III ENCUENTRO DE VERANO

14 08 2017

EXPOSICIONES:

“PINTORAS Y PINTURAS”

“NATURALEZA VIVA”

“MADERA DE ARTISTA”

DEL 14 AL 18 DE AGOSTO

LUGAR: CENTRO Y CASA PARROQUIAL

HORARIO: de 12 h. a 14 h. y de 19,30 h. a 21 h.

ORGANIZA: AMIGOS DE LAS LUMINARIAS

COLABORA: PARROQUIA DE FONTANAREJO

PINTORAS Y PINTURAS

Elo, Cari y Marina nos muestran sus obras pictóricas en esta exposición que, bajo el título “PINTORAS Y PINTURAS”, pretende dar a conocer el trabajo creativo de estas tres paisanas de generaciones distintas pero con un sentimiento común: La pintura como expresión del arte, del entorno, del instante y del sentimiento. Las tres han elegido estos cuadros que ahora contemplamos para que sus paisanos podamos apreciar su talento artístico y, a la vez, disfrutemos con la contemplación de estas obras que componen la muestra colectiva.

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ELOISA FERNÁNDEZ ROMERO

Elo utiliza fundamentalmente óleo y pastel para elaborar sus cuadros que ha ido logrando poco a poco hasta llegar al momento actual, en el que realiza cursos de perfeccionamiento en el estudio del pintor impresionista ciudadrealeño Manolo Plaza. Su última obra es un paisaje de los campos de Fontanarejo. El impresionismo siempre ha marcado a esta fontanarejeña a la hora de pintar.

Obras de Eloisa Fernández

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CARIDAD PIZARRO FERNÁNDEZ

Sus primeras obras las pintó cuando tenía 15 años y luego, en 1988, volvió a coger de nuevo los trastos de pintar. Primero fue el carboncillo y después el óleo lo que utilizó en sus trabajos. Desde pequeña Cary, que terminó el pasado año Bellas Artes, sintió un especial interés por la pintura, que trató de perfeccionar con ayuda del pintor ciudadrealeño Francisco Martín Casado.

Obras de Caridad Pizarro

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MARINA FERNÁNDEZ RUIZ

Con tan solo 10 años, Marina utiliza el carboncillo, pastel y acrílico para plasmar sus obras que van desde rincones y paisajes de Fontanarejo a temática general. Marina, que empezó a pintar con 6 añitos, ha sido finalista este año en el concurso escolar de pintura rápida sobre el Servicio 112 de Castilla La Mancha, y acaba de participar en una exposición colectiva en Ciudad Real.

Obras de Marina Fernández

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NATURALEZA VIVA

EMILIANO MUÑOZ GARCÍA

Ha captado con su cámara de fotos cientos de imágenes durante los últimos 30 años. En sus viajes a otras latitudes y también en nuestro pueblo, este fontanarejeño ha sabido captar momentos, personas, paisajes y rincones con una peculiar sensibilidad y visión fotográfica. En esta exposición, que hemos titulado “Naturaleza viva”, podemos ver un manojo de fotos hechas por este paisano nuestro que recogen, en su mayor parte, aspectos que tienen que ver con la singular flora, la rica fauna y el impresionante paisaje de nuestro término municipal.

Obras de Emiliano Muñoz

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MADERA DE ARTISTAS

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ ALMANSA

Vallecano con raíces en el pueblo de Bolaños, lleva afincado en Fontanarejo desde hace aproximadamente una década. Siempre le ha gustado realizar trabajos de artesanía en general, aunque donde se siente más a gusto es moldeando su obra a partir de la corcha combinándola con otros materiales en forma de collage. Su creatividad le ha llevado a la reutilización de cualquier material susceptible de ser reciclado, lo que aporta colorido y originalidad a sus obras

Obras de Juan Carlos Rodríguez

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JOSÉ BERNARDO GIMÉNEZ MARTÍN

Relacionado con la carpintería por tradición familiar, desde pequeño se entretenía con los formones y gubias haciendo cajeados y trabajos de corte. A partir del momento en el que se hace cargo de la carpintería de su padre y para perfeccionar sus inquietudes artísticas realiza diferentes cursos de talla, promovidos por la Junta de Comunidades, relacionados con  estructuras en  madera, artesonado mudéjar, etc. Posee el título de artesano  otorgado por la Junta, desde 1999. Para la realización de sus obras utiliza maderas de cedro, nogal español y samanguila (especie de caoba africana).

