El potente eco de la campana del tin-ti-rulao en Fontanarejo”. Reproducimos el citado artículo así como la página de LANZA.

 

En muchos pueblos, sobre todo en los más cerealistas y ganaderos, había vecinos que, tiempo atrás, se congregaban ante la presencia de amenazantes nubarrones con el fin de realizar un conjuro o bien tocar las campanas con un tañido que, en algunos lugares, se denominaba “tente nublo”. Hay algunos municipios, como Cozuelos de Ojeda en Palencia o Poza de la Sal en Burgos, que han conservado los restos de los denominados conjuraderos como muestra de un singular patrimonio y de un peculiar testimonio del ayer. Se trataba casi siempre de arcos, torres o pórticos abiertos a los cuatro vientos dentro de los cascos urbanos, y a veces, cercanos o junto a la iglesia.
En mi pueblo, Fontanarejo, cuentan los más viejos del lugar que antaño también se tocaba una campana, que estuvo ubicada en la torre de la iglesia, con la expectativa de “despejar” el cielo cuando se tapaba cargado y amenazador. Aseguran, y algunos con cierta emoción, quienes escucharon aquellos peculiares tañidos bajo una bóveda celeste con pinta de estar cargada de pedrisco, que el sacristán hacía “hablar” la sonora campana repicando un inconfundible toque, que se escuchaba desde muy lejos, y que los vecinos traducían en un esperanzador… «tin-ti-ru-lao, que se vaya la nube por otro “lao”». Un potente eco que ha llegado hasta nuestros días merced a una transmisión oral puntualmente narrada por nuestros antepasados, muchas veces al rescoldo de la lumbre, cuando nos hablaban de la recordada y desaparecida campana del “tin-ti-rulao”, de la que contaban y no acababan refiriéndose a momentos pasados en los que los fontanarejeños acudieron a tan singular “cobijo sonoro” ante una inquietante intemperie.
Y es que las campanas, a lo largo del tiempo, han sido un gran medio de comunicación para los feligreses y para la población en general. Su repique, su volteo o su doblar avisaban desde los rezos o actos litúrgicos para los parroquianos, hasta la alerta por algún peligro y, también antaño, para hacer llegar mensajes diversos al vecindario, como el inicio o el final de algunas tareas agrícolas. En algunos municipios pequeños de la Ribera del Duero, como Fuentenebro, el toque de un peculiar «campanillo», que aún conservan como recuerdo de un patrimonio ya en desuso, fijaba la hora de salir al tajo durante la época de vendimia. Y, según cuentan, se respetaba a rajatabla tan peculiar «tañido laboral».
He contado en más de una ocasión que asistí hace unos años a un encuentro de antiguos campaneros, un peculiar oficio que tuvo mucho eco en tiempos pretéritos. Y me chocó mucho no solo la gran destreza con la que las hacían sonar, sino el gran listado de toques, repiques y volteos que manejaban con gran sabiduría. Desde los sonidos más clásicos y religiosos cómo ánimas, clamor, ángelus, difuntos, vísperas, procesión, misa, rosario, etc; hasta aquellos que afectaban a la vida civil y colectiva como eran el toque a «concejo», a fuego, a «queda», nublo o el denominado «bien vas». Este último, también llamado «toque a perdido», se tañía en la Iberia profunda para orientar al vecino que se perdía en el monte en noches cerradas de niebla/temporal, y también para congregar a la gente para salir en su búsqueda. Tan ancestral sistema de comunicación evidenciaba por un lado la pericia y el buen oído del campanero de turno a la hora de saber comunicar las diversas circunstancias y, por otro, la seguridad de que los vecinos entendían, sin lugar a dudas, lo que se transmitía con cada sonido. Impresionante registro. El vecindario sabía, con absoluta precisión, si tocaban a difunto y si se trataba de una mujer, de un hombre o de un niño quien había fallecido; si la hora del ángelus, de vísperas, si era un “clamoreo” o si se trataba de un repique/alarma a fuego, arrebato o tempestad.
En aquel inolvidable encuentro de viejos campaneros adquirí un apreciado CD que recoge un buen catálogo de toques, religiosos y civiles, como el simpar “bien vas”, que escucho a veces cuando ando un poco perdido o me desoriento.
Justo Muñoz Fernández
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TIEMPOS DE BELLOTAS, PIARA Y PORQUERO EN EL FONTANAREJO DE ANTAÑO