Obras de José Bernardo Giménez

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DECIMOCUARTA “CARROLA”: AURORA Y OCASO DE UN FAUSTO DÍA

1 06 2017

La familia de don Miguel Crespo Baena, ilustre y estimado maestro, asiste al anual encuentro de la “Carrola”.

 

Un brumoso orto del veintisiete  de mayo auguraba día tormentoso.  El presagio se difuminó conforme avanzaban las horas, dando paso a una espléndida jornada.

Otro año más, y van catorce,  la Asociación Amigos de las Luminarias cumplió con el ritual celebrando el encuentro donde la degustación de la gastronomía autóctona y el debate tertuliano  se funden enriqueciendo a los asistentes.

Este año los invitados han sido los familiares de don Miguel Crespo Baena, recordado maestro en Fontanarejo de los Montes, porque como decimos aquí: “Dejó buen rastrojo”. Compartimos mesa y tertulia con su esposa, la fontanarejeña, Elisa Fernández Sánchez, sus hijos Carmen y Martín Ángel, también fontanarejeños, y otros familiares.

El escenario tuvo lugar en la dehesa boyal, en el paraje denominado “Cañá la Laguna”. Comenzamos la reunión con un brindis, por Fontanarejo de los Montes y por su pueblo Fernán-Núñez, auspiciado por Pedro, yerno, de don Miguel. Para ello nos sirvió un vino típico de la Campiña Cordobesa envasado en botellas personalizadas y que bebimos en copas igualmente personalizadas con un diseño alusivo al encuentro. Un detalle que le agradecimos por su gentileza. El ágape consistió en una deliciosa caldereta de chivo acompañada del respectivo “revientalobos”. Todo ello, como siempre, realizado con excelente maestría por Ceferino Muñoz. A los postres degustamos dulces variados, destacando una tarta típica de Fernán-Núñez.

Tras la comida, comenzó una animada e interesante tertulia donde Elisa y sus hijos evocando recuerdos nos comentaron cómo llegó don Miguel a nuestro pueblo. Corría octubre de 1946 cuando salió de su pueblo natal Fernán-Núñez con destino Fontanarejo de los Montes. El  viaje fue una odisea. Una vez que llegó a Ciudad Real por tren, viajó en camión por carretera en su mayor parte de tierra hasta Alcoba de los Montes y de aquí partió hacia Fontanarejo de los Montes en una mula por caminos y veredas  a través de sierras. Cuando llegó a su destino, escribió una carta a su madre donde le decía que aguantaría hasta Navidad pues anhelaba volver a su tierra. También le hablaba, en la referida carta, sobre las gentes de este pueblo como personas buenas y amables, muy sencillas, pobres y generosas. Permaneció en Fontanarejo de los Montes hasta 1957. Aquí conoció a Elisa con quien se casó en 1949 creando una familia.

Algunos de los asistentes a la tertulia fueron alumnos suyos y todos le recuerdan con cariño y como un maestro ejemplar.

Don Miguel siguió el magisterio en su pueblo natal Fernán-Núñez, pero nunca perdió la relación con Fontanarejo de los Montes donde tenía su familia política. Las visitas eran difíciles por las deficiencias en el transporte. El viaje duraba dos días desde Fernán-Núñez a nuestro pueblo. Pese a estos inconvenientes, mantuvieron vínculos permanentes que a lo largo de los años se han incrementado con los habituales encuentros entre amigos de ambos pueblos.

Tras la tertulia, a los huéspedes se les impuso el pañuelo verde, símbolo de las ancestrales Luminarias, y se les entregó un pergamino con la historia de nuestro lugar. Acto seguido, los agasajados firmaron en el libro de honor de la tertulia la “Carrola”.

En horario vespertino, recorrimos algunos parajes de la dehesa: el Cerrillo Alto, el Soto y la “Cañá Primera” deleitándonos con tan singular paisaje y de la diversidad de su flora.

Al  ocaso del día degustamos una parrillada de chuletas acompañadas de buen vino y animada conversación con nuestros distinguidos invitados y en especial la Tía Elisa, nonagenaria, en plenas facultades y a la que todos admiramos. Nos aguantó hasta el final de la noche. Nos despedimos gozosos de haber pasado un día afortunado.

Juan Manuel Gómez Fernández

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Romeros Cencíos 2017

9 05 2017

Se concedieron los premios “Romeros Cencíos 2017” a la Base de lucha contra incendios forestales de Alcoba (GEACAM) y a Isabel Ureña Ramírez, enfermera de nuestro pueblo.

Como viene siendo habitual, la Asociación “Amigos de las Luminarias”, efectuó éste 29 de abril, su tradicional entrega de premios “Romeros Cencíos” 2017.

La ceremonia, que se celebró en el Centro Social Polivalente, fue dirigida y presentada por Anselmo Martín.

Comenzó con una felicitación y agradecimiento a los alumnos de la escuela pública de Fontanarejo por la elaboración de un mural sobre las tradición de “Las Luminarias”.
A continuación hubo un reconocimiento a Paulina Abades González por sus 100 años cumplidos, y se comentaron algunos hechos relativos a 1916, como fue la 1ª Guerra Mundial, o que en España fue una época muy compulsa en lo político, que la población de Fontanarejo era de 700 habitantes y la de España 20 millones, o que la esperanza de vida era de tan solo 42 años.

Seguidamente se resaltó la tradición y gran afición que hay al teatro en Fontanarejo. En formato de teatro leído se rememoró de forma resumida la obra “Miedo al hombre” de Joaquín Marrodán, que se representó en Fontanarejo hace 42 años. La idea que surgió de Miguel Ángel Muñoz contó con la participación de algunos de los actores de aquella época.

Como es costumbre, el acto prosiguió con la entrega de diplomas y pañuelos a los nacidos en 1951 con motivo de su jubilación y en reconocimiento a su esfuerzo en pro de las tradiciones de Fontanarejo y en especial la de las Luminarias. Se mencionaron algunos datos de ese año 1951, tales como, que la población española era 28 millones de habitantes y la de el pueblo rondaba los 900. Se celebraron 9 matrimonios , hubo 14 defunciones y 34 nacimientos.

Lo siguiente fue la entrega de los IX premios de fotografía “Román Fernández Martín”. Dichos premios llevan este nombre como homenaje a Román, que fue socio fundador y secretario de la asociación desde sus inicios. Entregó los galardones su viuda Modesta Rodríguez. Los premios consisten en una cerámica con su fotografía ganadora. El premio a la fotografía con la que se editó el calendario de bolsillo 2017 y que se titulaba “Tarde de humo” correspondió a Carlos García Arcos. El premio a la fotografía artística fue para Tomás Ángel García con la obra titulada “La niebla del romero”.

Posteriormente se procedió a la entrega de los premios “Romeros Cencíos 2017” acto central de la velada, con los que esta asociación reconoce el esfuerzo, trabajo, valores de personas, grupos o instituciones en su trayectoria profesional. Los premios como en años anteriores consisten en unas cerámicas personalizadas con un reconocimiento a su labor y el tradicional pañuelo verde.

Este año los premios han recaído en la Base de lucha contra incendios forestales de Alcoba (GEACAM) cuyos miembros pertenecen a los pueblos de Fontanarejo, Alcoba y Arroba afectando su trabajo de manera directa a nuestro pueblo.

La presentación y entrega corrió a cargo de Eva García y en la misma se emitió un vídeo-reportaje sobre la actividad de este grupo. Por parte de la presentadora se detalló la actividad diaria, sus riesgos y duras condiciones en las que se desarrolla su actividad profesional. Agradeció el premio Pedro José Escudero, Subdirector Provincial de GEACAM.