3 01 2016

El fruto de los chaparros suponía, tiempo atrás, un alimento básico para engordar los cerdos de cara a la tradicional y ya desaparecida matanza casera que se hacía en la mayoría de las casas de nuestro pueblo.

 

Las bellotas fueron, en su día, un alimento muy importante a la hora de “engordar” los cerdos de cara a la tradicional y ya casi desaparecida matanza casera que se hacía antaño en Fontanarejo. Los cochinos se alimentaban, durante una buena parte del otoño-invierno, del fruto de las encinas que se les suministraban en los corrales de cada casa o bien de las bellotas que comían directamente en el campo. La piara de guarros salía cada mañana por los diversos parajes nuestro término municipal donde había muchísimos chaparros que ofrecían gran abundancia de comida en los meses finales del año. El encinar era un soporte fundamental y gratuito para alimentar a los cerdos.
El ritual se repetía a diario. El inconfundible “porquero” hacía sonar cada mañana una caracola avisando de que había llegado la hora de soltar los cochinos de la zahúrda para que salieran al campo. Y allí estaban los puercos todo el día, al aire libre, comiendo, entre otras cosas, muchas bellotas. El piarero, un oficio tradicional y presente en Fontanarejo hasta los años sesenta, se encargaba de vigilar durante toda la jornada a los animales y de llevar a los marranos por las zonas donde hubiera abundante comida y agua. La manada de gorrinos regresaba al atardecer y entraba en el casco urbano casi siempre a la carrera. Resultaba curioso ver cómo cada cerdo se dirigía con absoluta precisión hasta la casa de su dueño donde, si no estaba la puerta abierta, se encargaba de hociquearla para “avisar” de su presencia. La ruidosa piara de marranos entraba puntualmente cada tarde en el casco urbano e irrumpía la primera “inundando” las calles de animales, seguida de las yeguas, a continuación entraban las vacas y, finalmente, lo hacían las cabras. Precisa y preciosa secuencia lugareña que impregnaba los atardeceres de un auténtico sabor rural y de un singular costumbrismo ganadero.

“NO QUIERO BELLOTAS ROTAS”
Las bellotas protagonizaron también dichos y cantares populares en nuestro pueblo. Vaya este ejemplo de un cántico que se refería a las bellotas y que, a modo de villancico, se entonaba antaño en Fontanarejo cuando los chavales acudían hasta las casas de familiares y vecinos pidiendo el aguinaldo. La bulliciosa chiquillería hacía el recorrido cada 24 de diciembre al anochecer provista de zambombas artesanales y de panderetas. Llamaban a las puertas al grito de ..”¿Se canta o se reza?”, y tras entrar a la cocina cantaban villancicos o, si se había registrado algún óbito reciente en la familia, rezaban un Padrenuestro o un Avemaría. Muchas veces tras entonar el cántico navideño, se le daba a la “chiquillada” un puñado de bellotas o de castañas. En otras ocasiones se les obsequiaba con unos mantecados y, a veces, con chorizos o un poco de lomo. Pocas veces, o casi nunca, recibían dinero porque, entre otras cosas, escaseaba. Decía así el añejo villancico, un tanto exigente….. “No quiero bellotas rotas/ ni castañas con ventanas/quiero lomo y longaniza/ para almorzar por la mañana”.
Eran, sin duda, tiempos pretéritos en los que las bellotas formaban parte de un ancestral costumbrismo campesino en Fontanarejo que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo.

Justo Muñoz

 
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