El siguiente galardón fue para Isabel Ureña Ramírez, enfermera de nuestro pueblo. La presentación y entrega la realizó Rubén Fernández, que destacó las virtudes personales y profesionales así como el aprecio y el cariño con el que trata a sus pacientes. Isabel agradeció, el premio recibido, con unas breves palabras y algunas anécdotas que emocionaron al público asistente.

Coincidiendo casualmente con el Día Internacional de la Danza que se celebra el 29 de abril, se cerró el acto con una actuación de danza clásica a cargo de Julia, Martina y Mina Miró, tres hermanas dirigidas por su padre Carlos Miró, emparentadas con nuestro pueblo y que pese a su corta edad nos deleitaron y asombraron por la calidad y belleza de su actuación, el público agradeció con numerosos aplausos su intervención.

Se cerró el acto agradeciendo a los asistente su presencia.

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Romeros Cencío 2017

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“LUMINARIAS” DE FONTANAREJO: UN INTENSO SAHUMERIO DE TRADICIÓN Y COSTUMBRISMO”

1 05 2017

Justo Muñoz Fernández

 

Cuando Fontanarejo, mi pueblo, encendió ayer al atardecer sus “Luminarias” de romero verde se cumplió, un año más, una costumbre que viene de lejos. Si una buena parte del éxito y de la garantía de continuidad de las tradiciones se basa en el relevo, los fontanarejeños estamos orgullosos de haber cogido con entusiasmo el testigo que nos pasaron nuestros antepasados y de haberlo entregado a los jóvenes que, cada vez más, se suman a esta celebración ancestral que nos llena de emoción, de paisanaje, de sentimientos y de vivencias en común.

Previamente al encendido de las lumbres, los lugareños reviven puntualmente el hábito de salir al campo a recoger el romero con el que se “alimentan” las hogueras que arden al unísono a las puertas de las casas. Siempre es al anochecer, entre dos luces, cuando repica la campana de la iglesia que sirve de aviso para quemar las “Luminarias”. Dicho y hecho: en unos minutos queda impregnado todo el casco urbano por el inconfundible olor que despide el romero y por el espectacular color blanco del humo que lo envuelve todo. Antaño, -algunas personas lo siguen rememorando ahora simbólicamente-, se abrían las casas, las cámaras, las tenadas, las trojes, los establos etc. en lo que podía considerarse una ancestral práctica en un afán purificador de las dependencias.

El origen de este antiguo rito, que se revive cada 30 de abril a la misma hora, no está datado documentalmente. Por transmisión oral, hemos escuchado a muchos paisanos longevos contar que sus antecesores ya referían que pudo tener un principio epidémico debido a alguna enfermedad que, siglos atrás, asolara el municipio y que se recurriera a este gran sahumerio a modo de desinfección. Otras versiones se inclinan por ver en las “Luminarias” un homenaje a los patronos del pueblo, San Felipe y Santiago, que salen cada día uno de mayo en procesión por las calles del pueblo. Sea por una cuestión, por la otra, o quizá por ambas a la vez, lo cierto es que los de Fontanarejo mantenemos vivo este apreciado hábito cada último día del mes de abril al que hemos dado continuidad a lo largo de tantos años y ha calado de generación en generación. Se trata de un instante sublime que se repite puntualmente en ese siempre esperado atardecer abrileño. Hablamos de un ansiado momento que no sólo se traduce en el encendido de la lumbre sino que, además, en ese prender el romero también afloran los recuerdos a nuestros antepasados que ya no están con nosotros, o a los que no han podido acudir al pueblo por circunstancias y por motivos diversos. Algunos de esos fontanarejeños ausentes en estas “Luminarias 2017” nos sumamos anoche, desde lejos, en la vivencia y en el sentimiento de un patrimonio que compartimos.

Vaya para terminar una reflexión: creo que sería bueno que una calle, una plaza o un rincón del pueblo se dedicara y llevara el nombre de “Las Luminarias” o del “Treinta de abril”. Con ello estaríamos perpetuando un inconfundible e imborrable mensaje a todos los fontanarejeños que, año tras año, encendieron las seculares lumbres de romero verde, las siguen prendiendo y las seguirán quemando. Todos, en definitiva, se calentaron, se calientan y se calentarán al rescoldo de una viejísima tradición que, estoy seguro, seguirá perdurando pues nuestra peculiar costumbre nos infunde un sentimiento común y un valor de identidad.

En la distancia me uno desde este blog al grito que se escucha en mi pueblo durante estos días tan señalados en el calendario festivo local…. ¡Viva las “Luminarias”!, ¡Viva San Felipe y Santiago!

(*) Artículo publicado en el diario LANZA de Ciudad Real el día 1 de mayo de 2017

 

 
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MADROÑOS, PAISAJE Y CABRIOS EN FONTANAREJO

19 12 2016

LAS “MADROÑAS”, DE LAS QUE SE SACABAN ANTAÑO LOS TRADICIONALES CABRIOS PARA LAS TECHUMBRES, PRESENTAN UN SINGULAR COLOR ROJIZO CON SUS INCONFUNDIBLES FRUTOS

 

Los madroños, con su inconfundible color rojo cuando están maduros, son los protagonistas del paisaje fontanarejeño durante estas últimas semanas y estos días otoñales en vísperas, ya, del invierno. Numerosos rincones en barrancos, valles, montes, cuerdas, trochas, morros y veredas de nuestro pueblo presentan un precioso aspecto rojizo que es especialmente intenso en alguno de los parajes donde más abunda este arbusto. Hay que recordar que en nuestro término municipal hay incluso un paraje que se denomina la Madroña.  Pero también se pueden ver zonas salpicadas por esta planta en zonas como las Camachas, los Chapiteles, la Graja, los Barranquillos, Valdeja, los Valles   etc. etc.

El fruto, que se denomina igual que el árbol caracterizado por sus típicas ramas de color verde obscuro, tiene un singular sabor áspero y muy dulce cuando está en sazón. También los pájaros y numerosos animales buscan los madroños caídos al suelo para comérselos.

Por otro lado, de los árboles,  que en Fontanarejo llamamos “madroñas”,  se obtenían antaño los denominados cabrios para cubrir los techos de las casas, de los corrales, de los voladizos etc. La Real Academia define así el cabrio:” En la construcción tradicional, madero colocado paralelamente a los pares de una armadura de tejado para recibir el tablazón”.

Era frecuente que, tiempo atrás, los fontanarejeños acudieran a las zonas donde había más “madroñas” para cortar las ramas que estaban más sanas y presentaban menos curvas. De ellas salían los utilísimos cabrios que se tallaban con el hacha y la azuela para “afilar” con esmero cada una de las puntas para que asentaran mejor sobre la techumbre. No hay nada más que entrar en cualquier casa antigua del pueblo para comprobar cómo, entre viga y viga, los techos están repletos de cabrios alineados y cubiertos de barro sobre los que se colocaban las tejas, que frecuentemente salían de los tejares artesanales que funcionaron, tiempo atrás, en Fontanarejo.

Por último, un dato curioso: algún fontanarejeño, que conoció  aquellos métodos tan tradicionales a la hora de construir, asegura que “el mejor tiempo para cortar las ramas y elaborar los cabrios era cuando estaba la luna en cuarto menguante y la madroña ya había dado sus frutos, de esta forma la madera salía mucho más dura y no se apolillaba”. Es decir, cuando la luna y la madroña  estaban “muertas”. Dicho queda.

Vaya para terminar, y ya que estamos en víspera de las fiestas navideñas, esta letra de un conocido villancico que tiene que ver con el singular fruto del que estamos hablando y que dice así: “Madroños al niño no le demos más/ 
que con los madroños se va a emborrachar”.

 

FELICES PASCUAS Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017.

 

 Justo Muñoz

Madroños en diciembre de 2016

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GANADORES DEL IX CONCURSO DE FOTOGRAFÍA “ROMÁN FERNÁNDEZ MARTÍN” CONVOCADO POR LA ASOCIACIÓN “AMIGOS DE LAS LUMINARIAS”

29 11 2016

Carlos García Arcos  y Tomás Ángel García han sido los ganadores de los dos premios del IX concurso de fotografía “Román Fernández Martín” que convoca cada año la “Asociación Amigos de las Luminarias de Fontanarejo”

Carlos obtuvo el galardón a la mejor foto para el calendario del próximo año 2017 titulada “Tarde de humo” y Tomás ganó el premio a la mejor foto artística  denominada  “La niebla de romero”.

Ambos premios serán entregados a sus ganadores en la próxima fiesta de las “Luminarias” 2017 en la habitual velada que organiza cada año la asociación y en la que se entregan también sus galardones anuales «Romeros Cencíos»

La foto ganadora del concurso, presentada por Carlos García Arcos, ilustrará el calendario de bolsillo 2017 que editará y distribuirá la asociación.

En nombre de la «Asociación Amigos de las Luminarias», felicitaciones para Carlos García Arcos  y Tomás Ángel García,  y también para todas las personas que han participado en este IX concurso de fotografía.

Gracias a todos por vuestra colaboración.

Tarde de humo.-Calendario

Foto para el calendario

Título: “Tarde de humo”
Autor:Carlos García Arcos

La niebla de romero.-Artística

Foto artística

Título: “La niebla de romero”
Autor: Tomás Ángel García

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EL ESCRITOR LUIS LANDERO, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y DE LA CRÍTICA, ASISTE A LA TERTULIA FONTANAREJEÑA “LAS MIGAS”

25 11 2016

-En el encuentro, con uno de los grandes autores de la narrativa contemporánea, hablamos de su minucioso trabajo como novelista y de sus orígenes rurales en Extremadura.

-El escritor firmó en el libro de invitados, donde dejó plasmado un singular verso, y recibió un pergamino con la historia de Fontanarejo y el pañuelo verde simbólico de nuestras  “Luminarias”.

El escritor extremeño Luis Landero, premio Nacional de Narrativa y de la Crítica en 1990 por su obra primera “Juegos de la edad tardía”, asistió a la tertulia fontanarejeña “La Migas” en Madrid. Charlar con uno de los más grandes narradores de la Literatura Española contemporánea es un verdadero placer, un lujo; pero, si además, la conversación fluye después de comer una sartén de migas y al rescoldo de dar cuerda al recuerdo de nuestros orígenes rurales, el momento se convierte en sublime. Y así pasó, pues Luis, nacido en Alburquerque (Badajoz) en una familia campesina que emigró a Madrid en los años sesenta, mantiene muy nítidas esas vivencias que plasma magistralmente, en una narración muy emotiva, en su último libro “El balcón en invierno”. La obra ha sido galardonada con el premio “Libro del Año” por el gremio de libreros de Madrid.

Acompañaba a Luis Landero su amigo de toda la vida el doctor Juan Pedro Vázquez de la Cámara, médico rural en Castilla y León, viajero empedernido y ciudadano solidario. El encuentro gastronómico tuvo lugar en el restaurante “Casa Jacinto”, que regentan nuestra paisana Toni y su esposo Jacinto. Señalar que, nada más sentarnos, y tras colocar la sartén en la mesa, Luís recordó con nostalgia “las exquisitas migas que preparaba mi madre, muy similares a estas”.

Toni, que recibió un aplauso a modo de felicitación de todos los comensales por su maestría culinaria, nos preparó unas migas con abundantes tropezones: pimientos verdes y “chorruznos”, panceta (“mesao” que llamamos en nuestro pueblo), chorizo, boquerones, torreznos, morcilla, uvas, arrope y para rematar…leche fresca para “regar” unas deliciosas migas y convertirlas en “canas”.

Tras la degustación de tan contundente y típico plato llegó el momento de una enriquecedora tertulia en la que escuchamos a Luis Landero por un lado, hablar de su esmerado e intenso trabajo literario; y, por otro, contar numerosas anécdotas y momentos de su niñez en Alburquerque y de su adolescencia en el barrio madrileño de Prosperidad. Recuerdos entrañables de su abuela Francisca, que aparece en la portada de su última novela fotografiada con él; de su primo Paco, de sus padres, de su tío Ignacio y, en definitiva, de un mundo rural y campesino que todos los tertuliamos conocemos bien. De ahí lo emotivo de la tertulia en la que echamos la vista atrás para rememorar aquél ritual del reparto de la leche en polvo que nos ofrecían en la escuela, y que Luís la recuerda como “de muy buen sabor”; pasando por el trozo de “pan con lo que sea” que nos daban nuestras madres de “merendilla” en Fontanarejo. La palabra bocadillo no la conocíamos entonces y, posteriormente, nos sonó bastante rara.

En otro momento hablamos de que, muchos de nosotros, habíamos tenido la suerte de conocer a paisanos que “pesaban a ojo” el ganado y se equivocaban poco en el cálculo. Luis contó que su madre, fallecida el pasado año, había ganado no hace mucho tiempo un premio, una placa,  “que ella conservaba con orgullo y esmero, tras calcular con bastante precisión el peso de un cerdo en una tradicional matanza celebrada en Aranda de Duero”.  En ese contexto de costumbrismo rural hablamos también del simbólico y respetado apretón de manos con el que se cerraban los tratos antaño y del tradicional alboroque, que la Real Academia Española (RAE)  define como “agasajo que hacen el comprador, el vendedor o ambos, a quienes intervienen en una venta”.

Aprovechamos, por otro lado, para que Luis Landero nos dedicara algunos de sus libros. Y mientras el escritor, bolígrafo en ristre, plasmaba sentidos mensajes (algunos con su dibujo incluido que ilustra la portada de “Juegos de la edad tardía”), el doctor Vázquez nos contó algunos de sus viajes solidarios a África, donde suele acudir cada año en rutas humanitarias y de ayuda a gentes necesitadas.

Casi al final de la extraordinaria y animada sobremesa, de la que nos levantamos casi a las seis de la tarde, sacamos a relucir nuestras peculiares “Luminarias”, una tradición muy querida que mantenemos viva los de Fontanarejo. Luís vio con atención  un “ramillete” de fotos que recogen el gran sahumerio que protagonizamos los fontanarejeños cada 30 de abril al atardecer. Un momento que Juan Pedro Vázquez tuvo la oportunidad de disfrutar hace unos años cuando estuvo en nuestro pueblo y recuerda con intensidad las lumbres de romero ardiendo todas al unísono.

Luis Landero firmó en el libro de invitados de la tertulia “Las Migas”, donde nos dejó plasmado, de puño y letra, este verso: Bien se está en Casa Jacinto con migas y con amigos, los torreznos son testigos, de notario, el vino tinto. En mi pueblo nací ayer, y hoy, que ya voy para viejo, renazco en Fontanarejo”.

Entregamos a Luis y a Juan Pedro un pergamino con la historia de nuestro pueblo y el pañuelo verde simbólico de las ancestrales “Luminarias”, que llevaron atado al cuello en la despedida de un encuentro muy gratificante.

Ya anochecido, algunos contertulios fuimos dando un paseo hasta la céntrica Puerta del Sol, que muestra ya adornos navideños, y nos hicimos una foto para el recuerdo de una jornada en la que compartimos mesa, mantel, migas y charla con el autor de obras que ya forman parte del mejor catálogo de la narrativa española: “Juegos de la edad tardía”, “Caballeros de Fortuna”, “El mágico aprendiz”, “Entre líneas: el cuento de la vida”, “El guitarrista”, “Hoy, Júpiter”, “Retrato de un hombre inmaduro”, “Absolución” y “El balcón en invierno”.

Por cierto, Luis Landero, nos reveló que ya tiene terminada su nueva novela que seguramente verá la luz en la próxima primavera. ¡Enhorabuena, Luis!.

Justo Muñoz

Tertulia con Luis Landero
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